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Cartas al director

El suicidio, una herida abierta

La noticia de que más del 40 por ciento de las llamadas canalizadas por la línea de atención (024) a la conducta suicida reflejan un riesgo medio alto debería sonar como una alarma para toda la sociedad. Detrás de cada llamada hay una persona que siente que no puede seguir, un dolor que se considera invisible o insoportable.

En España, el suicidio se ha consolidado como una de las principales causas de muerte evitable. Entre 2018 y 2022 el número de suicidios subió aproximadamente un 20  por ciento, y en 2024 se registraron casi 4.000 fallecimientos por esta causa, con una tasa cercana a 8 por cada 100.000 habitantes. Aunque en los últimos años se observa una ligera bajada, las cifras siguen siendo muy altas.

Los datos muestran que los hombres concentran alrededor de tres cuartas partes de los casos y que las mayores tasas se dan entre los jóvenes y, sobre todo, entre las personas mayores de 85 años, donde el peso de la soledad, la enfermedad y la pérdida de sentido de vida resulta especialmente devastador.

Ante esta realidad, recursos como la línea de atención a la conducta suicida son imprescindibles, pero no bastan. El propio Gobierno ha creado recientemente el Observatorio del suicidio, lo que evidencia la preocupación por esta lacra humana. Aun así, es necesaria más presencia de psicólogos en la atención primaria, más programas de prevención en colegios y mayor sensibilidad social ante cualquier señal de alarma: «Prevenir es curar».

El suicidio no es un capricho, sino el extremo de una angustia que no ha encontrado escucha ni compañía. La vida humana merece, al menos, que se esté atento a quien avisa de que la suya se está apagando.

Pedro Marín Usón

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