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16 de junio de 2024

En primera líneaJosé Antonio García-Albi

El actual problema en las democracias liberales

Las palabras derecha, centro e izquierda nada expresan por si mismas. Lo que se llena de contenido es llamar socialismo al socialismo y liberalismo a lo demás

Actualizada 01:30

Los golpes de Estado, los ataques a la democracia, siempre llegan acompañados de una explicación o justificación. En el que está llevando a cabo el PSOE la explicación es que lo hace por la convivencia, por la armonía. Pero no lo justifica como una forma de cuidar o mejorar la democracia, porque va contra ella. Efectivamente si las leyes se componen en un cuartucho de Ginebra en lugar de en el Parlamento, si los delitos no se persiguen y la justicia está intervenida por el Gobierno, es que no hay democracia.

Estamos viviendo en España un gravísimo ataque, por parte de los partidos del Gobierno y sus socios nacionalistas a nuestra convivencia y a la democracia misma, contra el sistema que nos dimos y sus valores más representativos. Si miramos al pasado y al presente podemos colegir que socialistas, nacionalistas y comunistas tienen y han tenido una concepción de la democracia meramente instrumental. Un medio para acceder al poder; para ellos la democracia no es un objetivo a mantener, sino una herramienta a utilizar. Y el nuestro no es un caso aislado, lamentablemente se enmarca dentro de una peligrosa corriente internacional.

El problema estriba en que lo que llamamos democracias liberales se siguen llamando así pero no son liberales. Prescinden de aquella cualidad que sirve, precisamente, para preservar la democracia. Y al caer en ese error, ponen en peligro la calidad y la propia existencia de la misma. Hay que recordar que ningún proceso democratizador tuvo éxito partiendo de la ruptura política socialista, como la que hace hoy el PSOE. Por el contrario, aquellos procesos de democratización que triunfaron lo consiguieron apoyándose en una base constitucional previa establecida por el liberalismo.

Es en el ámbito de las llamadas democracias liberales en donde están surgiendo todos esos ataques contra lo que venía siendo su esencia, el liberalismo, convirtiendo el sufragio en algo que se pude teledirigir como mero instrumento para laminar el derecho al individualismo liberal. Como bien decía el otro día, ante el Rey, el periodista Carlos Alsina en su discurso al recibir el premio Cerecedo, «hoy siempre hay alguien que te manda callar».

Se han dedicado a acabar con el liberalismo sin tener en cuenta que fue esta ideología la que consustancialmente trajo las democracias. Hoy tenemos, me he referido a ello en otras ocasiones, estas sociedades sobregobernadas de las que echamos a referentes económicos como Milton Friedman, expulsamos de institutos y universidades a John Stuart Mill e incluso somos timoratos a la hora de celebrar la victoria de un liberal como Javier Milei. Democracias en las Montesquieu ha muerto y por las que Tocqueville nunca pasó. Y sin embargo, no hay vergüenza a la hora de manipular la educación, arruinar la economía, saquear a impuestos e imponer lo fake, lo woke, la lawfare, la cancelación, la siniestra agenda 2030 y todas esas zarandajas que terminan creando sociedades totalitarias. O defendemos los dos conceptos de la expresión democracias y liberales o tendremos dictaduras personales.

Ilustración justicia constitucion

Paula Andrade

Para ello es preciso reivindicar la ideología, tenerla presente en la actividad diaria. Hay mucho que rehacer. Pensemos que el anterior presidente del Gobierno, ese señor del casino de Pontevedra, dijo aquello de «shí, shí pero shin ideología». ¿Qué ideas representaba aquel político?

Comencemos por recuperar el lenguaje y llamemos a las cosas por su nombre. Las palabras derecha, centro e izquierda nada expresan por si mismas. Lo que se llena de contenido es llamar socialismo al socialismo y liberalismo a lo demás. Socialismos en distintos grados y sus perjudiciales consecuencias sociales o liberalismos en distintos grados y los beneficios que vemos en su historia.

Otras veces se las llama occidentales. El problema es que radicar en occidente no garantiza una democracia; el liberalismo sí. De hecho hay democracias plenas como Japón o Israel que no están en occidente. Se crean y defienden con la ideología, con la ideología liberal. Un pensamiento político que se basa en la libertad y consideración del individuo. En la libertad de empresa, en la propiedad privada, en el derecho a la educación y al propio desarrollo personal. El liberalismo que defiende la libertad de prensa y de opinión y rechaza los ilícitos impuestos expropiatorios y los mercados intervenidos por políticos grises. No nos dejemos engañar por las agendas apisonadoras, sin todo lo anterior no hay libertad y, por ende, no hay derechos. Con estructuras estatales elefantiásicas no hay democracia.

Se trata de un ideario político que no es cualquier cosa, que tiene sus raíces en los valores del humanismo cristiano. En las enseñanzas de la Escuela de Salamanca, en el positivismo de Comte y su desarrollo en los libros de Stuart Mill. Y vemos que aquellos países que pasaron a ser democracias sin profundas tradiciones y raíces liberales, como los de Hispanoamérica, son los que con mayor rapidez y facilidad se han convertido en dictaduras personales.

Como bien explica el doctor y profesor de economía, amén de asesor de Javier Milei, Alberto Benegas Lynch, «el liberalismo es el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo» Y esto sólo se puede dar en democracia.

El PSOE, como ya demostró durante su intensa colaboración con la dictadura de Primo de Rivera, tiene interés en el Gobierno, no en la democracia. Si no evitamos la caída de nuestro actual régimen constitucional, se producirá mediante un feroz ataque, la cancelación del derecho irrestricto al proyecto de vida de cada español. ¡Liberalicemos España!

  • José Antonio García-Albi Gil de Biedma es empresario
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