04 de diciembre de 2021

El jesuita Diego de Pantoja fue el primer misionero español en llegar a China

El jesuita Diego de Pantoja fue el primer misionero español en llegar a ChinaD.G.

Diego de Pantoja, el español que evangelizó en la Corte de la dinastía Ming gracias a la música

A finales del siglo XVI, el Imperio Chino permanecía cerrado a la influencia exterior. Un jesuita italiano, Matteo Ricci, proyectó una misión a Pekín en la que el regalo estrella al emperador era un instrumento musical de percusión, el monicordio, que le abrió las puertas de palacio. Fue un joven español, Diego de Pantoja, quien aprendió a manejar esta caja de música que encandiló a la corte de la dinastía Ming y que le permitió frecuentar una corte inaccesible para los extranjeros.
Nacido en Valdemoro (Madrid) en 1571, Diego de Pantoja se sintió atraído por la vocación religiosa y especialmente por la evangelización en Oriente. Formado en la Universidad de Alcalá de Henares, el contacto con un misionero jesuita le hizo entusiasmarse con China, un país apenas conocido en la Europa del siglo XVI.
Los religiosos españoles eran enviados con frecuencia a América o a Filipinas, como zonas donde podían establecerse con más facilidad, mientras que a China acudían con frecuencia italianos, portugueses y franceses. Por eso, el caso de Diego de Pantoja es realmente singular. El padre Federico Lombardi, ex portavoz del Vaticano, ha querido realzar su perfil esta semana, en un encuentro organizado por la Embajada de España ante la Santa Sede. «A la sombra del maestro Matteo Ricci, Diego de Pantoja juega un papel esencial en la relación entre Oriente y Occidente de comienzos del siglo XVII», asegura Lombardi.
El periplo de Diego de Pantoja hasta conseguir llegar al continente asiático

El periplo de Diego de Pantoja hasta conseguir llegar al continente asiáticoD.G.

Cuando la música decodifica la fe

La forma en que Pantoja llegó a China no fue sencilla. Aunque siempre había soñado con ir a este país, sus superiores le enviaron a Japón, pero debido a problemas diplomáticos quedó retenido dos años en Macao. Allí le comunican que el padre Matteo Ricci, el gran evangelizador de China, necesitaba un colaborador más joven para asistirle en su viaje a la Corte Imperial de Pekín. Cuando los dos se encuentran en la ciudad de Nankino, Ricci le pide al joven español que aprenda a tocar el manicordio, el instrumento similar al clavicordio, que llevaban de regalo al emperador. Y en apenas dos meses, Diego de Pantoja se convierte en un virtuoso, al tiempo que aprende algo del idioma local.
El viaje hasta Pekín y el encuentro con las autoridades de palacio están relatados en unas cartas que envía en el año 1602 hasta España y que se imprimen en Valladolid un par de años después. La narración alcanza una gran popularidad en la España del siglo VII, ya que los usos y costumbres de China eran absolutamente desconocidos en Europa y el secretismo de la Corte Imperial no facilitaba las cosas. Pero el hecho de que Pantoja se convirtiera en maestro de música del palacio le permitió obtener información de primera mano que ningún europeo había manejado con anterioridad.
Las ceremonias de los mandarines, los banquetes, la formalidad y hasta las habladurías de las autoridades de la Corte aparecen por primera vez en Europa, antes de que en 1614 llegaran los escritos de Matteo Ricci, con más profundidad y extensión.
Cuadros de la época  China imperial

Cuadros de la época China imperialD.G.

Los años de Pantoja en Pekín son también fructuosos desde el punto de vista espiritual. Junto al maestro Ricci, logra evangelizar a decenas de personas, entre ellos algunas figuras ilustres, que ayudarán a la difusión del Evangelio. Este español de Valdemoro logra escribir un relato de la Pasión de Cristo en chino que durante siglos se ha mantenido en la liturgia del país. Ayudado por algún intérprete o escribano local, el texto de Pantoja mantiene un buen nivel de escritura.
Otra de las obras de Pantoja se centra en la lucha contra los siete pecados capitales. Un texto, de contenido moral, que cuenta con 15 prefacciones y posfacciones de ilustres locales, lo que da idea del éxito de su contenido. Contar con el aval de tantas personas le confirió un prestigio excepcional para ser publicado por un extranjero.
A juicio del padre Lombardi, esa capacidad para expresarse bien en el idioma de local, de involucrarse a fondo en la cultura local «le convierte en un personaje muy actual, en línea con lo que pide el Papa Francisco». Y es que Diego de Pantoja «mantiene siempre una actitud de diálogo, atento a construir puentes y dialogar con quienes se encuentra, a través de la amistad personal».
Además de aficionado a la música, Pantoja también tenía conocimientos de Astronomía, algo muy extendido entre los jesuitas de la época. Esta fue también una fuente de admiración en China, donde los conocimientos astronómicos estaban más retrasados que en Europa.
Con todo, el éxito de Pantoja en la corte Imperial tuvo un brusco final, con la expulsión de los jesuitas en el año 1616, por una persecución que comenzó en Nankino. Un viceministro del emperador escribe un libelo contra estos religiosos que culmina con su expulsión del país, lo que llevó al español a exiliarse a Macao, donde muere poco después, en 1618.
La presentación de la vida de Diego de Pantoja en Roma se enmarca en un ciclo organizado por la Embajada de España ante la Santa Sede en el Pontificio Instituto Oriental de Roma. Junto a Pantoja, también se destacan la labor del conquense Alonso de Barzana en Iberoamérica y del madrileño Pedro Páez en Etiopía. Tres jesuitas españoles que supieron llegar a las últimas fronteras conocidas en la segunda mitad del siglo XVI.
Mapa de la China del siglo XVI

Mapa de la China del siglo XVID.G.

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