07 de diciembre de 2022

Editorial
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El Reino Unido da una lección a España

El peligro ahora es que Sánchez sabe que tiene que hacer todas las cesiones que le pidan sus socios independentistas para poder seguir en el cargo. Y tras el indulto, la sedición y la malversación, el siguiente paso, la siguiente rendición, será la de celebrar una «consulta»

La Corte Suprema británica ha sentenciado que la ministra principal de Escocia no puede convocar un segundo referendo sobre la independencia de ese país sin el permiso del Reino Unido. El golpe a Nicola Sturgeon es durísimo: es una decisión unánime del Supremo, que está presidido por un escocés, lord Reed de Allermuir.
En la sentencia del Supremo se establece con claridad que el proyecto de Ley del Referéndum desborda los poderes concedidos al Parlamento escocés de Holyrood puesto que la unión y la soberanía del Reino Unido son materias estrictamente reservadas a Westminster.
Como se recordará, los nacionalistas escoceses convocaron un referendo sobre la independencia del Reino Unido que fue autorizado por el Gobierno conservador de David Cameron. Fue una decisión gravísima en la que el primer ministro tuvo la suerte de contar con el respaldo a la unidad del Reino de su predecesor, el laborista escocés Gordon Brown, que hizo una fabulosa campaña electoral defendiendo la unidad. Y el no menos relevante respaldo tácito de la Reina Isabel II, que por una vez en 70 años dijo que había que pensarse muy, muy bien lo que se votaba.
Una de las razones con las que se justificó la autorización del referendo en 2014 fue la de que era una consulta válida para toda la vida de esos votantes. Y Sturgeon quiere ahora que se vuelva a votar sólo nueve años después lo autorice o no Westminster. Como es lógico ha perdido ante el Supremo. Pero la lección sigue siendo válida. Cuando se acepta someter a votación cuestiones sobre la independencia de un territorio, los que buscan la independencia la siguen exigiendo, reclamando sucesivas votaciones hasta que se imponga su mayoría. Mayoría que nunca permitiría un nuevo referendo para poder desandar el camino andado.
Lo sucedido en el Reino Unido es de especial relevancia en España, donde el Gobierno de la nación está sostenido por partidos independentistas que buscan la ruptura de España. El 1 de octubre de 2017 se celebró en Cataluña un simulacro de referendo, sin censo electoral, ni control independiente de las votaciones y el recuento. Ya se sabe cómo acabó esa patochada.
El peligro ahora es que Sánchez sabe que tiene que hacer todas las cesiones que le pidan sus socios independentistas para poder seguir en el cargo. Por ello es tan relevante cómo se produzca la renovación del Tribunal Constitucional. Y tras el indulto, la sedición y la malversación, el siguiente paso, la siguiente rendición, será la de celebrar una «consulta». Será presentada como no vinculante y no se preguntará expresamente sobre la independencia. Pero ya se habrá abierto la senda por la que antes o después se votará sobre la ruptura de España sin consultar a todos los españoles.
En esta ocasión, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, una nación con países con raíces históricas mucho más profundas que las de Cataluña o el País Vasco, ha resuelto en el Tribunal Supremo lo que puede o no puede hacer el Reino de Escocia. Y con eso, nos guste o no, el Reino Unido ha dado una lección a España.
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