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Caridad y Esther, con Juan Pablo II

Caridad y Esther, en el centro, con Juan Pablo II en el Vaticano

León XIV visitará en Argelia la casa donde fueron martirizadas dos monjas españolas

Las beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez fueron asesinadas en 1994 en su residencia de Bab El Oued mientras asistían a misa

La agenda papal no da más detalles, pero el próximo lunes, cuando un Pontífice pise por primera vez en la historia suelo argelino, una de las paradas que están previstas será en Bab El Oued, donde realizará una visita privada a las agustinas misioneras que allí residen. ¿Qué lleva al Papa agustino a detenerse en este lugar en la costa del Mediterráneo?

Para entenderlo hay que retroceder a 1994, cuando en Argelia se desató una oleada de violencia contra todos los extranjeros, pero que se centró en los religiosos misioneros. La situación de peligro extremo, por lo que el arzobispo de Argel instó a las comunidades religiosas a que hicieran un discernimiento sobre si debían permanecer o abandonar la misión. Las religiosas agustinas Caridad Álvarez y Esther Paniagua decidieron quedarse, pese a ser perfectamente conscientes de lo arriesgado de su elección. Poco después, el 23 de octubre de 1994, recibieron varios disparos que acabaron con su vida cuando acudían a misa.

Juan Pablo II bendice a Esther Paniagua

Juan Pablo II bendice a Esther Paniagua

León XIV quiere ahora recorrer ese lugar regado con la sangre de las dos españolas mártires, que perdieron la vida junto a otros 17 sa­cer­do­tes y re­li­gio­sos que mu­rie­ron en­tre 1994 y 1996 en Ar­ge­lia. Todos ellos fueron beatificados el 8 de diciembre de 2018 en el país norteafricano. Era la primera vez que Argelia acogía una ceremonia de beatificación.

Oración y discernimiento

Mª Jesús Rodríguez, que en ese momento era la superiora provincial de las agustinas misioneras, estuvo presente en ese discernimiento donde Caridad y Esther decidieron quedarse. Mª Jesús viajó a principios de octubre de 1994 hasta Argel y reunió a las 12 religiosas que estaban en el país, según ha explicado ahora en una entrevista que ha concedido a las Obras Misionales Pontificias (OMP).

La entrevista completa a las religiosas que conocieron a las mártires españolas

La entrevista completa a las religiosas que conocieron a las mártires españolas

«La pregunta fundamental era: ¿qué voy a hacer yo a nivel personal? ¿Permanecer o salir provisionalmente? Las dos cosas eran legítimas y muy buenas, porque la amenaza que tenían era triple: por ser extranjeras, por ser cristianas y por estar ahí, nada más», señala la antigua provincial. Acompañadas de monseñor Henri Teissier, arzobispo de Argel, dedicaron varios días a la oración a la luz de la Palabra de Dios, para discernir qué quería el Señor para el pueblo argelino. «Trabajábamos en varios hospitales, en guarderías de la Media Luna Roja, en la promoción de la mujer argelina… Y no es que fuéramos necesarias, lo único que queríamos era estar y acompañar la vida en ese momento de dificultad», rememora Mª Jesús.

El día 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario, cada hermana dio personalmente su decisión: «Se fueron pronunciando personalmente, que se quedaban». Celebraron la Eucaristía y se ofreció en ella esa decisión personal y comunitaria. «Nos sentíamos más libres después de haber tomado esa decisión», apunta.

«Ya hemos entregado la vida»

Resulta sobrecogedor escuchar la respuesta que daban cuando se les preguntaba: ¿Y si os pasa algo? A lo que las futuras mártires solían repetir: Si nos pasa algo, nadie nos quita la vida, porque ya la hemos entregado. Mª Jesús permaneció en Argel durante unas semanas más y fue testigo del asesinato de Esther y Caridad. «Era la Jornada del Domund, y las misioneras recordaron lo mucho que se estaría rezando por los misioneros en el mundo, y se dispusieron a salir para misa», señalan desde la OMP. «Llegó la hora de acercarnos a misa; la habían adelantado una hora para no terminar tan de noche, y Esther y Caridad salieron primeras. El embajador nos había dicho que, por seguridad, nunca saliéramos las cuatro juntas, sino de dos en dos», rememora Mª Jesús.

Una agustina ora ante la tumba de las dos mártires

Una agustina ora ante la tumba de las dos mártiresJesús G. Feria

«Después salimos otra hermana y yo, y en el camino, ya cerquita, escuchamos dos disparos. La gente nos decía que nos fuéramos, y entramos en una casa que lindaba con el patio de las Hermanitas de Foucauld, donde íbamos a la misa, y en ese momento oíamos llanto», prosigue la religiosa. «Evidentemente pensamos que había pasado algo con algún cristiano, pero no imaginamos que eran nuestras hermanas… hasta que hablamos a través de la pared con una de las hermanitas, que nos dijo: Esther y Caridad», prosigue.

Tras ser reconocido su martirio, las familias y las hermanas pudieron regresar en 2018 a Bab El Oued. «Después de muchísimo tiempo, pudimos volver a la casa, y celebramos en la capilla la primera Eucaristía tras el martirio», apunta Ana Mª Guantay, actual superiora general de las agustinas misioneras. «Me emociono al recordarlo, porque era un lugar sagrado por la vida de las hermanas», confiesa.

En la actualidad, las agustinas misioneras han reconvertido esta casa en un centro de acogida y amistad para niños y mujeres argelinos. «Ayudamos a que esos niños vivan también una experiencia de paz, de que se puede vivir, no importa las culturas y la tradición religiosa que tengamos: Dios nos hermana en el bien, en el amor, en la capacidad de ponernos en pie unos a otros», concluye.

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