28 de septiembre de 2022

tribunaMiguel Hedilla de Rojas

Boves: el León de los Llanos

Estas breves líneas no pretenden tanto reivindicar a Boves como acercar el personaje, y a su gran rival Bolívar, a cuantas más personas mejor

Como no soy monárquico me da rabia tener que aplaudir al Rey cuando hace algo correcto, como el hecho de no levantarse ante la espada de Bolívar en la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia. Así que le aplaudo y me congratulo de su comportamiento. Dicho acto, el desfile de la espada, no estaba programado y la espada de Bolívar no es un símbolo del estado colombiano.
Tengo que superar esa contradicción, tontería me dicen algunos, referida a la monarquía y solo veo una salida, separar a la institución de las buenas políticas que realizan, a veces, sus titulares.
La edad me está haciendo cada vez más pragmático y me pregunto si yo estaría de acuerdo con una república como la que predican los podemitas, que han aprovechado la ocasión, alineándose con los bolivarianos, para poner a «parir» a Felipe VI y hablar de guillotinas. Están tarados. Me respondo en el acto: prefiero a Felipe VI.
No voy a hablar mucho del sanguinario Bolívar que con su decreto de guerra a muerte de 1813 asesinó a miles de españoles. Era tan grande su odio contra España que ya no le cabía en el estómago. Fue un fracasado que no logró su tan ansiado proyecto de la Gran Colombia, muriendo en Santa Marta de tuberculosis solo y amargado.
Pero no, Bolívar no es el tema de hoy. Quiero escribir sobre el León de los Llanos, el asturiano José Tomas Boves, caudillo de la Legión Infernal y de los llaneros, extraordinarios jinetes y en general gente humilde oriunda de la venezolana región de los Llanos.
Boves era piloto naval y fue miembro de la Real Armada, terminando en Venezuela por casualidad, y porque le «pillaron», al ser condenado por contrabando a la pena de prisión en el castillo de Puerto Cabello, ciudad portuaria situada al norte de Venezuela. Una vez en libertad se instaló en los Llanos montando una pulpería y dedicándose al comercio de ganado. Poco a poco se fue convirtiendo en líder de los llaneros, a los que ayudaba, formaba y protegía frente a la burguesía criolla que los explotaba y consideraba como lo más bajo de la sociedad. Boves se casó con una llanera mulata con la que tuvo un hijo.
Como todos los procesos emancipadores americanos, el de Venezuela, entonces Capitanía General de Venezuela, y el de Colombia, Virreinato de la Nueva Granada, comenzaron ante el vacío de poder existente en España, donde primero Carlos IV y después su hijo el felón Fernando VII se vendieron a Napoleón y abandonaron a sus súbditos de ambos lados del atlántico. Ello fue aprovechado por autonomistas e independentistas, provenientes la mayoría de la oligarquía criolla, para el logro de sus objetivos.
Al estallar la guerra de la independencia, Boves se mostró en un principio partidario de la misma, pero fue rechazado por los criollos que incluso inexplicablemente le condenaron a muerte asesinando a su esposa sin motivo alguno. De resultas de ello se unió al ejército realista llegando, por su valor y audacia, a ser nombrado jefe de una columna de caballería formada por llaneros.
En poco tiempo se convirtió en un auténtico caudillo, titulándose comandante en jefe del ejército de barlovento, e infringiendo a Bolívar y a los suyos numerosas derrotas. San Juan de los Morros, Caño de Santa Catalina, Paso de San Marcos, Sierra de la Puerta, Segunda batalla de Puerta, la Cabrera, Valencia, Caracas, Sabana del Salado, y Urica, que supuso un desastre total para los independentistas, pero al precio de la vida de Boves que falleció en la batalla el 14 de diciembre de 1814.
Boves derrotó a Bolívar y a sus adláteres en distintas ocasiones, pero Urica fue, probablemente, la más importante de ellas, pues supuso el fin –provisional– del proceso independentista. Sería mentir el calificar a Boves como justo y clemente, pues su ferocidad para con sus enemigos fue enorme. La guerra de independencia de Venezuela fue la más cruel de las efectuadas, consecuencia de los llamados procesos «libertadores».
A Boves le sucedió al mando de los llaneros el canario Francisco Tomás Morales, que fue el último capitán general de Venezuela, pero ya nada fue igual. No tenía el carisma de Boves ni los llaneros le seguían como a Boves. Bolívar se exilió, pero reunió nuevas fuerzas que a la postre lograron la independencia. Esta, con Boves o sin Boves, hubiese llegado igualmente, es probable que hubiese tardado un poco más pero era un proceso irreversible.
El armisticio de Santa Ana y el abrazo entre Morillo y Bolívar, realista e independentista, fueron el principio del fin, culminandose el proceso, primero tras la batalla de Carabobo en abril de 1821, y después con la batalla naval del Lago Maracaibo, librada el 24 de julio de 1823. En ambos casos los ejércitos realistas fueron derrotados.
¿Se equivocó España en estos procesos independentistas? Sí, no cabe lugar a dudas, tendría que haberlos propiciado ordenada y negociadamente, conservando algún tipo de unión política, por mínima que fuese, tipo la británica Commonwealth. Hubo varias iniciativas en ese sentido siendo la más importante la impulsada por el conde de Aranda que se lo propuso al Rey Carlos III. Por desgracia terminó en nada.
Estas breves líneas no pretenden tanto reivindicar a Boves como acercar el personaje, y a su gran rival Bolívar, a cuantas más personas mejor. Mucha gente tiene a Bolívar como un ejemplo de líder libertador y hábil político, y ni lo uno ni lo otro. Es un personaje convertido en mito por venezolanos, colombianos, ecuatorianos y bolivianos, y los mitos no responden a la verdad histórica sino a ideas preconcebidas convenientemente manipuladas y a sentimientos.
Hoy en día determinados lugares de Hispanoamérica tratan de abrir viejas heridas y de echar en cara viejos agravios, sin darse cuenta, o si, no lo sé, que los procesos independentista fueron llevados a cabo por criollos, contrarios al indigenismo y defensores de intereses económicos, en muchos casos manipulados por los ingleses. Y lo curioso del tema, por llamarlo de alguna manera, es que quienes las sustentan son criollos, cuando fueron sus ancestros los que tras las independencias no solo marginaron y explotaron a las poblaciones indígenas sino que en muchos casos trataron de exterminarlas.
Sin embargo es mas lo que nos une que lo que nos separa y habría que mirar hacia delante. Tampoco hay que olvidar el pasado pero ni mucho menos levantar el futuro sobre mentiras y mitos. Habría que pensar más en construir que en destruir, ya que agua pasada no mueve molinos.
  • Miguel Hedilla de Rojas es abogado
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