Cabestros y cabestrillos
¡Gracias, Sarah, por devolvernos la ilusión! Aunque no lo creas, la mayoría celebra que tu brazo esté incólume. De no ser así nadie estaría contento ni lo estaríamos pasando tan bien
Es una pena que los tiempos a veces jueguen contra el humor, con lo bien que lo hubiéramos pasado viendo a Sarah Santaolalla enarbolando el cabestrillo en Torrente, presidente.
Nos tendremos que conformar con el aquelarre que nos está regalando desde los platós de televisión, llorando y vociferando contra agresores imaginarios que solo existen en su cabeza, porque a día de hoy nadie ha logrado verlos.
Pretende convencernos de que las denuncias falsas son un mito, urdiendo la mayor de todas sin pudor alguno, ante la mirada ojiplática de millones de personas. El gag del cabestrillo es el último episodio protagonizado por un juguete roto que en breve se recordará como una mamarrachada más de la Españita cabreada que consiguió deleitar a la Españita feliz.
Prensa y políticos intentan guiar al pueblo cual manada de cabestros, utilizando un cabestrillo verde a modo de señuelo que alienta el 'Hodio', aunque, por ahora, lo único que han conseguido es tener a un montón de toros bravos muertos de risa.
El cabestrillo de Sarah es lo que España necesitaba para sobrellevar estos aciagos días de lluvia, elecciones, guerras y demás calamidades. Hacía falta que una se sacrificara renunciando a todo amor propio y sentido del ridículo para que el resto pudiera congratularse y dar un respiro al corazón. No es la heroína que nos merecemos, pero sí la que necesitamos.
¿Quién podía imaginar que un cabestrillo de atrezo iba a ser suficiente para que salieran al ruedo todos los cabestros de la Españita cabreada a participar de este sainete que deja a Torrente, presidente en mantillas?
¡Gracias, Sarah, por devolvernos la ilusión! Aunque no lo creas, la mayoría celebra que tu brazo esté incólume. De no ser así nadie estaría contento ni lo estaríamos pasando tan bien.