Cartas al director
El alma invisible
La Semana Santa no sería lo que es sin el alma invisible que la sostiene. Más allá de los pasos que recorren las calles y del incienso que perfuma el ambiente, existe un latido humano que dota de sentido cada instante, sirva este montón de palabras como sentido homenaje y profundo agradecimiento a todas esas personas que, con dedicación silenciosa y pasión sincera, hacen posible esta tradición tan profundamente arraigada. Están quienes visten las imágenes, manos expertas que, con máximo respeto y absoluta sensibilidad, transforman la madera en emoción viva. Artistas artífices de una estética que conmueve, sin necesidad de palabras. Los cofrades, pilares de cada hermandad, personas que, generación tras generación, hay cofradías en las que procesionan matrimonios con todos sus hijos, abuelos, hijos y nietos, que mantienen viva la esencia de esta santa semana. Caminan con fe, de la mano de la responsabilidad, cuidando cada gesto, cada mirada, cada movimiento. Y los músicos, que ponen banda sonora a esta cita con la fe. Sus notas acompañan, elevan, envuelven y estremecen.
Cada marcha es un suspiro colectivo, una memoria compartida que conecta presente con pasado. El perfecto hilo conductor de tradición y religión, cultura y devoción. También están quienes cosen túnicas, encienden velas, los que coordinan en la sombra, los que esperan en silencio. La Semana Santa es una obra coral donde cada papel, por pequeño que parezca, se convierte en imprescindible. A todos ellos, gracias. Sin vuestro esfuerzo, vuestra entrega y vuestra generosidad, la Semana Santa no sería más que una idea. Vosotros la hacéis realidad.