Españoles: miren a Hungría
Veo las imágenes de las manifestaciones y veo a una España unida en la calle. Admiro esta unidad y resistencia ante el intento de destrozar el país. La última vez que la vi así de unida fue en el secuestro de Miguel Ángel Blanco. Porque los españoles tienen el corazón y la cabeza para saber decir «basta»
Hace unos días tuve el honor de participar e intervenir en Madrid en la Cumbre de la Iberoesfera organizada por los conservadores del Parlamento Europeo y aproveché la ocasión para volver a sumergirme en la actualidad de España mediante amigos y (algunos) políticos. Gente con la que solíamos hablar sobre nuestros hijos, cultura, vinos, y de la que no tengo ni la menor idea de cómo votan. Ahora sorprendentemente todos se quejan del desastre que están viviendo, lo mucho que están preocupados por su patria, y lo avergonzados que se sienten de que para Pedro Sánchez nada es demasiado caro para mantenerse en el poder.
Veo las imágenes de las manifestaciones y veo a una España unida en la calle. Admiro esta unidad y resistencia ante el intento de destrozar el país. La última vez que la vi así de unida fue en el secuestro de Miguel Ángel Blanco. Porque los españoles tienen el corazón y la cabeza para saber decir «basta».
Enikö Györi, en una sesión del Parlamento Europeo
Veo las imágenes de las atrocidades de la Policía contra los manifestantes. No estoy hablando de los infiltrados que quieren ensuciar la pureza y la espontaneidad de estas demostraciones. Sino que me refiero a los manifestantes pacíficos que quieren expresar su opinión libremente y a los que no les quieren dejar, y les agreden. Estas imágenes me recuerdan a las escenas vividas por las calles de Budapest el 23 de octubre de 2006, en las celebraciones del 50º aniversario de la revolución más querida por los húngaros, la de 1956, cuando los jóvenes de Budapest se levantaron con las manos desnudas contra el comunismo y los tanques soviéticos. En aquel entonces teníamos un gobierno socialista cuyo primer ministro resultó ser un mentiroso. Él mismo admitió en una reunión a puerta cerrada a su grupo parlamentario que unos meses antes, durante la campaña electoral había mentido a los húngaros sobre el verdadero estado de la economía y cuán difícil había sido arreglar con la Comisión Europea, más precisamente con el Comisario Joaquín Almunia, que no tuviera que publicar las cifras antes de las elecciones. Ferenc Gyurcsány ganó las elecciones con mentiras, y al enterarse de las mentiras, los húngaros empezaron a manifestarse. El día del aniversario, la policía utilizó la fuerza. Algunos perdieron la vista y otros sufrieron lesiones de por vida. La televisión llamó chatarra a los manifestantes. Y Europa se quedó en silencio. ¿No les suena todo esto? Aún hoy nos duele mucho que Europa nos diera la espalda.
Leo miles de tuits sobre lo que está pasado en España. Y veo que Esteban González Pons en medio de una situación tan grave no encuentra un argumento mejor que decir: «Sánchez es el Viktor Orbán del Sur». Parece fácil de explicar: seguramente se trata de una infección cerebral por el clima de Bruselas por haber pasado allí demasiado tiempo. Lamento que el presidente Feijóo, al que verdaderamente aprecio y al que conocí aún en su calidad de presidente de Galicia, también lo haya repetido en su discurso durante la investidura y no se diera cuenta qué equivocado estaba, como su colaborador le sugería. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ganó las elecciones cuatro veces consecutivas con mayoría absoluta, mientras Sánchez las perdió. En Hungría no hace falta hacer coaliciones con los extremistas: comunistas y separatistas no entran en el poder. En Budapest promovemos y reforzamos económicamente las familias tradicionales y no las destruimos. La Justicia se respeta, cumplimos con nuestra Constitución y con las leyes, a pesar de los juegos sucios de Bruselas. Muy a mi pesar, el PP busca al enemigo en el lugar equivocado. Y como pasa en el día a día en el Parlamento Europeo, con esto hace favores a la izquierda. La derecha en Europa debería por fin aprender de la izquierda cómo no dejar que les dividan.
Hoy, después de varios meses de intercambio de cartas entre la Comisión Europea y el Gobierno húngaro, y después de haber aprobado todas las reformas requeridas, Bruselas sigue reteniendo los fondos que nos corresponden y nos envía preguntas adicionales ridículas sobre, por ejemplo, el tamaño de las oficinas de los jueces del Tribunal Supremo. Al mismo tiempo, Sánchez ofrece la amnistía a criminales que fueron sentenciados no solo por un referéndum ilegal, pero también por una malversación de fondos. En el Congreso, comisiones de investigación podrán expresar su opinión sobre jueces, y la primera lista de jueces malos ya se ha hecho. Y ¿cuál es la reacción de Bruselas a este claro ataque contra la independencia de la Justicia? Una carta de preocupación del comisario Reynders, nada más. Eso sí, un mensaje de felicitación de Ursula von der Leyen a Sánchez por la investidura. Porque hoy en día Bruselas solo se preocupa y solo lanza investigaciones minuciosas del Estado de derecho si gobierna la derecha.
Yo aprecio mucho el enfoque europeísta de la gran mayoría de los españoles. Pero si aceptan un humilde consejo: no sean ingenuos, la solución no llegará de Bruselas. Son ustedes los que tienen que cambiar el rumbo de este episodio tan triste de la historia de España, con la fuerza de la unidad que se ha formado por las manifestaciones en las calles.
Enikö Györi es eurodiputada del partido Fidesz y fue embajadora de Hungría en Madrid después de ser secretaria de Estado para Europa