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TribunaFernando Ramos

La amnistía a los de ETA, tan efectiva como la de Puigdemont

Aparte de terceros grados, según la denuncia de las asociaciones de víctimas del terrorismo, uno de cada cuatro terroristas se ha beneficiado de la rebaja de su clasificación penitenciara o la misma libertad. En las cárceles llegó a concentrarse una masa de 700 etarras, progresivamente reducida hasta los 125 actuales

Otegi está encantado porque se cumplen las prioridades de Bildu de sacar de la cárcel a todos sus antiguos camaradas. Y lo está logrando, con la eficiente colaboración del PNV, desde que el partido se Sabino Arana asumiera la competencia de las prisiones y estableciera el régimen carcelario específico para los de ETA que incluía cursos de jardinería para la reforma de los expertos en tiros en la nunca, entre otras medidas de «reinserción». Existe un organismo, llamado 'Aukerak”, dotado con más de 17 millones de presupuesto anual, creado por el Gobierno vasco, cuya función es la reinserción socio-laboral de los presos, que incluye, vivienda y trabajo. La política iniciada en su día por Zapatero y consumada por Sánchez ha ido creciendo en cesiones y olvidos hasta llegar al presente, pese a las denuncias de las asociaciones de víctimas del terrorismo. En septiembre de 2024, sin introducir modificación alguna que afectara a los actos de terrorismo, el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad, con el despiste del PP, la ley que rebajó las condenas impuestas en España a cuarenta etarras, al incluir dentro del cómputo total el tiempo que hubieran satisfecho en su caso en Francia, al aplicárseles una directiva europea, sin otros matices para los actos de terrorismo.

Se está consumando otra amnistía, si cabe peor que la anterior. Porque la que Puigdemont le impuso a Sánchez se refería a delitos comunes, con carácter general; pero esta otra beneficia a terroristas y asesinos de ETA, sin que tampoco se hayan arrepentido ni mucho menos colaboren para aclarar los más de 300 asesinatos impunes y hechos como el secuestro, tortura y desaparición de tres jóvenes gallegos, confundido con guardias civiles que habían ido al cine en Francia. De junio de 2018 a marzo de 2023, los 382 etarras internados en distintas prisiones, fueron todos agrupados en las del País Vasco y Navarra. Hoy solo 125 continúan en prisión. Pero las cosas han mejorado mucho desde que en octubre de 2021 el Gobierno vasco asumió la competencia de prisiones. A partir de ese momento, 96 presos de ETA solo van a la cárcel a pasar la noche. La progresión es constante, y los fiscales apenas lo recurren ya, como se hizo anteriormente. El pacto Bildu-Sánchez podría verse alterado. Porque resulta que para obtener ese trato de favor se exige, pero no se cumple, que los beneficiados colaboren con la Justicia para esclarecer los asesinatos no resueltos.

Otegi cumple su promesa de sacar a sus compañeros de la cárcel, de momento mediante una aplicación generosa de terceros grados gracias a los gobiernos de Euskadi. Y aunque estos momentos oficialmente siguen en prisión 125 etarras, pero cada día cambia la cifra. El PNV ha sido especialmente eficiente, aparte de los cursos de jardinería, en cuanto a ir otorgando beneficios a los etarras, sin la menor colaboración de estos, tras asumir las competencias plenas de las prisiones, en apenas año y medio, otorgó 40 progresiones a la libertad parcial para los etarras. Aparte de los terceros grados, según la denuncia de las asociaciones de víctimas del terrorismo, uno de cada cuatro terroristas se ha beneficiado de la rebaja de su clasificación penitenciara o la misma libertad. En las cárceles españolas llegó a concentrarse una masa de 700 etarras, progresivamente reducida hasta los 125 actuales.

La concesión de terceros grados en progreso incumple de modo fragrante, por una parte le artículo 72.6 de la Ley Orgánica General Penitenciaria exige, como paso para obtenerlo a quienes «hayan colaborado activamente con las autoridades, bien para impedir la producción de otros delitos por parte de la banda armada, bien para atenuar los efectos de su delito, bien para la identificación, captura y procesamiento de responsables de delitos terroristas, para obtener pruebas». El artículo 90.8 de la reforma del Código Penal de 2010 requiere que la concesión de la libertad condicional exige que el preso acredite una ruptura con su pasado, «una petición expresa de perdón a las víctimas de su delito» o «su colaboración con las autoridades». Nada de eso se ha producido, mientras los terroristas de ETA siguen saliendo de la cárcel. Y Pedro Sánchez mira para otro lado, no vaya a perturbar su pacto con Bildu

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