Cartas al director
No hay puntada sin hilo
No nos quepa duda de que hay propósitos ocultos tras las razones oficiales, por más que el gobierno lo niegue. Que la regularización anunciada abarque medio millón de personas que ya están en España, no tiene porqué ser un problema en sí mismo. Si ya viven y se sostienen aquí, lo suyo no es que lo hagan en condiciones infrahumanas y se le reconozcan unos derechos como al resto. La clave está en que la propia regularización supondrá un aumento de la entrada de personas, tanto por reagrupación familiar, persecución política, como el propio efecto llamada que siempre va a existir, y aspectos como la vivienda, la sanidad, los servicios públicos de la Administración, la seguridad, y por supuesto el empleo, por citar los más inmediatos, se van a resentir inexorablemente. Claro que, en un plazo suficiente y solventados los problemas de acoplamiento en la sociedad señalados, sencillamente se trataría de que la población española experimentaría un incremento de personas de origen extranjero que, más a medio plazo, alcanzarían o podrían alcanzar la nacionalidad. Pero claro, en segunda derivada estaría que muchos de ellos ya serían votantes de las municipales y al cabo de más tiempo, de las autonómicas y generales, lo que ya no es una cuestión baladí para un gobierno que pierde apoyos por días y elecciones tras elecciones y no dejará de recordar quién les facilitó la entrada y el arraigo cuando llegue el momento.
Además, por si fuera poco, el problema del incremento súbito de los que vendrían tras la regularización, lo tendrían mayormente las comunidades autónomas y los ayuntamientos, que tendrían que prestar la cobertura social, claro está –con la salvedad de Cataluña que ya podría dar el portazo y poner el cartel de «completo»– merced a la anunciada transferencia en materia de inmigración. En resumen, jugada perfecta: creamos un semillero de futuros votantes que tendrán que regar y sostener las administraciones mayoritariamente de centro derecha, para que al cabo de un tiempo, el sanchismo o sus herederos, invoquen el mérito de haberlos acogido, además, de forma espuria y no con el consenso y la regulación que debe exigirse a una medida de tamaño calado, porque así se pone de manifiesto con más nitidez el «mérito» buscado. Esto está más que cosido y madurado, las casualidades no existen, no hay puntada sin hilo.