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en primera líneaJuan Van-Halen

Borges, el genio que no ganó el Nobel

Fue durante treinta años candidato al Premio Nobel; no lo consiguió por motivos políticos. Se sabe que en 1976 recibió una llamada de Estocolmo advirtiéndole que si acudía al Chile de Pinochet a recibir un doctorado honoris causa, nunca obtendría el Nobel

La vida es una sorpresa. Zapatero citó a Borges en su sesión de masaje en TV(pso)E. En mi niñez lo leí en la biblioteca de mi padre como Borges leyó a tantos autores en la del suyo. El expresidente se proclama borgeano; escribió un prólogo a Ficciones en 2001, y en 2024 publicó No voy a traicionar a Borges. Es la única admiración que comparto con Zapatero. Bien está.

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El Debate (Asistido por IA)

Tuve la fortuna de conocer a Borges en 1980 cuando recibió el Premio Cervantes. Lo compartió con Gerardo Diego. Yo había acudido cada tarde durante años a la tertulia de los poetas del Gijón, que presidía Gerardo Diego, a la que me llevaron Umbral y García Nieto, que iba cuando podía como su compadre Cela. Un cónclave cardenalicio en el que yo era monaguillo y benjamín. Gerardo me presentó a Borges en la Zarzuela, en la recepción de los Reyes, y después le encontré en un restaurante ya desaparecido. Hablar con Borges fue para mí un milagro inesperado. Miraba con sus ojos azules, sin luz, y te medía con sus manos como si te viese. Hablamos de Macedonio Fernández, de Lugones, de Quevedo, del Quijote, de San Martín, amigo de un antepasado mío, y de muchas cosas más. En el encuentro posterior le dije que cerca de aquel restaurante había vivido Lope de Vega. En 1983 visitó España por última vez.

Borges llegó a España en 1919. En Madrid se incorporó al ultraísmo, del que luego se desligó. Colaboró en varias revistas ultraístas. Publicó su primer poema, Himno al mar, en Grecia, el 31 de diciembre de 1919. En 1921 apareció Ultra. Conoció a Rafael Cansinos-Assens, Ramón Gómez de la Serna, Ramón del Valle-Inclán, Gerardo Diego y Guillermo de Torre, su futuro cuñado. Se reunían en el Café Colonial.

Ya en su tierra a partir de 1924, Borges publicó dos libros importantes en su estética de entonces Luna de enfrente e Inquisiciones que le convirtieron en ariete de la joven vanguardia, y cuentos y poemas sobre la realidad porteña y las peleas a cuchillo entre compadritos en los arrabales bonaerenses. Así, en 1935, Hombre de la esquina rosada, incluido en su Historia universal de la infamia, y El puñal. Aunque formado en Europa, siempre mantuvo sus raíces, como en sus poemarios Fervor de Buenos Aires, de 1923, Luna de enfrente, de 1925, y Cuaderno San Martín, de 1929, y comenzó a interesarse por la narrativa fantástica, por idealizar lo real. A partir de 1950 y durante casi veinte años publicó algunas de las ficciones más celebradas del siglo pasado, como Ficciones y El Aleph.

En 1955, Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que ocuparía dieciocho años. Escribió: «Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca». Al tiempo de recibir ese nombramiento, se fue quedando ciego. Escribió el inolvidable Poema de los dones, que comienza: «Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche». Una enfermedad congénita que había padecido su padre.

Desde una enorme erudición creó una obra singular en verso y prosa. Sus cuentos rebasan lo convencional, avanzan en lo metafísico y lo mitológico, mostrando interés por las añejas culturas noreuropeas, conjugando tiempo y espacio, creando mundos simbólicos con metáforas originales. A finales de los cincuenta publicó Manual de zoología fantástica y El hacedor. En 1969, los poemarios: El otro, el mismo y Elogio de la sombra, y en 1972 El oro de los tigres. Una impresionante muestra del mundo de Borges es el cuento sobre Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Al tiempo fueron editándose sus Obras Completas.

Ideológicamente Borges se incluía en un anarquismo filosófico: «Un pacífico y silencioso anarquista que sueña con la desaparición de los gobiernos». Se sentía un ser libre. Fue contrario al peronismo que encarceló a su hermana y confinó a su madre. «Los peronistas son gente que se hace pasar por peronistas para sacar ventaja», escribió. En 1973, ante una posible victoria del peronismo, declaró que había votado a Nueva Fuerza, partido minoritario de derechas.

Hay frases suyas vitalísimas: «Las dictaduras fomentan la opresión, el servilismo, la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez». «Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón». «Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas». «La duda es uno de los nombres de la inteligencia». «Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos». «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído». Sobre la Guerra Civil española declaró: «Yo estaba del lado republicano, pero luego me di cuenta, en la paz, de que Franco era merecedor de elogios».

Fue durante treinta años candidato al Premio Nobel; no lo consiguió por motivos políticos. Se sabe que en 1976 recibió una llamada de Estocolmo advirtiéndole que si acudía al Chile de Pinochet a recibir un doctorado honoris causa, nunca obtendría el Nobel. Borges agradeció la llamada y añadió: «Después de lo que usted acaba de decirme, mi deber es ir a Chile; hay dos cosas que un hombre no puede permitir: sobornos o dejarse sobornar. Murió en Ginebra, «una de mis patrias», en 1986. Según su íntimo amigo Bioy Casares «diciendo el Padrenuestro en anglosajón, inglés antiguo, inglés, francés y español». Un genio.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando
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