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Cartas al director

Huelga médica, una cuestión de Estado

El comienzo de esta semana ha marcado el final de la huelga que los profesionales médicos han iniciado y que, según han advertido, retomarán cada mes durante una semana como antesala a un paro de mayor envergadura en caso de que la ministra del ramo, Mónica García, tenga el arrojo de sentarse a negociar con quienes cada día se fajan para sacar la sanidad en España adelante en unas condiciones, cuanto menos, precarias. Y es que, a pesar del valor que estos profesionales tienen en nuestra estructura social –y no pocas veces, no infravalorado, sino directamente invisibilizado–, no se traduce ello en unas circunstancias que faciliten su trabajo y, consecuentemente, redunde en la calidad del servicio que prestan.

La demanda es clara: un estatuto marco que, por un lado, humanice al profesional para desterrar así su concepción como un esclavo del sistema y, por otro lado, unas condiciones profesionales que ese régimen que linda con la esclavitud como decía, permita que el médico pueda disminuir su carga de trabajo y jornadas laborales para que proporcionalmente haya un incremento de la calidad en la atención que cada profesional presta, desde cardiología hasta oncología, pasando por ginecología y obstetricia o pediatría.

Se trata, en fin, de una cuestión de Estado porque literalmente nos va la vida en ello: la calidad de la Sanidad resulta proporcional a las condiciones en las que esta tarea capital para cada uno de nosotros es acometida por los profesionales, de ahí que sea una obligación inexcusable suprimir cualquier demarcación que implique una abstracción de este asunto como algo exclusivo de ellos, de los médicos, cuando resulta un asunto de todos sin excepción alguna.

Raúl Calleja Fuentes

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