Cartas al director
El ayer y el hoy de la información
Lo inmediato, cercano y caduco frente a lo lejano, perenne y divagante; las asépticas informaciones observando con fruición a las diletantes opiniones: ¡qué tiempos aquellos en que las noticias ya antes de salir de sus entrañas periodísticas eran viejas!; ¡qué tiempos éstos en que las 'noticias' y sus ecos van casi por delante de los hechos que las hilvanan!
Son tiempos vertiginosos, momentos participados también por España y su Periodismo, un oficio que lejos de extinguirse, cada día late con más fuerza en la nube digital, pero asimismo impregnado de desenfrenados avisperos pseudoperiodísticos en variopintas redes sociales. Nada que ver este frenesí de la información con aquellos años en que se decía que leído un periódico, leídos todos. Hoy la vorágine que casi todo lo impregna –en demasía 'patibularia'–, se adelanta con la 'noticia' o el comentario al hecho, y el ruido y sonsonetes que generan desnuda la veta primigenia del caudal informativo.
Mas para no perder viejas prácticas, de las actuales podría decirse que leída, vista o escuchada una información de la mitad de un sector periodístico, menester es no hacer lo propio del otro, porque más de uno –perplejo–, se preguntaría si se está informando sobre el mismo hecho o sobre las peras del olmo. A este ritmo, la fuente básica del Periodismo, los hechos, desaparecen, y la publicidad y el relato político interesado los sustituyen anticipándose y desvirtuándolos de tal manera que casi no queda otro remedio que recurrir a la opinión, ya que ciñéndose a la mera información o bien 'se lee entre líneas' –como en los últimos años del franquismo hicieron algunos para estar bien informados–, o se arriesga uno a salir con un soberano dolor de cabeza porque lo que para unos es +1, para otros es -1. Una actitud muy propicia al calor de la proliferación de caudillajes con soporte económico y militar o de otros más ilusos con cimientos rociados de efluvios progresistas.