Cartas al director
La fiebre del préstamo burrito
En las dos últimas crisis, el factor desestabilizador ha sido la deuda. El apalancamiento de la sociedad y unos prestamistas demasiado ambiciosos son una mezcla incendiaria. En 2007, la chispa la provocó la oleada de impagos hipotecarios. Hoy, viendo la situación crediticia del ciudadano promedio, podríamos estar ante una mecha esperando ser prendida. Sin embargo, esta adicción al crédito fácil tiene una repercusión más psicológica que económica.
La sociedad ha presenciado el auge de los buy now pay later (BNPL), pequeñas financiadoras poco reguladas que ofrecen préstamos al consumo para todo tipo de bienes, desde vuelos hasta ropa. El micro endeudamiento ha alcanzado tal nivel que en Estados Unidos se popularizó el término burrito loan: préstamos para fraccionar incluso el pago de un burrito de Taco Bell. Este fenómeno tan ranchero y envuelto en una fajita refleja una fobia al ahorro y una dependencia creciente del crédito inmediato.
El crédito al consumo siempre ha existido, es normal financiar un coche. Pero hay una gran diferencia entre un préstamo de 30.000 euros y numerosos microcréditos de menos de 100. En estos últimos, los requisitos son mínimos y el consumidor es impulsivo.
El verdadero problema es el efecto psicológico del microcrédito. ¿Debe permitirse al consumidor endeudarse sin límites en aras de la libertad económica? ¿Habría que aumentar la regulación ante la irresponsabilidad financiera? ¿Somos una generación crédito-dependientes con poder ahorrativo nulo?
Algunos acusan a los prestamistas de aprovecharse de los consumidores con préstamos abusivos aparentemente inofensivos. Sin embargo, las BNPL suelen ofrecer un 0% de interés, obteniendo sus beneficios de las comisiones que cobran a los comercios. Además, mediante la titulización, se libran del riesgo de crédito. En realidad, han sabido explotar un nicho de mercado en la falta de educación financiera.
Surgen entonces dos cuestiones: ¿es ético ofrecer microcréditos como si estuviéramos en la cabalgata para luego empaquetarlos y venderlos a grandes bancos? ¿Qué ocurrirá si una oleada de impagos sacude esos bonos? Estas son preguntas para economistas y filósofos. Mientras tanto, disfruten de su burrito… por tres euros al mes.