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TribunaManuel Sánchez Monge

Un serio toque de atención de científicos respecto a la inteligencia artificial

En un mundo tentado por «idolatrar la tecnología», Magnifica Humanitas llega para recordarnos que ninguna máquina puede saciar la sed de amor y trascendencia del corazón humano

Desde el comienzo de su pontificado, León XIV dejó claro que la inteligencia artificial constituye una gran revolución en nuestro tiempo y que le preocupa profundamente. No se trata de una preocupación solo científica, sino antropológica, moral y espiritual. En definitiva, qué significa ser humano en la época en que las máquinas comienzan a imitar capacidades que hasta ahora considerábamos exclusivamente humanas.

Por primera vez en la presentación de la encíclica Magnifica Humanitas, León XIV compareció acompañado por destacados expertos internacionales. Entre ellos, Christopher Olah, cofundador de Anthropic y director de investigación sobre interpretabilidad de la inteligencia artificial. Durante la rueda de prensa, Olah llamativamente describió la inteligencia artificial como un «personaje de ficción» que habla con los seres humanos.

Porque pretende trabajar en este campo por el bien de la humanidad, reconoció con honestidad que se mueve en un sistema de limitaciones y presiones que pueden entrar en conflicto con lo considerado moralmente correcto. Precisamente por eso defendió la necesidad de que existan voces externas al sector tecnológico capaces de ejercer una crítica rigurosa y honesta para impulsar un desarrollo verdaderamente humano de estas tecnologías.

Sus reflexiones se centraron en tres cuestiones fundamentales recogidas por la encíclica.

1) La primera se centra en la posibilidad real de que la inteligencia artificial elimine masivamente puestos de trabajo. «Si esto sucede, apoyar a los desplazados será un imperativo moral de proporciones históricas», afirmó Olah. El desarrollo de la IA está concentrado en unas pocas naciones ricas, pero sus consecuencias afectarán a toda la humanidad.

2) La segunda cuestión tiene que ver con la realización humana. ¿Qué ocurrirá con el desarrollo intelectual, creativo y moral de las nuevas generaciones si muchas tareas cognitivas las realizan las máquinas? Es una pregunta que ya inquieta a numerosos padres y educadores.

3) Pero fue el tercer punto el que más llamó la atención. Olah reconoció públicamente que quienes investigan el interior de estos sistemas continúan encontrando fenómenos que no comprenden del todo, cosas misteriosas, incluso inquietantes. «Detectamos estructuras que reflejan los hallazgos de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. No sé qué significa eso, pero creo que requiere un discernimiento constante».

Se refiere a una investigación publicada por Anthropic en abril sobre su modelo Claude. Se identificaron 171 conceptos emocionales distintos ocultos en la red neuronal. Patrones internos relacionados con alegría, tristeza, miedo, desesperación o calma que no fueron programados explícitamente, sino que emergieron durante el entrenamiento con grandes cantidades de texto humano.

Según esta investigación, las estructuras internas descubiertas presentan semejanzas sorprendentes con la forma en que la psicología humana organiza las emociones. El miedo aparece relacionado con la ansiedad. La alegría se agrupa con la emoción y el entusiasmo. La cuestión es cómo debe relacionarse la inteligencia artificial con el mundo perteneciente también a las humanidades, la filosofía, la religión y la reflexión moral.

Cuando algunos de los científicos más brillantes del mundo utilizan palabras como «misterioso», «inquietante» o «introspección», conviene escuchar atentamente.

Es verdad que León XIV se adentra en un terreno técnico-instrumental relativamente inexplorado y no se puede prever cómo se desarrollará. La doctrina social de la Iglesia no son dogmas de fe, sino una reflexión teológica sobre las realidades terrenales. En este sentido, es válida la afirmación del Papa Benedicto XVI: las decisiones de la Iglesia relativas a cosas contingentes necesariamente debían ser contingentes también ellas, precisamente porque se refieren a una realidad determinada en sí misma mudable. El Papa León no deduce conclusiones científicas de la revelación divina. El caso de Galileo sin duda tiene aquí su repercusión. Por eso, la IA se considera de forma diferenciada y no se condena precipitadamente. Se la valora como un instrumento útil, siempre y cuando siga siéndolo. La encíclica se orienta a proteger «la verdad del hombre» frente a la deshumanización tecnológica. En un mundo tentado por «idolatrar la tecnología», Magnifica Humanitas llega para recordarnos que ninguna máquina puede saciar la sed de amor y trascendencia del corazón humano.

  • Manuel Sánchez Monge es obispo emérito de Santander
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