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TribunaFederico Romero

A vueltas sobre la existencia de Dios ¿Las pruebas?

«Toda la materia encuentra su origen y existe solamente sobre la base de una fuerza. Debemos suponer, detrás de esa fuerza, la existencia de un espíritu consciente e inteligente», defendió Planck, Premio Nobel de 1918

Después de unos años en que parecía que la existencia de Dios no interesaba a casi nadie en nuestro mundo occidental, salvo las puntuales celebraciones tradicionales como la Semana Santa, la Navidad, exequias por la muerte de un allegado… etcétera, descubrimos que existen indicios de un renovado interés por revivir una relación con el mundo de la fe, dentro de un catolicismo no solo ligado a emociones ocasionales, sino convertido en una vivencia en la vida cotidiana. Signos como la aparición de los institutos seculares, aparte de convocatorias masivas como Emaús, Hakuna o las llamadas de la Iglesia hechas por las visitas papales, o años jubilares, son el notable éxito de algunas de las publicaciones sobre la cuestión de Dios recientemente producidas. Este el caso de Dios-La Ciencia-Las Pruebas, cuyos autores, Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnasies, han vendido, solo en Francia, doscientos cincuenta mil ejemplares en su primera edición (con cuatro reimpresiones).

No voy a hacer una recensión completa de esta obra, sino que, en el momento en que aparecen signos que contradicen a los agoreros anunciadores de que se avecina una época postcristiana, con pérdida de la fe, los brotes de una buena nueva renovada, que ya anticipó Juan Pablo II, lo desmienten, como el éxito del libro referenciado, que no debe tomarse como una «demostración» de la existencia de Dios sino como una documentada «apologética». Como es sabido, la apologética «es una disciplina que defiende y explica racionalmente una fe o creencia, principalmente la cristiana, para justificar su verdad frente a dudas y críticas».

Confieso que la utilización del término «pruebas» en el libro citado, en principio, me alarmó. Luego, cuando me adentré en su lectura, ya me tranquilizó respecto a la utilización de la palabra «pruebas», en plural; y vi confirmada tal actitud cuando comprobé que se refería a que -lo digo con sus propias palabras-: «En el campo empírico, como ocurre en una investigación, es necesario disponer de la mayor cantidad posible de pruebas convergentes e independientes, para alcanzar una convicción más allá de toda duda razonable. Desde esta perspectiva, este libro no pretende aportar la demostración de la existencia de Dios sino…agrupadas esas pruebas… ganarse la convicción del lector…En última instancia el lector juzgará por sí mismo».

La obra comentada nos ofrece una meritoria selección de textos de hombres de ciencia reconocidos, muchos de ellos premiados con el Nobel, cuyas citas constituyen un sólido argumentario a favor de que hoy podemos saber con certeza: que, antes del tiempo de Planck, solo existía la Nada y que, como afirma Arno Penzias (Nobel de Física de 1978), «para ser coherentes con nuestras observaciones, debemos comprender que no solo hay creación de la materia, sino también del espacio y del tiempo». El propio Planck (Nobel de 1918) nos dice: «Toda la materia encuentra su origen y existe solamente sobre la base de una fuerza. Debemos suponer, detrás de esa fuerza, la existencia de un espíritu consciente e inteligente». «Pero entonces, si la singularidad en el origen del Universo está bien establecida científicamente ¿por qué suscita tantas pasiones y tantos rechazos? Sin duda porque nos obliga a una elección imposible: entre un Universo sin causa, por un lado, y, en otro extremo, (…) el rostro Dios», se preguntan y concluyen Igor y Grichka Bodganov.

El Big Bang, nombre acuñado con carácter despectivo, ocupa un espacio central en la obra que aquí comentamos, y dio origen a varios intentos, sin mucho éxito, por quienes se sentían incomodados por la solidez de unas pruebas que apuntaban a la existencia de un Creador al que llamamos Dios. Recién publicado en 1992 un libro en el que el discípulo de Bergson, Jean Guitton, dialogaba con los referidos físicos rusos Bodganov, y llamado Dios y la Ciencia - Hacia el Metarrealismo, me quedé sorprendido de las afirmaciones contenidas en sus conversaciones y de los datos descritos de lo ocurrido en el momento inicial de la rápida historia del citado comienzo del Universo. En la conclusión apuntada en su prólogo: «El mismo Dios ¿no es ya perceptible, reconocible, casi visible, en el fondo último de lo real que describe el físico?», una vez más ha de insistirse en que, lo que la Teología afirma, es que la fe en la existencia de Dios es una gracia. Y la Lógica, que, si fuera una evidencia, no sería necesaria ésta, ni existiría la verdadera libertad que nos asemeja a Dios.

Existen posiciones que niegan su existencia, y el modelo estándar del Big Bang incomoda a ciertos científicos que oponen a ese modelo unas teorías alternativas, como la de los «multiversos» en una serie, o la «inflación caótica». A mi me parece que la honrada posición de Einstein, reconociendo su equivocación en 1923, respecto al modelo estándar y la razonabilidad creadora de Dios, asumiendo así las tesis de Friedmann y Lemaître, es la más razonable.

Las posiciones ideologizadas oscurecen la verdad. Pero la fe católica no se agota con la cuestión de un Dios creador. Creemos en un verdadero Hombre que integra y es un Dios Trinitario de personas y que, siendo Una en esencia, constituyen un misterio insondable de Amor. Nuestras creencias suman un conjunto de verdades enumeradas en el Símbolo Atanasiano, que exigen el riesgo del salto a una fe que no se puede aceptar por partes.

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