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tribunaAntonio Bascones

El Papa León XIV y Luis de la Fuente, dos titanes de la historia

La fuerza de la verdad y de la razón, la fuerza de la fe y la esperanza, la fuerza de la unión y del pensamiento de que todos unidos somos más y mejores. Iniciemos, de nuevo, este camino. Que el Santo ayude a nuestra España querida, pues ya se han puesto los primeros ladrillos

Dos personalidades diferentes y, al mismo tiempo, similares, pues han servido para que España muestre su mejor lado, su cara más ilusionante, su fe en un camino común recorrido con convicción. Los españoles hemos asistido a esos acontecimientos que nos han marcado y que han servido para que aflorase lo mejor de nosotros, lo que tenemos en el fondo y que no habíamos dejado salir a la superficie. Ellos han conseguido que nuestros mejores sentimientos de españoles, de personas con un sueño para el futuro y esperanza, hayan aparecido por millones en todas partes. En cada rincón, en cada esquina de España ha brotado un mensaje de que unidos somos más y mejores y de que, si dejamos que nuestros sentimientos surjan en libertad, somos un gran país. Esto es España y estos son los españoles. Frente a lo que tantos políticos se afanan, día tras día, en separarnos, dos figuras que nada tienen que ver entre ellas han hecho que los españoles se unan alrededor de una idea, en torno a unos valores, los primeros de fe católica y los segundos de ilusión en el futuro de España. Este es el país que quiero, que me gusta, el lugar donde me encuentro con mensajes positivos.

Hacía tiempo que no se recibían noticias favorables, crónicas que marquen un camino diferente que nos lleve a estados de más felicidad, de un mayor convencimiento de que no todo está perdido y de la certidumbre de que tenemos futuro como nación y como sociedad. Esta es la España en la que hubo un tiempo en que llegamos a regiones desconocidas y supimos darles una educación, universidades, idioma y fe católica. Pero si esto no fuera poco, que no lo es, supimos mezclarnos con ellos y les dimos un futuro diferente, en el que la mezcla de sangres y de razas fue una realidad. Ningún otro país hizo nada igual. Pues bien, esto ha sido olvidado por muchos, estos últimos años, en buena medida zarandeados por políticos desaprensivos que solo quieren mantenerse en el poder, pero sin otro objetivo que esquilmarnos y no solo económicamente, sino también de valores y principios éticos. Todo les era viable para sus objetivos.

Por eso, dos personajes disparejos han sabido, desde su alta misión, unir a este pueblo que durante estos años renegaba de sí mismo. Ahora, orgullosos, con la cabeza alta, miramos al futuro de otra manera. Solo deseo que eso perviva mucho tiempo, años de vida, y que nadie ni nada nos aparte de este camino que estamos recorriendo juntos, buscando un futuro más prometedor e ilusionante. Que ningún político vuelva a tratar de separar y no unir, de denostar y no estimular, de perder valores y, lo que es peor, de hacernos perder la esperanza a los que creemos en España. Si ahora todos estamos unidos alrededor de una idea común, en torno a un proyecto nacional de mayor respeto a lo que nos une y de un mejor sentido de lo que es bueno y lo que es malo, con toda seguridad ganaremos el futuro. Hay que desandar mucho de lo andado, pues se ha hecho mucho recorrido por un camino equivocado. Debemos buscar el camino correcto del Apóstol, cuya onomástica celebraremos en pocos días. Ese camino, el de Santiago, simboliza mucho más que una ruta de peregrinación. Es la representación de una España que sabe levantarse en los momentos difíciles, que encuentra en sus raíces la fuerza necesaria para afrontar los desafíos del presente y que mira al porvenir con confianza.

Cuando un pueblo recupera la fe en sí mismo, en sus valores y en su historia, se hace más fuerte y más libre. Esa es la senda que debemos recorrer entre todos, con respeto, unidad y esperanza, dejando a las futuras generaciones una nación más cohesionada y orgullosa de lo que es. Acabo de regresar de la Orden del Camino de Santiago, y no tengo ninguna duda de que el Señor Santiago hará que España pueda volver a brotar con esa fuerza que siempre la caracterizó. La fuerza de la verdad y de la razón, la fuerza de la fe y la esperanza, la fuerza de la unión y del pensamiento de que todos unidos somos más y mejores. Iniciemos, de nuevo, este camino. Que el Santo ayude a nuestra España querida, pues ya se han puesto los primeros ladrillos.

  • Antonio Bascones es presidente de la Academia de Ciencias Odontológicas de España
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