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Una mujer lee L'Osservatore Romano con la noticia del nuevo Papa León XIV

Una mujer lee L'Osservatore Romano con la noticia del nuevo Papa León XIVAFP

La semblanza intelectual del nuevo Papa

León XIV: el rigor de las matemáticas, la mirada integradora de san Agustín, y la devoción a María

El nuevo Pontífice puede romper las etiquetas de «conservadores» y «progresistas», y devolver la Iglesia a una vocación donde el pre-Concilio y el post-Concilio se encuentren, sin romper el ayer con el hoy

Se preveía un cónclave largo. Que requiriese más votaciones de lo que ha venido siendo habitual desde finales del siglo XIX, al menos. Pero, por el contrario, ha resultado uno de los más breves. Se entendía que la atmósfera de desencuentro dentro de la Iglesia era densa, sobre todo debido tanto a la situación en que se halla el mundo –la polarización a la que ya nos hemos acostumbrado, con apagones nacionales que acabamos aplaudiendo desde un lado, o aranceles de Trump que aplauden desde el lado contrario–.

Pero también debido al aire que se respira dentro de la propia Iglesia, enrarecido por una acumulación de ambigüedades y gestos que, más que descolocar, han rechinado en bastante oídos. Por ejemplo, y sin tener que rebuscar mucho, mediante la declaración Fiducia Supplicans. Así que el pontificado de León ha comenzado rompiendo, sin querer, las previsiones. Los Papas suelen tener esta manía.

León XIV, cardenal Robert Prevost Martínez (Chicago, 1955), es un hombre de mixturas, y quizá eso sea lo que ha permitido a «conservadores» y «progresistas» ponerse de acuerdo tan pronto. Para empezar, es americano como Bergoglio. Sin embargo, es americano del Norte y del Sur al mismo tiempo. Sus raíces son españolas, pero también francesas e italianas. Nace en Chicago, pero desempeña gran parte de su cometido pastoral en Perú. Tiene las dos nacionalidades: la de Donald Trump y la de Vargas Llosa. Es católico, antes que nada.

Un matemático para cuadrar cuentas

Es agustino y estudió su carrera civil (Matemáticas) en la Universidad Villanova, un centro académico radicado en Estados Unidos y con el que los agustinos rinden tributo a uno de sus santos: Tomás de Villanueva.

En León XIV hay más de Villanueva de lo que muchos podrían creer. Villanueva nace seis años antes del descubrimiento de América –tierra evangelizada por dominicos y franciscanos– y, aunque él es castellano, recibe el encargo de la diócesis de Valencia.

En Valencia, al contrario que muchos de sus predecesores, no sólo reside, sino que acomete una importante labor de lo que hoy llamaríamos justicia social.

Y no lo hace sólo mediante dádivas a los menesterosos, sino gracias a una excelente gestión económica. Recordemos que hoy el Vaticano está en graves números rojos y ha llegado un matemático para cuadrar cuentas.

¿Se puede ser eficiente y a la vez caritativo? ¿Se puede ser riguroso con las cuentas y generoso con los pobres? ¿Se puede ser justo y misericordioso? León XIV, como Villanueva y como León XIII, está convencido de que sí. O eso es lo que, de momento, parece.

Un Papa postconciliar

Prevost Martínez ingresa como novicio en la Orden de San Agustín cuando es muy joven –con 22 años–, y en la etapa postrera del papado de Pablo VI. Al cabo de un lustro, con el polaco Juan Pablo II ya en la sede de Petro, recibe la ordenación sacerdotal. Tras formarse con los dominicos.

Al igual que Francisco y al contrario que los Papas anteriores, es un sacerdote postconciliar. Casi tres décadas de su vida han transcurrido en Perú, donde ha ejercido tareas de misionero y de obispo. También ha sido Prior General de la Orden de San Agustín durante doce años. Por tanto, sabe de gestión de diócesis y de entidades religiosas.

El Papa Francisco lo designó como obispo en 2014, y su consagración episcopal se llevó a cabo en Chiclayo, la diócesis peruana que el Papa le encomendó. Para unir más el norte con el sur, lo anglosajón y lo hispano, fue su compatriota James Patrick Green quien le confirió el episcopado.

Un colaborador de Francisco

A partir de entonces, podría decirse que es un hombre de Francisco, quien en 2023 lo nombra prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina; ese mismo año entra a formar parte de otros ministerios vaticanos, como el Dicasterio para la Evangelización, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, para las Iglesias Orientales, para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y para la Cultura y la Educación.

