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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Temblad Ayuso y Almeida, llegan Ione y Pablo

Además, eso de la democracia solo figura en los textos decimonónicos que enseña Iglesias a sus alumnos de Políticas de la Complutense. La democracia es un vicio neoliberal que también hay que erradicar. Y la interna, más

Estábamos esperándolo. Era solo cuestión de tiempo y de que la suerte nos acompañara. Soy poco de alimentar la superstición y mucho de aplicar la razón. Pero las dos iban de la mano en este advenimiento, felizmente consumado. Ahora que el equipo de opinión sincronizada llama «régimen» a Madrid porque –según les han dicho en Moncloa que digan– al llevar el PP gobernando ininterrumpidamente más de 30 años, ya ha escalado su mandato a categoría fascistoide, era necesario que los votantes del foro tuvieran una alternativa, un tique ganador para acabar con el trumpismo en la capital. Se nos hacía poco la pareja socialista Óscar López y Reyes Maroto –a nosotros y al PSOE que ya no sabe dónde meterse ante lo que le espera– por eso era el momento de dos triunfadores natos como Ione Belarra y Pablo Fernández, los salvíficos candidatos de Podemos.

Estaban Pablo e Irene una tarde de la insufrible canícula madrileña –también culpa de negacionistas de la emergencia climática como Donald e Isabel–, en la piscina de Galapagar chapuzón va, chapuzón viene, cuando se les encendió la bombilla. ¿Cómo podemos detener a los escuadrones fascistas madrileños, formados fundamentalmente por autónomos que no llegan a fin de mes espoleados por la justicia fiscal redistributiva de Pedro? Pues ya está. En la pyme familiar Iglesias-Montero ya solo hay dos empleados a tiempo completo, que han ligado sus nóminas a comerse los marrones que estimen sus señoritos. Y al grito que ha acuñado Irene, la candidata a Moncloa, de «paz, casa, trabajo» (más exacto hubiera sido «paz, Galapagar, y paga pública»), han elegido a su secretaria general para disputar a Ayuso la Puerta del Sol y a su secretario de Organización para quitarle el despacho a Almeida en el Palacio de Cibeles. La formación morada es extraparlamentaria en las dos instituciones, porque no pudo romper la frontera del 5% hace cuatro años para entrar en Comunidad y Ayuntamiento. Pero eso se va a acabar en mayo próximo. Ione, el último clavo ardiendo podemita, tendrá que mejorar los resultados de su jefe Iglesias, que vino a librarnos del facherío y terminó montando una taberna y ni siquiera recogió el acta de diputado autonómico. Y Fernández habrá de mejorar el registro del atleta Roberto Sotomayor, el excandidato de Podemos que quería volar el Arco del Triunfo de Moncloa.

Imaginen por un momento a Ione sentada en el despacho junto al balcón donde se proclamó la Segunda República. Allí, en el Kilómetro Cero, estaría nuestra líder dictando decretos al servicio de los delirios comunistas del politburó de Galapagar. Ella llamaría a «reventar a la derecha», ordenaría el aislamiento internacional de Estados Unidos y el encarcelamiento de Trump y, lo que es más necesario, proclamaría, como ya ha hecho, que España «es latina, negra y mestiza desde hace mucho tiempo». A ver qué hacemos las rubias. Y el caso es que no se lo tomaría en cuenta a Ione porque sé que lo dice por Yolanda Díaz, a la que tiene gato.

Luego está Fernández, con una densidad capilar inversamente proporcional a su solvencia política. Este señor, devenido en tertuliano, trabajó de quiosquero y no se ha comido una rosca en su tierra, Castilla y León, donde a todo el que se mueve lo tacha de «racista y machista», así, a bulto. Ahora bien, me ha parecido un tanto cruel que Almeida haya aventurado que este Pablo «tiene más futuro como tabernero con Iglesias que como concejal». No hacía falta meter así el dedo en el ojo, alcalde. Sobre todo, porque bastante tiene Fernández con confrontar con Rita Maestre, la candidata de Más Madrid, que es su verdadera amenaza y que le da mil vueltas como aspirante a alcaldesa. Ya le adivino publicando un bando para prohibir a los madrileños gritar «Viva España» porque al potencial alcalde la sonoridad de esa frase –ya nos ha confesado– le evoca el lema franquista «Arriba España». Luego llegarían bandos para animarnos a comer tofu, para incluir a los caniches en nuestro libro de familia y para acabar las procesiones en la capital. Un filón tendríamos con este alcalde.

Ambos tienen que someterse a las primarias entre el 5 y el 11 de octubre. Pero créanme, no peligran porque no hay nadie que quiera encabezar tamaña candidatura. Y, además, eso de la democracia solo figura en los textos decimonónicos que enseña Iglesias a sus alumnos de Políticas de la Complutense. La democracia es un vicio neoliberal que también hay que erradicar. Y la interna, más. Ahora los madrileños tenemos la última palabra. En sus cuadernos virtuosos ya lo escribió Josep Pla en atención al utopismo y los moralistas de la política: «Cuando das el poder a los virtuosos, todo el mundo se muere de hambre».

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