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El puntalAntonio Jiménez

El legado de un cínico y desvergonzado expresidente

Está en el punto de mira de la Justicia por sus lucrativos «bussines»económicos, presuntamente delictivos, y se presenta en TVE exhibiendo cierto punto de soberbia, muy propio de quien se cree todavía inmune en razón del cargo desempeñado, nada menos que el de presidente del Gobierno

Que Zapatero sea referente moral y político del sanchismo todavía, dice bastante de los escasos niveles éticos y de honestidad por los que se conduce la izquierda en general y el PSOE en particular. Sánchez y sus ministros no defienden la inocencia de Zapatero por convicción sino por pura necesidad y supervivencia política.

Los hechos que se le imputan al expresidente comprometen y señalan a Sánchez y a su gobierno como colaboradores necesarios de los presuntos delitos perpetrados por aquel al frente de una organización dedicada al tráfico de influencias y al cobro de comisiones o mordidas que sin el favor de la Moncloa no habría sido posible en el caso del rescate de Plus Ultra.

Apelar, como vienen haciendo en el PSOE e hizo en el Senado su presidenta Cristina Narbona al «gran legado de Zapatero» para justificar esa defensa y no admitir que su horizonte penal es cada día más inquietante, no deja de ser una excusa retórica que se contradice con la realidad que denuncia el procedimiento que se investiga y cuyos delitos delatan la impostura con la que se ha conducido el ex presidente al mostrarse ante los suyos «como ejemplo del socialista que tiene muy poco y que está dispuesto a dar mucho». Es evidente que las mordidas y las joyas no entraban en la supuesta ejemplaridad y virtud proclamadas por el muy desvergonzado.

Sánchez necesita que Zapatero siga siendo ese cortafuegos que impida que las llamas de la corrupción que le cercan familiar y políticamente, no terminen devorándole a él si se demuestra, en ello está Calama, que el rescate de Plus Ultra gestionado bajo la influencia del expresidente no habría sido posible sin el ascendente político que ejerce sobre la Moncloa y el PSOE. El recurso de invocar su legado como pretexto para tapar la causa que le lleva «caminito de Jerez» no sólo es cuestionable sino insultante para muchos ciudadanos. Zapatero fue tóxico, nocivo, para la convivencia entre españoles y extremadamente pernicioso para la economía de España al dejar un país dividido y enfrentado con leyes profundamente ideológicas, como la de Memoria Histórica, y en la ruina económica con más de cinco millones de parados y al borde del rescate.

Mitificar su legado como hace el Gobierno y el PSOE, atenta e insulta la inteligencia de una inmensa mayoría que vio germinar las semillas del mal que sembró, por ejemplo, con su condescendencia y permisividad hacia un Estatut, devuelto a los corrales por aquel Tribunal Constitucional, honesto y distinto al actual de Conde Pumpido, y que tuvo como consecuencia el posterior desafío al Estado con el referéndum ilegal y la proclamación de la independencia de Cataluña por Puigdemont.

Baste recordar también que tras presumir de «brotes verdes», en un alarde de irresponsabilidad que le llevó a jactarse de haber superado el PIB de Italia y de liderar la Champions League de las economías europeas, tuvo que congelar las pensiones y rebajar el sueldo de los funcionarios. Ése fue el resultado de su mala gestión económica y el alcance de una herencia nefasta que legó cinco millones de parados al Gobierno de Rajoy. Un desastre estructural y sistémico para las arcas públicas y la economía española y una hipoteca social que no llegó a más e irreversible porque los mercados, los países europeos y Obama le llamaron a capítulo y obligaron a hacer esos ajustes y recortes ante el riesgo evidente de que el colapso de la economía de España, dado su tamaño, se llevaba por delante a la del resto de Europa y de buena parte del mundo ante la imposibilidad de afrontar ya su rescate financiero.

Ése fue el «gran legado» que nos avergüenza y del que presume la presidenta socialista Narbona en referencia a alguna «conquista social como el matrimonio homosexual», mientras oculta todo aquello que puso en riesgo la convivencia democrática y los ahorros de millones de españoles a los que habría transportado de nuevo,el muy insensato, a los tiempos de la autarquía.

Ésa es la herencia dejada por quien ahora está en el punto de mira de la Justicia por sus lucrativos bussines económicos, presuntamente delictivos, y se presenta en TVE exhibiendo cierto punto de soberbia, muy propio de quien se cree todavía inmune en razón del cargo desempeñado, nada menos que el de presidente del Gobierno, y por tanto en la creencia de que está exento de rendir cuentas ante la Justicia. Zapatero sigue sin asumir que se cuestione su integridad moral y que esté imputado, a pesar de los acreditados indicios penales que el juez le señala. Sin embargo se comporta como cualquier otro investigado, como hizo en TVE, al ejercer su legítimo derecho a no decir la verdad, mentir y responder con evasivas y alguna fabulación de difícil digestión pero que en su caso resulta inadmisible por su condición de expresidente a quien se le suponían unos estándares exigibles de integridad y honestidad.

Y Zapatero no es que nos esté tomando el pelo, sino que se ha quedado ya con todo nuestro tupé a propósito de su falta de explicaciones sobre la procedencia de las joyas, 37 días después de ser descubiertas por la policía en la caja fuerte de su despacho, y seguir sin responder quién se las dio y a cambio de qué. El llamado tesoro de «Zapatekamon» de diamantes, zafiros, rubíes, esmeraldas y oro blanco, será sometido a una nueva peritación solicitada por la Fiscalía y es muy probable que la tasación supere de largo los dos millones y medio de euros porque no se tendrá sólo en cuenta, como certificó Ansorena en la primera estimación , su valor de reposición sino su precio actual en cualquiera de esas joyerías a las que «nunca entró», según dijo, después de manifestar que «ahora, esas joyas le producen una profunda alergia y que las tenía ahí, sin más, y sin uso, ni destino» .

Vamos que las joyas pasaron por su lado de forma enigmática, inexplicable, y él se aplicó la consigna irónica que el gran Alfredo Di Stéfano repetía cada vez que recogía un premio : «No me lo merezco, pero lo trinco».

Y eso hizo ZP, trincar el joyerío sin que entonces le causara alipori o alergia, incumplir su propio código ético si es que fue un regalo que no entregó a Patrimonio, cosa que dudo porque más bien parece un pago en especie, y defraudar a Hacienda al no declararlo en el IRPF por aquello de que el muy cínico y desvergonzado lo tenía a buen recaudo pero, eso sí, «sin ningún afán patrimonial». Como el que guarda la cruz y la medalla de su primera comunión. Con un par.

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