Además, es creado cardenal en 2023. Al contrario que las excepciones de Juan Pablo II, el Papa Ratzinger y el Papa Bergoglio, el nuevo Pontífice ha retomado la tradición de los últimos tiempos, y ha sido creado cardenal por el Papa precedente.

Cercano a Müller y Sarah

Pero, ¿es León un continuador de Francisco? Algunos han señalado que fray León era uno de los compañeros más cercanos de Francisco de Asís, de modo que este nombre denotaría una actitud francisquista o bergogliana.

Sin embargo, no es el caso. La propia Orden de San Agustín y la Santa Sede han aclarado que León XIV pretende mirar a León XIII, el Papa de la Rerum novarum, una encíclica esencial para entender la perspectiva de la Iglesia sobre la economía y el trabajo.

Una mirada alternativa a la de «izquierdas» y «derechas». Parece ser que Prevost ha estado muy atento, dialogante y cariñoso con cardenales como Sarah y Müller, aunque ha contado con el apoyo de una actitud moderada de los purpurados de Francisco. Parece un hombre de paz dentro de la Iglesia.

Recuerda a Juan Pablo II y a Ratzinger

León XIV se ha asomado a la plaza de San Pedro y ha mencionado al Papa Francisco con gesto sincero de agradecimiento. Pero también ha retornado a los usos previos a Bergoglio: ha recuperado el roquete, la muceta y la estola. Ha hablado en italiano, en español y en latín.

Al contrario que otros Papas, no ha sido breve, sino que ha leído un discurso –interesante: ¿cuándo lo había preparado?–. Se ha extendido más de lo acostumbrado, y ha sabido hilar improvisación y rigor. Recuerda a Benedicto XVI y a Juan Pablo II, siendo un «hombre de Francisco». Y con plena naturalidad.

En sus primeras palabras, ha aludido a la justicia social, a la unidad y a la paz. Ha sido Francisco y Benedicto al mismo tiempo. Su nombre nos enlaza con León XIII, un Papa que ocupó la Sede Apostólica durante muchos años, y que, al mismo tiempo, fue el primero que no ostentó poder temporal alguno, al revés que todos los Papas desde el siglo VIII. Otro dato más: León XIII inició su papado un par de semanas antes de cumplir 68 años; y León XIV tiene ahora 69 años.

Saludo litúrgico, agustino y franciscano

Prevost ha comenzado su Pontificado con un saludo tan litúrgico como agustino (y franciscano): «La paz esté con todos vosotros». No se trata únicamente de que pida la paz en estos tiempos de Putin, de las armas nucleares de Corea del Norte y Pakistán, y del eterno conflicto en Oriente Próximo; está hablando de Cristo, «el Buen Pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios».

Porque Cristo, al resucitar –ahora estamos en Pascua–, da la paz y la victoria definitiva sobre el Mal. «Una paz desarmada y que desarma, humilde y perseverante», dice León XIV.

A lo largo de su discurso, junto con menciones explícitas a Francisco, ha aludido, sin citarlos, a los dos Juan Pablo, mediante sus alusiones a otras palabras de Cristo –aquel «no tengáis miedo»–. Su primer discurso ha sido integrador: de puentes –para algo es el Pontifex, el hacedor de puentes–, diálogo y encuentro. Es un cónclave sin más vencedor que Cristo. Un cónclave que mira hacia atrás para echar la vista hacia delante. Su llamada a ser misioneros recuerda a Benedicto y su empeño en ser «cooperadores de la verdad».

Síntesis de lo gentil y lo pagano

Prevost también ha aludido a su condición de agustino y a san Agustín de Hipona. En su primer discurso y su primera homilía se respira otro aroma: un aroma de vivir en este mundo, junto a los que más sufren, pero con los ojos puestos en la Ciudad de Dios.

Un Papa americano de raíces españolas que tiene como maestro a un Padre africano de la Iglesia, el cual convivió con otro papa León, que entendió que la síntesis de lo gentil y de lo pagano era la vía que debía transitarse. Un Padre que decía que la paz es la aspiración de todas las criaturas de Dios, y un africano romano que sostenía que Dios no ha querido que el hombre sea el esclavo del hombre, sino que la esclavitud nos viene del pecado.

Otro detalle importante: es un Papa mariano, como ha dejado a las claras en sus primeras palabras y en su primera homilía.

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