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En Primera LíneaMariano Gomá

El catalán enfermo

Yo quisiera que esa enfermedad cure, poder volver a expresarme en catalán en mi tierra con gente normal, que los mudos, sordos y ciegos recuperen los sentidos y sobre todo el sentido común. Y que venga Dios, lo vea y el Papa León XIV nos lo bendiga ante la Sagrada Familia del beato arquitecto Antonio Gaudí

Nací en Cataluña, en una familia catalana de generaciones, aunque mestiza como todos, he desarrollado mi vida profesional en Cataluña, hablé, escribí y leí en catalán notablemente académico, construí poemas en catalán y siempre he estado superorgulloso de ser español nacido en Barcelona hablando además el idioma que habla medio mundo como es el español.

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El Debate (Asistido por IA)

Y ahora, ya no sé dónde esconderme, no estoy seguro y obligadamente procuro encerrar en el armario de los trastos viejos todo mi mundo catalán a buen recaudo y aislado. ¿Y por qué?

El catalán como sentimiento e idioma está básicamente enfermo, contaminado, en absoluta decadencia, abandonado por el mundo civilizado y hasta me atrevería a asegurar que es el hazmerreír de todo el que nos rodea. ¿Y quién ha conseguido todas esas lindezas? Veamos:

Una gran parte de mi familia fueron personas instruidas y de sobresaliente cultura, y durante toda la dictadura no tuvieron el más mínimo problema en alimentar su privilegio y desarrollarlo en catalán, en Cataluña y en el mundo del progreso dentro de España como profesionales de la arquitectura, la medicina o el derecho. Mi padre cada año publicaba su felicitación de Navidad en catalán con un poema suyo también en catalán enviándolo a sus amigos y además por su condición profesional y no política lo remitía a ministros, subsecretarios etc. del Gobierno de Madrid sin el más mínimo problema o reproche. Hasta quizás admiración. Tengo en mis archivos familiares las contestaciones escritas que recibió del Rey Hussein de Jordania, del presidente de los E.E.U.U. y de arquitectos de gran prestigio americanos, libaneses, griegos, turcos, tunecinos, rusos, así como de numerosos países europeos hasta a veces con comentarios de su poema en catalán.

El gran poeta catalán Jaume Agelet i Garriga, residente en París le hizo comentarios satisfactorios de su trabajo cada Navidad. Y así crecí yo afortunadamente en una cultura sana, orgullosa, prestigiosa, libre y desacomplejada. Y me ha ido muy bien en mi desarrollo personal y en el conjunto de mi vida por lo que hoy arrastro un profundo dolor interno y externo al ver como todo ello ha sido contaminado, envenenado, infectado y maleado por unas personas indiscutiblemente enfermas que, en nombre del pueblo catalán, de todos los catalanes, se dedican a hacer el ridículo no ya regional ni nacional sino también internacional.

Estamos hoy representados los catalanes por una cuadrilla de chupatintas terminales que se ubican uno con su pelomocho huido cobardemente de la justicia en Bélgica, el abuelo y el padre del desastre impunes a sus fechorías y latrocinios, un chulo piscinas viniéndose arriba en el liderazgo de la ultraizquierda después de llevar una década chupando del bote de España, una variedad equina pelo-plancha hablándole al Papa en inglés acompañada de un esperpento haciéndolo en italiano, un grupo de iletrados anclados en sus sillones cobrando del Estado, de todos, pero todos ellos haciendo el mamarracho ante el Papa que sabe perfectamente quién es cada cual, lo que pesan en la nación, lo que piensan si algo piensan, lo que mienten y lo que esconden. Y no quiero referirme a quién ofrece al saludo de mano el goteo de sangre inocente que es como apuñalar a Dios con aquella impunidad vomitiva.

Y después ya en Cataluña grupos de enfermos terminales bajo lemas como 'No tenemos Rey' o 'No tenemos Dios', pero eso sí, en catalán con una señora de las tierras del interior como la reencarnación del Führer del odio y de la más pura doctrina nacionalsocialista que Dios nos la mantenga apartada de la escena por mucho tiempo. Todos ellos por supuesto acompañados de políticos y burgueses catalanes de originaria fortuna hispana con un pie a cada lado de la acequia mirándose los bajos y la entrepierna reflejada en el agua.

¿Cómo voy a seguir el camino de lo catalán con la cabeza alta? No puedo. El desgarro que esa gentuza ha provocado en mí y en tantos millones de catalanes y habitantes de Cataluña es de tal magnitud que ya solo podemos sentir lástima por ellos, ellas y todos nosotros en el desolado paisaje que están dejando en la otrora rica, culta y poderosa Cataluña.

Esa gente en definitiva está traicionando y apuñalando a nuestra tierra, a todo lo que teníamos de bueno y al prestigio histórico y cultural obtenido con tanto esfuerzo. Esa enfermedad nos ha llevado a todos a que hoy en día se hable menos catalán que antes, aunque se esconda, que el desprecio haya anulado a la admiración, que los catalanes debamos convivir con un grupo de mamones que por sus propias miserias están cometiendo un parricidio con quién les dio y les da de comer y por supuesto les sitúa en el mapa del mundo.

Yo quisiera que esa enfermedad cure, poder volver a expresarme en catalán en mi tierra con gente normal, que los mudos, sordos y ciegos recuperen los sentidos y sobre todo el sentido común. Y que venga Dios, lo vea y el Papa León XIV nos lo bendiga ante la Sagrada Familia del beato arquitecto Antonio Gaudí.

  • Mariano Gomá es presidente del Foro España Cívica
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