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MI TORRE DE MARFILIgnacio Crespí de Valldaura

Legalizaron el aborto, para después promoverlo y no evitarlo

Quienes se declaran hoy «progresistas» quieren romper con el pasado a toda costa, para caminar, sin una base racional, hacia un horizonte incierto llamado «progreso»

El Gobierno, no conforme con que el asesinato del aborto esté despenalizado, ha incoado un proceso para incluir dicho crimen en la Constitución Española.

Aquí, vuelve a quedar demostrado -por enésima vez- que quienes despenalizaron el aborto no se limitaron a convertir éste en un derecho, en una opción (lo cual ya es de por sí monstruoso, porque se trata de legalizar el derecho a matar), sino que fueron más allá: desde hace años, lo fomentan, lo promueven e incluso, en determinadas situaciones, te obligan (como sucedió con Alfie Evans, un caso que fue muy sonado en Reino Unido). En otras palabras, ante la disyuntiva de que una mujer aborte o no lo haga, se inclinan más por que lleve a término esta terrorífica práctica, sin ofrecer ayudas para que evite llegar hasta ese punto.

Esta conclusión no es, ni por asomo, conspirativa, sino algo evidente, palmario, tangible, empírico, demostrado, además de reiterado, puesto que algunas medidas que han sido planteadas -para disuadir a las mujeres de cometerlo o para ofrecerles ayudas con el objetivo de evitar que lo hagan- han sido tumbadas incluso por el Partido Popular.

¿Por qué no les interesa poner obstáculos a que se ejecute esta horrible práctica? Pues, una de las razones puede que sea la comodidad (así de crudo); otra, obedecer y no tratar de confrontar o contradecir al statu quo mundialista, en aras de no «generar polémica»; una tercera, tener a la sociedad alejada de la ley natural y de los valores cristianos elementales, para que así sea más manipulable, dúctil y maleable; pero la razón principal de todas es la que voy a desarrollar a continuación, en el siguiente párrafo.

La gran causa de que se fomente el asesinato del aborto es el ‘ismo’ del progresismo, el «progreso por el progreso», elevado a ideología. Esta quimera estriba en la idea de «avanzar por avanzar», en caminar hacia adelante por el mero hecho de caminar hacia adelante, sin posar la vista atrás, sin tener en cuenta los valores del pasado; en definitiva, el objetivo es eliminar cualquier contacto con nuestra tradición, que es la cristiana occidental, con la máxima de encaminarnos hacia un horizonte indefinido.

De esta guisa, que se promueva la ideología de género y el wokismo, doctrinas que tratan de subvertir la lógica natural, que discute que los hombres son hombres y las mujeres, mujeres, bajo la idea de que es una creencia arcaica o antañona, una «construcción cultural» impuesta, perpetuada a lo largo de los siglos.

El progresismo es una creencia mística cuyo origen reconocido se encuentra en el filósofo presocrático Heráclito de Éfeso (540-470 a.C., aproximadamente); y esto no lo digo yo, sino Friedrich Hegel, uno de los padres –por no decir el puntal– de la ideología progresista.

Hegel estableció que la humanidad se encuentra en un constante estado de progreso, en un devenir que va rompiendo sistemáticamente con lo anterior, caminando hacia adelante sin posar la vista atrás. Como he indicado en el párrafo anterior, esta idea la cogió del filósofo presocrático Heráclito de Éfeso, quien decía que «todo fluye» (panta rei), véase que todo avanza hacia el futuro sin deberle nada al pasado.

Esta creencia mística de Heráclito de Éfeso, fechada entre los siglos seis y cinco antes de Cristo, es previa a Sócrates (470-399 a.C., aproximadamente), véase a que el mundo griego descubriese la razón. Así pues, se trata de una religión pagana, sin una fundamentación racional, unos quinientos años anterior a la venida de Jesucristo al mundo.

Esto explica, de manera muy meridiana, el hecho de que quienes se declaran hoy «progresistas» quieran romper con el pasado a toda costa, para caminar, sin una base racional, hacia un horizonte incierto llamado «progreso». Creen en «el cambio por el cambio», porque sí, influenciados por una creencia mística cavilada por un filósofo presocrático.

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