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tribunaÁlvaro Sebastián de Erice

Líneas rojas

La historia de la humanidad está repleta de líneas no respetadas que han desembocado en cataclismos, cismas, fracasos y guerras en demasiados casos. El estrecho de Gibraltar hoy en día, con máxima atención y nuestro deber de dedicación a nuestra Ceuta, se ha convertido en «la barriga caliente de Europa».

Sin aviso previo, cayó súbitamente al duro suelo de piedra, produciendo un pequeño estruendo: una pistola Glock austriaca, 9 parabellum.

Ali Ahmeti, albanomacedonio, Líder del ejército de liberación nacional, inerte ante cualquier situación, disimuladamente, se mordió el labio inferior. Un ayudante se abalanzó sobre ella, y la hizo al instante desaparecer..

-« Gracias a Dios ha perdido su carcasa» profirió Leotard, desde el otro lado de la mesa, con su característica sorna corsa, mesa recia, balcánica y de cedro multiforme.

La delegación que acompañamos al exministro de Defensa francés y jefe de la misión UE, -tres asesores, un griego, un francés y un servidor encargado de la minoría albanesa-sonreímos levemente. Hacía semanas que esto no ocurría ,y se propagó a todos los presentes y ayudó a relajar el ambiente y destensar la situación.

La guerrilla albanesa había comenzado a actuar en diciembre del 2000, poco a poco, pueblo a pueblo, empezando por la zona fronteriza con Kosovo. Etnia y religión, como expresiones de enfrentamientos y las dos caras de la misma moneda, a pesar de que la coexistencia entre servos macedonios de mayoría cristiana, ortodoxa y la minoría albanesa musulmana había sido un ejemplo de convivencia a lo largo de mucho tiempo.

En cuestión de días, semanas, los hasta ahora vecinos, familiares, amigos… Dejaban los buenos hábitos y recuerdos a un lado, para volver a despertar todos los fantasmas malignos. Ya decía Churchill que «los Balcanes solo lo conocen de verdad, un pastor griego y yo, y desgraciadamente el pastor griego ya falleció hace tiempo».

«El blando vientre de Europa», y en este caso, su apéndice Macedonia, era un potencial polvorín de enormes dimensiones, lo que animó, entre otros, al Alto Representante de la UE, Javier Solana, a enviar in situ la primera misión permanente en un país en conflicto. Gracias a la UE, OTAN y otros actores diversos, la evolución de los acontecimientos no finalizó en un precipicio de graves consecuencias para Macedonia, los Balcanes y Europa. En junio del 2001, tras intensas negociaciones, guiadas por una silenciosa y eficaz labor diplomática, Leotard, con enorme savoir faire y habilidad, impuso que las partes litigantes, bajo la tutela de la misión UE, se auto recluyesen en un castillo (en la Antigua Yugoslavia, uno de los muchos que frecuentaba Tito)a las orillas del lago Ohrid, limítrofe con Albania.

La operación dío sus excelentes y últimos frutos en el Acuerdo de Ohrid (13 de agosto del 2001), eslabón fundamental para la pacificación y normalización constitucional e institucional del país.

La historia de la humanidad está repleta de líneas no respetadas que han desembocado en cataclismos, cismas, fracasos y guerras en demasiados casos. Parafraseando a Churchill, el estrecho de Gibraltar hoy en día, con máxima atención y nuestro deber de dedicación a nuestra Ceuta, se ha convertido en «la barriga caliente de Europa».

Las líneas rojas nunca son visibles a primera vista, las consecuencias de no respetarlas en cualquier ámbito, son palpables y visibles trágicamente en el futuro. Y en ese preciso contexto, y muchos de nosotros somos conocedores de ello, si se rozan o peor traspasan, todo tipo de castillos de realidades, esperanzas, reglas de juego, convivencias… se esfuman, por mucho arraigo y tiempo llevasen anclados y entroncados.

Aunque hay diferentes hipótesis del surgimiento de las líneas rojas, y alguna se remonta al año 168 antes de Cristo, una más reciente y plausible es la que señala a Calouste Gulbenkian como iniciador del concepto.

Durante la negociación en 1928 del acuerdo de las petroleras americanas, francesas y británicas con la Turkish Petroleum para repartirse los restos del Imperio Otomano, Gulbenkian, luso armenio, cogió un lápiz rojo y sobre un mapa de la Región dibujó las líneas rojas que había que acordar y respetar. En 1963, asimismo, y en otro orden de cosas, se estableció, en plena efervescencia prebélica, el teléfono directo entre la Casa Blanca y el Kremlin, también denominado «línea roja».

Merece la pena tenerlas en cuenta y recordarlas, especialmente en nuestros días.

Álvaro Sebastián de Erice es embajador de España
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