28 de junio de 2022

Cartas al director

Explicaciones de Don Juan Carlos, un suponer

Si yo fuese el Rey Don Juan Carlos I, mis explicaciones y mi solicitud de perdón por los errores cometidos serían, mutatis mutandis, tal que así:
Buenos días, ante las reiteradas peticiones del Gobierno para que no pierda la oportunidad de dar explicaciones y pedir perdón, procedo, empezando por la solicitud de perdón.
Para el perdón que se me exige desde el Gobierno, me apoyo en el mensaje póstumo de la persona que me cedió todos los poderes de su régimen dictatorial, a los que renuncié en búsqueda de la reconciliación definitiva entre todos los españoles, tras nuestra salvaje Guerra Civil. En consecuencia, pido perdón a todos como de todo corazón perdono a los que me tienen como su enemigo, sin que yo los tenga en tal consideración.
En cuanto a los bienes recibidos durante mi reinado, recibí regalos de países árabes, con cuyos jeques el Rey de España mantiene, histórica y recíprocamente, relaciones entrañables de profundísima hermandad. Es conocido que dichas relaciones van más allá de lo personal y se extienden, en consideración al Rey de España, a importantes inversiones del mundo árabe en beneficio de la sociedad española, a la que tanto admiro y quiero. Creo que los expresidentes del Gobierno que, durante los años de mi reinado, me dieron su incondicional refrendo y lealtad, podrían dar detalles de dichas inversiones. Todos ellos, con sus sucesivos ministros, participaron en la legítima ejecución de una actividad diplomática y económica que, al menos en aquella época, era aceptada con normalidad.
En cuanto a las acusaciones de la Sra. Corinna, el asunto se ventila ante la Justicia del Reino Unido, por lo que nada tengo que decir.
Por último, conforme a la Constitución española de 1978 (artículo 57), ocupo el tercer lugar en el orden sucesorio a la Corona, motivo por el cual debería ser tratado con la dignidad que dicho hecho sucesorio conlleva; ello aparte de la prohibición que se nos impone a todos, consistente en no tratar a las personas de una forma inhumana y degradante, tal y como también dispone, en su artículo 15, la Constitución, que tuve el honor de sancionar hace medio siglo.

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