Cartas al director
Migración sin código ni control
La migración existe en el mundo desde la noche de los tiempos. Hace más de 3.700 años, Hammurabi, rey de Babilonia, instaló en las plazas del reino su famoso código, esculpido en piedra, para que sus habitantes, y los extranjeros que llegaban a sus ciudades, conociesen las leyes por las que todos habrían de regirse y las consecuencias de su incumplimiento.
Sólo una migración ordenada puede ser acertada, beneficiando al que llega y al que recibe.
Tan contraproducente es la actitud de quienes la rechazan por intransigencia o racismo, como la de los buenistas, que la aceptan de forma indiscriminada y sienten así tranquilizar su conciencia, aunque sin motivo. Sirven de coartada a quienes carecen de ella, y se aprovechan de su tontuna para beneficio propio.
Es lógica la oposición frontal a toda inmigración ilegal e incondicional.
Absurdo es subvencionar a los llegados, mantener el subsidio a quienes rechazan trabajar, y obligar a marcharse al extranjero a miles de jóvenes cualificados para ejercer, sin haber compensado siquiera el coste de su formación a costa del contribuyente español.
Irracional es alegrarse porque el inmigrante genera el aumento de la natalidad, mientras los españoles reducen drásticamente su relevo generacional.
De locos e inhumano, poner tantas trabas a la adopción, mientras se promociona una autopista libre de peaje para la destrucción de cien mil embriones al año.
Grotesco, obligarnos a renunciar a tradiciones propias, como celebrar la Navidad, para no molestar a los musulmanes, por ejemplo.
Mis abuelos fueron emigrantes. Como a todos los de su tiempo, les pidieron certificado de penales y de vacunación, con las vacunas obligatorias de la época, así como justificar que el motivo de su desplazamiento era trabajar.
El Gobierno de España ha decidido regularizar masivamente a todos los que han llegado. ¿Es eso defender el interés general, o es promover otros particulares que se pretenden ocultar?
Cosa distinta es la ayuda humanitaria. Busca ayudar al necesitado en el país de origen, en lugar de arrancarlo de su hogar.
Una migración sin control será siempre una bomba con espoleta retardada.