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José Abascal y el cerebro reptiliano (I)

La razón, dicen los expertos, no debe nunca golpear al reptiliano, sino mantener frente a él la distancia de seguridad precisa para que no acabe tomando el control. Esta es la dificilísima tarea de Feijóo hoy

Los que entramos a trabajar en Madrid por la carretera de La Coruña estamos, casi irremediablemente, condenados a cruzar la ciudad por Cea Bermúdez y José Abascal.

Tiene esta repetición matutina y diaria el activo de los cielos rasos y azules de Madrid, que nos permiten disfrutar del bonito color de la mañana que por María de Molina asoma en la capital.

ep

El Debate (asistido por IA)

Así las cosas, y apoyándonos en la idea de que el original concepto de la partida doble (Pacioli) no sólo se aplica en la contabilidad, sino también en casi todas las «transacciones de la vida», se presenta en este escenario tempranero un pasivo escenificado por el formidable tapón de coches que se organiza al final de José Abascal, cuando la calle muere al intentar cruzar la Gran Muralla china de la Castellana. Es tal el lío que se monta que la calle ha sido rebautizada por el ingenio guasón madrileño como 'José Atascal'. Pasa que, en los últimos doscientos metros, suelen invadirnos a los conductores nuestros instintos más básicos, muy bien representados por docenas de bocinazos y maniobras arriesgadas, algún improperio que otro y mucha tensión. Podríamos decir que, en este tramo final, se nos despierta a los conductores el cerebro reptiliano que, como es sabido, es el que controla, mediante reacciones instintivas, nuestra supervivencia inmediata; una suerte de: ¿estoy a salvo o en peligro?

Llegados a este punto, cabría preguntarse si estas conexiones neuronales son contraproducentes o no. La respuesta no da lugar a la duda: esa activación ha sido y es imprescindible para nosotros; de ahí que sea esa la parte más antigua del cerebro humano desde el punto de vista evolutivo. Eso sí, hay que tener cuidado, porque cuando domina en exceso, puede activarse ante peligros imaginarios, anulando el pensamiento reflexivo. Dice la IA que al pensamiento primario no le interesa el bien o el mal, sólo busca sobrevivir. Yo añadiría: no busca la verdad.

Estas reflexiones, en tono algo festivo, pero con fondo serio, me llevan a pensar que podríamos los madrileños rebautizar por segunda vez la calle de José Abascal y pasar a llamarla «Santi Atascal». Del asfalto a la política, ya ven.

Efectivamente, la «derechita reptiliana» (frente a la por ellos llamada «derechita cobarde»; de nuevo Pacioli) es un tapón para la alternancia, pues dificultan sus ambiciones últimas cruzar el muro de la polarización tan hábilmente construido con ladrillos imaginarios por la izquierda. A Vox solo le interesa la alternancia en el Gobierno de España, si son ellos los elegidos para ocupar ese hueco. De ahí que, de momento, no tengan prisa alguna y vivan cómodamente engordando con la polarización. Serán siempre reacios a promover cualquier alternancia hasta que no se produzca en las encuestas el deseado sorpasso al PP que legítima e ingenuamente ven posible.

En el siguiente artículo les hablaré de ese difícil diálogo entre el cerebro reptiliano y la razón. No es una conversación tranquila, es más bien una negociación «a cara de perro» entre la urgencia de sobrevivir (el sorpasso) y la capacidad de comprender. Ocurre que el instinto (Vox) habla antes que la razón (PP), que suele llegar después, con el peligro añadido de que un mundo sin razón puede volverse binario: todo o nada.

La razón, dicen los expertos, no debe nunca golpear al reptiliano, sino mantener frente a él la distancia de seguridad precisa para que no acabe tomando el control. Esta es la dificilísima tarea de Feijóo hoy.

Les dejo –se acaba de poner el semáforo en verde– mi última oportunidad para cruzar la muralla. Llego tarde a un choco reincidente de amigos en el que, además de aprender a comer bien, he aprendido que la razón no vence por fuerza, sino por comprensión (el logos griego). Rodéense, queridos lectores, en la medida de sus posibilidades (yo lo intento), de buenos amigos que los lleven a ese logos y no olviden que, cerebro reptiliano, tenemos todos.

Hasta la próxima, que será 'Santi Atascal y los peligros imaginarios (II)'.

  • Pablo Calvo-Sotelo es abogado
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