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Un mundo felizJaume Vives

Un ejército que hará temblar al mundo

El catecumenado de adultos no es una moda, requiere una preparación de uno o dos años que se intensifica en época cuaresmal hasta llegar a la vigilia pascual

El otro día asistimos en una ciudad de provincias a la Vigilia Pascual,ddonde se bautizaron cuatro adultos: uno de ellos de unos veinte años, otro de algo más de treinta y un matrimonio cuarentón con un hijo y otro en camino. En el momento del sacramento recuerdo haber llorado y no entender por qué, pues los bautizos nunca me han emocionado especialmente.

No me cabe duda de la importancia vital de pasar de criatura a hijo de Dios, por eso siempre hemos intentado bautizar a nuestros hijos lo antes posible, pero yo no elijo las cosas que me emocionan. En las bodas algunas veces corren las lágrimas, en los bautizos nunca.

Pero ese día fue diferente y con el tiempo creo haber entendido el porqué. Los que entraban a formar parte de la Iglesia eran adultos. Paganos que habían vivido hasta el presente como tales, saboreando las golosinas con las que el mundo obsequia a quienes están dispuestos a entregarle su alma.

Cuatro adultos seguramente provenientes de familias paganas, trabajando en un ambiente laboral pagano, rodeados de amigos que a duras penas sabrían explicar quién es Jesucristo. Cuatro adultos hijos de un mundo poscristiano, donde, más que el desprecio a la religión, lo que vive es la ignorancia y la indiferencia hacia la verdad revelada.

Un mundo en el que todos viven como si Dios no existiera. Pero en el que de pronto se cuela alguien; quizá un compañero de trabajo, un familiar lejano, un vídeo de YouTube… alguien que sin miedo (o seguramente con él) a quedar como el raro, decide darles una palabra de verdad y hablarles del Señor. Es así como suele transmitirse la fe.

Y esa palabra, muy incómoda para quien la pronuncia y muy extraña para quien la recibe, abrió la puerta de esos corazones para que entrara la gracia de Dios. Y esa es la razón por la que fue tan emocionante ese momento, porque se hizo evidente a todos los que estábamos allí de qué manera Dios actúa, a pesar de todo y de todos, a pesar de cómo esté el mundo o la Iglesia. Actúa hasta el punto de conseguir que un corazón de piedra se transforme en un corazón de carne.

Hasta el punto de conseguir que alguien que vivía como todo el mundo vive decida romper con todo para comenzar una nueva vida, sabiendo que no lo van a comprender, en el mejor de los casos, eso si no se ríen de él.

Por eso es tan emocionante, porque los catecúmenos son auténticos soldados, soldados de Jesucristo que aceptan la humillación en su entorno por amor a Él. Plenamente conscientes, haciendo uso de todas sus facultades. El catecumenado de adultos no es una moda, requiere una preparación de uno o dos años que se intensifica en época cuaresmal hasta llegar a la Vigilia Pascual.

Y por eso es tan esperanzador estar frente a un catecúmeno como también saber que en Francia han sido miles los adultos que se han convertido en hijos de Dios este año. Un ejército de sacerdotes profetas y reyes –todos lo somos por el bautismo–, que han roto con el mundo para volver a él y hacerlo temblar. Un ejército que, con el fuego del espíritu que han recibido, se convertirá en ese alguien del trabajo, de la familia, del grupo de amigos… que dará una palabra al prójimo por la que se colará nuevamente el amor de Dios, y el ejército seguirá creciendo.

Un ejército imparable que mientras se prepara para la segunda venida hará que el mundo tiemble desde sus cimientos porque su sí será un sí y su no será un no.

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