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en el recuerdoAlfonso Ussía

Arriba y abajo

Y lo mismo que pasa con la mezquita, que ya se ha solucionado, sucede en los comedores de Cáritas, que han sido denunciados por un grupo de mujeres musulmanas por la frecuencia excesiva de macarrones. Ellas quieren comer gratis, pero los macarrones no terminan de ser de su gusto

Así se llama una fabulosa serie de televisión inglesa que ha triunfado en todo el mundo. Los ingleses estudian y analizan los ambientes hasta la exageración, y sus intérpretes jamás sobreactúan. Los realizadores españoles, muchos de ellos grandes horteras, tienen ideas fijas en lo que respecta a la nobleza o aristocracia. Cuando la escena se desarrolla en la casa de un supuesto marqués, siempre aparece una armadura. Creo que conozco los hogares, en la ciudad o en el campo, de centenares de marqueses, y jamás me he topado en ninguna de ellas con una armadura. El mismo Luis García Berlanga, en su divertidísima Escopeta Nacional, demostró que no había estado jamás en una cacería de perdices. Le salvó la estética y el guion Luis Escobar, que no era un actor que hacía de marqués, sino un marqués de verdad con un talento natural extraordinario. Arriba y Abajo, como la película Lo que Queda del Día, con Anthony Hopckins de protagonista, son consecuencias del profundo estudio y análisis de la realización británica. En España, al marqués, le colocan un «foulard» en el cuello. No he conocido a ninguno que lo lleve.

Una conocida discoteca de Barcelona, que estuvo de moda bastantes años, se llamaba como la película Up & Down. Allí presentó ABC su edición especial de Cataluña, con Tomás Cuesta de director. Fuimos muchos desde Madrid, y no se sabe –ni se supo– con qué intención Luis María Anson metió un caballo blanco en la discoteca. Se trató de un detalle surrealista muy celebrado.

Ahora, el Up & Down a la española se puede disfrutar en la Terminal-4 del aeropuerto de Barajas, la que intentaron derrumbar con unas bombas –y dos fallecidos en el intento–, los actuales socios de Sánchez para mantenerlo en la Moncloa. Como somos muy generosos, en la T-4 de Madrid hay dos espacios para la oración y el recogimiento. Uno de ellos, por respeto a la religión y la creencia mayoritaria en España, la musulmana, es una pequeña mezquita. El otro, para contentar a los creyentes de la fe minoritaria, la religión católica, una sencilla capilla presidida por una Cruz. La primera se orienta a la Meca y la segunda ha sido trasladada al primer sótano. La primera se mantiene en su lugar en el espacio principal de la terminal, y la segunda ha sido objeto de traslado por decisión del que fuera Ministerio de Ábalos, que me da pereza consultar la identidad de la nueva titular.

De tal modo que los pocos viajeros católicos que desean rezar con anterioridad a embarcar en el avión se verán obligados a descender dos plantas para hacerlo, en tanto que los millones de fieles de Alá, ya sean moderados, islamistas, yihadistas o talibanes, no tendrán que molestarse para orar con plenas comodidades en la planta principal. Y es lógico. España no ha sido jamás cristiana, como creemos algunos ignorantes. Y la comodidad tiene que reservarse a los practicantes de la fe mayoritaria, la musulmana. Y lo mismo que pasa con la mezquita, que ya se ha solucionado, sucede en los comedores de Cáritas, que han sido denunciados por un grupo de mujeres musulmanas por la frecuencia excesiva de macarrones. Ellas quieren comer gratis, pero los macarrones no terminan de ser de su gusto, y en Cáritas ya pueden ir poniéndose las pilas, porque contra la mayoría no hay nada que hacer.

Al menos, todavía nos permiten conservar nuestras vidas, detalle muy de agradecer.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 28 de octubre de 2021
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