23 de mayo de 2022

en primera líneaJuan Van-Halen

España es diferente

En España siempre pasa nada. Por eso es diferente. Hay quien vota por lo que sufrió su abuelo y no piensa en lo que sufren él o su vecino

El título fue un eslogan turístico de mediados de los sesenta: «Spain is different» se repitió por esos mundos. España sigue siendo diferente y más allá del turismo.
Hace años viajaba en taxi con un pariente holandés y durante el trayecto el taxista no dejó de criticar a Zapatero, que pocos días después trataría de renovar su presidencia en las urnas. Sus viajeros no dijimos ni palabra. Tales eran sus opiniones sobre el entonces presidente y candidato que a la hora de abonar el servicio se me ocurrió desear al taxista suerte en la jornada electoral y que ganara el candidato al que otorgase su voto. El taxista contestó lo imprevisible: «No, si yo votaré al PSOE, pero Zapatero ha sido un desastre». Mi pariente holandés, extrañado, le comentó: «Lleva usted todo el trayecto atacando al presidente, dice que ha sido un desastre, y asegura que le votará...». La respuesta: «Siempre he votado al PSOE, mi abuelo lo pasó mal en la posguerra». Mi primo Jan no pudo contenerse: «En mi país votamos por lo que los políticos hacen y anuncian, no por nuestros abuelos». Esta es España. Y hoy aún más diferente.
Padecemos a un presidente que hizo todo lo contario de lo que prometió en campaña electoral y desde entonces no ha dejado de mentir. En otros países la mentira en política no queda impune. No pasa nada. Se descubre que no es autor de su tesis doctoral y mientras en varios países europeos eso ha supuesto la dimisión de ministros, él siguió tan campante. No pasa nada. Le escriben un libro, y el negro –en este caso la negra– fue indiscreta y el presidente la premia desde entonces con jugosos cargos públicos; muy natural. No pasa nada. Se evidencia que Tezanos, correligionario suyo, es algo así como su seudónimo para la confección de encuestas favorables mientras que en un país europeo acaba de dimitir el jefe de Gobierno acusado de manipular encuestas; nuestro presidente ni se inmuta. No pasa nada. Nombra fiscal general del Estado a su exministra de Justicia, diputada de su partido, y avala sus manejos, algunos cercanos a su pareja sentimental, un juez expulsado de la carrera por prevaricación. No pasa nada.
Y suma y sigue. Desestima una sentencia del Tribunal Supremo y su opinión contraria, e indulta a quienes provocaron un intento de golpe de Estado en Cataluña. No pasa nada. Vulnera los derechos y libertades de los españoles por dos estados de alarma declarados inconstitucionales en sentencias del Tribunal Constitucional. No pasa nada. Paraliza el control parlamentario durante semanas por un acuerdo de la Mesa del Congreso, también considerado inconstitucional por nuestro tribunal de garantías. No pasa nada. Destierra la transparencia y se niega a aclarar cuestiones de grueso calibre, lo que en una democracia sería un escándalo con consecuencias políticas. No pasa nada. Abusa de la fórmula del decreto-ley, extraordinaria según la Constitución, de modo que ha utilizado esa vía en tres años mucho más que Zapatero y Rajoy en más del doble de tiempo; un decreto-ley cada diez días. No pasa nada. Y podría seguir anotando anormalidades que ya a casi nadie sorprenden.
Ilustración

Lu Tolstova

Su utilización del Falcon para viajar y del Superpuma para trasladarse de Moncloa al aeropuerto es una minucia comparada con otras muchas actitudes. Comenzó utilizando estos medios oficiales para acudir a una celebración familiar y a un concierto y cuando la noticia saltó a los periódicos no se moderó; sencillamente enmascaró los viajes porque disfrazar la realidad es muy suyo. Incluyó en sus desplazamientos de partido la visita a una fábrica o mandanga similar, sin contenido y sin prensa, y caso resuelto. Hasta Sánchez los viajes privados de los presidentes se hacían en AVE o en líneas aéreas regulares, y los de partido, cuando eran urgentes, mediante el alquiler de un avión.
¿Por qué Sánchez no lo hace? Acaso porque ninguno de sus antecesores tenía un problema que a él le amenaza: no puede dar un paso, si no es rodeado de sus palmeros, sin que le abucheen. Arregla en parte el sofoco, si es que alguna situación le produce sofoco, alejando cada vez más a los asistentes y silenciando los abucheos en la televisión pública y en las engrasadas. Eso ocurrió el último Día de la Fiesta Nacional; quiso enmascararse con el Rey pero se sabía bien a quién vitoreaba el público y a quién abucheaba.
En España siempre pasa nada. Por eso es diferente. Hay quien vota por lo que sufrió su abuelo y no piensa en lo que sufren él o su vecino. Acaso la sociedad no protesta porque ya se ha acostumbrado. Sin embargo hay demasiados patios de Monipodio como para no tenerlos en cuenta. Acaso no hay tantos malos pero los pillastres abundan más que las setas. Hay casi tantos como ingenuos y la política no es una excepción.
  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando
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