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En primera líneaPablo Calvo-Sotelo

Las cosas del querer

El 58 % de los votos aglutinados por la derecha en Andalucía es una marea imparable. El PP y Vox tienen la obligación moral de «gobernar» esa corriente con amplitud de miras y sin mal de altura. Ni resultados agridulces «ni tutelas ni tu tías»

Felipe González pide un adelanto electoral para que, de una vez por todas, el compañero Sánchez pierda estrepitosamente las elecciones.

García-Page pide un adelanto electoral como quien pide una de bravas: –Una de bravas, Pedro. –No me quedan, Emiliano. –Pues ponme una de cuestión de confianza. Las pide también para perderlas con la esperanza de que cuando lleguen las de su parroquia (2027), los expresidentes de la ceja estén juntos a la sombra, de la política, se entiende.

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El Debate (Asistido por IA)

Mientras tanto el presidente espera al Papa León atrincherado en La Moncloa, ensayando pociones mágicas con el druida Redondo, pues, como es natural, no quiere escribir todavía el epílogo de su Manual de Resistencia.

Antes de que se abriera la caja de las joyas de Pandora, veníamos de las elecciones andaluzas. Hay que reconocer el esfuerzo apabullante que hoy hacen los periódicos en el exhaustivo y frío análisis de las cifras: provincias, poblaciones, coloridos mapas y gráficos, cocientes, ley D’Hondt –cuesta trabajo escribirla y no les cuento entenderla–, escaños, porcentajes y curiosas estadísticas y simulaciones, tenían al aficionado lector de prensa muy entretenido. Otra cosa son las columnas de opinión y los tertulianos de las radios y televisiones: ruido, diagnósticos interesados, análisis precocinados, verborrea y cursilería campan aquí a sus anchas, y es cuando la perspectiva política y la fe acaban abandonando a los feligreses.

De todo lo leído, visto y oído me quedo con el extraordinario artículo que escribió en este periódico María Jamardo, «Sánchez activa la España plurinacional tras las andaluzas», concepto ese, el de la España plurinacional, inventado al tiempo de la moción de censura a Rajoy y que hoy repite como un mantra el amigo Iván Panorámix. Hay que reconocerle, con todo, al personaje –a nuestras elecciones les llama caucus, no se lo pierdan– una gran astucia como sociólogo en eso del «querer español». (Visto hoy con distancia, quizá fue un error cerrarle las puertas de Génova, porque inmediatamente salió corriendo a las de Ferraz, que de par en par le abrieron).

De una forma deliberadamente premiosa intenta explicarnos el gurú apátrida el concepto de la España plurinacional. Les confieso que no acabo de entenderlo. Creo que no es más que demoscopia y una forma pomposa y más académica de llamar al famoso y vulgar «No es no». Eficaz eslogan con el que un disimulado y fríamente práctico Sánchez rompía, como venimos diciendo, con una norma no escrita y sagrada en la política española hasta 2018: «Bildu ni está ni se le espera». Escribía yo en este periódico hace unos años que ese cambio fue un cisma, un cambio radical en los ciclos políticos vigentes hasta entonces en España: si a Aznar en 1996 se le hubieran aplicado estas nuevas «circunstancias», jamás habría sido presidente del Gobierno.

El 58 % de los votos aglutinados por la derecha en Andalucía es una marea imparable. El PP y Vox tienen la obligación moral de «gobernar» esa corriente con amplitud de miras y sin mal de altura. Ni resultados agridulces «ni tutelas ni tu tías». Feijóo y Abascal comparten algo más que adversario: comparten destino, se necesitan, es el amor fati.

¿Pá que nos piden razones
del qué, del cómo y del cuándo?

Lo nuestro tiene que ser
aunque entre el uno y el otro
levanten una pared.

Son las cosas de la vida
son las cosas del querer.
No tienen fin ni principio
no tien cómo ni por qué.

Estoy mandando este artículo al periódico y leo en El Debate: «La UCO registra Ferraz».

Ya no estamos ante un adelanto electoral o una cuestión de confianza; estamos, a mi juicio, ante la inminente moción de censura del Comité Federal del PSOE a su secretario general. Game over.

Dirigiéndose a la pista de despegue en un vuelo regular que precede al Falcón, sentado en turista, en salida de emergencia, se encuentra Carlos Martínez observando el último despegue del avión presidencial.

Es el candidato y no le gusta ni perder al futbolín.

  • Pablo Calvo-Sotelo es abogado
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