El Papa León XIV firma Magnifica Humanitas, su primera carta encíclica
¿Quiénes son las ocho mujeres que León XIV pone como ejemplo en su encíclica sobre la IA?
El Papa ha citado a ocho mujeres de fe, ciencia, educación, política y compromiso social para recordar que la historia cambia cuando cada persona se toma en serio la dignidad humana
En su encíclica dedicada a la naturaleza humana frente al desarrollo de la Inteligencia Artificial, León XIV no se limita a la mera disertación teórica, sino que plantea propuestas concretas y testimonios reales de personas cuyas vidas resultan un aliento de esperanza ante un futuro incierto.
Lo que llama la atención a primera vista es que no habla de programadores, directores de laboratorio, creadores de algoritmos o CEOs de empresas tecnológicas, sino de personas corrientes que lograron cosas extraordinarias. Y, entre los ejemplos que escoge, destaca un grupo de mujeres.
Ocho, concretamente, entre las que hay santas, científicas, educadoras, misioneras, activistas y dirigentes políticas, de distintos continentes, de distintos credos y hasta de muy diferentes destinos.
El párrafo aparece en un momento decisivo de Magnifica Humanitas, cuando el Papa recuerda que el bien no avanza de manera automática. Ni la técnica, ni las instituciones, ni el progreso material bastan por sí solos. La historia cambia –sostiene el Pontífice– cuando «al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos». Y es en ese momento en el que cita a Martin Luther King, Nelson Mandela y, después, a ocho mujeres que «han contribuido a hacer más humana la historia».
Frente a la tentación de creer que la humanidad puede ser sustituida, optimizada o superada por la técnica, León XIV propone el testimonio de vidas concretas y recientes(todas vivieron a lo largo del siglo XX e incluso XXI), en las que la inteligencia, la fe, la maternidad espiritual, la búsqueda de la verdad, el esfuerzo por el desarrollo o el compromiso político al servicio del bien común se convirtieron en actos transformadores de sus entornos.
Son, en rigor, perfiles muy distintos. Algunas pertenecen al santoral católico. Otras no. Algunas vivieron entre los pobres; otras en laboratorios, aulas, selvas, parlamentos o campos de batalla culturales. Pero todas encarnan una misma intuición: la fecundidad espiritual encarnada en aquello que Juan Pablo II denominó como «el genio femenino», y la encarnación de que la grandeza humana no consiste en dominar más, sino en cuidar mejor.
Santa Laura Montoya, la maestra que educó y evangelizó sin complejos
Laura Montoya nació en Jericó, en la región colombiana de Antioquia, en 1874, y fue maestra antes que fundadora.
La Santa Sede la presenta como «maestra de misión en América Latina» y servidora del Evangelio. En 1914 fundó la congregación de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, con una atención especial a los pueblos indígenas. Canonizada por Francisco en 2013, fue la primera santa colombiana.
Su presencia en la encíclica recuerda que la dignidad humana no se defiende sólo a través de grandes declaraciones, sino también, y sobre todo, elevando la mirada por encima de las fronteras sociales y culturales, para educar, acompañar y evangelizar, sin despreciar al otro y sin negarle lo más importante: el conocimiento de Jesucristo.
Santa Teresa de Calcuta, la dignidad de los últimos
Teresa de Calcuta sigue siendo uno de los nombres más reconocibles del siglo XX. Nacida como Anjezë Gonxhe Bojaxhiu, fundó las Misioneras de la Caridad y entregó su vida a los pobres, enfermos y moribundos de Calcuta.
Beatificada por su entrañable amigo san Juan Pablo II, y canonizada en 2016 por Francisco, el Papa argentino dijo de ella en la homilía de su canonización que su misión en las periferias urbanas y existenciales era un testimonio de la cercanía de Dios a «los más pobres entre los pobres».
En una encíclica sobre IA, su inmensa figura vuelve a erigirse como contrapeso: ninguna sociedad puede llamarse avanzada si no sabe arrodillarse ante el débil. Y mientras la cultura actual busca a toda costa el beneficio económico y el progreso tecnológico, Teresa de Calcuta, icono moderno de la caridad cristiana, vuelve a recordar que la lógica de la Iglesia –que es la lógica de Dios– sigue otros caminos, que son para el mundo «escándalo y necedad».
Dorothy Day, una periodista conversa
Dorothy Day fue periodista, conversa al catolicismo, activista social y cofundadora del Catholic Worker Movement. Su vida unió prensa, hospitalidad, auténtico pacifismo, defensa de los trabajadores y atención directa a los pobres. Declarada Sierva de Dios en el año 2000, Day sigue siendo una figura incómoda y luminosa del catolicismo social estadounidense contemporáneo.
La figura de Dorothy Day recuerda la importancia del servicio a la verdad frente al peligro de la manipulación propiciada por la IA. Y también que la batalla de las ideas está llamada a convertirse en obras de misericordia concretas cuando no se limita a describir el sufrimiento, sino que obliga a mirarlo de frente y a implicarse en él.
Maria Skłodowska-Curie, la ciencia como servicio
Marie Curie fue la primera mujer en recibir un Nobel y la primera persona en recibir dos premios Nobel en disciplinas científicas distintas: Física, en 1903, y Química, en 1911. Sus investigaciones sobre la radiactividad abrieron caminos decisivos para la ciencia y la medicina moderna.
Su inmensa figura sigue siendo un testimonio inspirador para millones de personas en todo el mundo. Un motivo por el cuál León XIV la cita en una encíclica sobre IA, precisamente como un modo de demostrar que el desarrollo científico puede engrandecer al ser humano cuando se orienta a conocer la realidad creada por Dios, y aliviar el sufrimiento humano, no a dominar sin límite.
Maria Montessori, la educadora que miraba a los niños de forma nueva
Maria Montessori, nacida en Italia en 1870, fue médico, pedagoga y una de las grandes renovadoras de la educación contemporánea. Su método partía de una convicción profundamente humanizadora: el niño no es un recipiente pasivo, ni la pieza de un engranaje de producción, sino una persona con dignidad infinita, capacidades propias, ritmo interior y necesidad de libertad ordenada.
En el contexto de la IA, María Montessori –que dejó también escritos bellos pasajes sobre su fe– muestra cómo mirar hacia el futuro de las nuevas generaciones, no para generar seres productivos sino para educar personas de profunda libertad interior. Porque un software puede transmitir contenidos a gran velocidad y con enorme precisión; pero sólo una comunidad humana puede educar de forma integral e insertarnos en nuestra propia historia.
Elisabeth Elliot, perdón tras la tragedia
Elisabeth Elliot fue misionera, escritora y conferenciante cristiana. Su vida quedó marcada por el asesinato de su marido, Jim Elliot, en Ecuador, mientras intentaba evangelizar al pueblo huaorani. Lejos de quedar encerrada en el resentimiento, Elisabeth continuó su misión y se convirtió en una referencia espiritual para varias generaciones de cristianos.
Su nombre en la encíclica introduce una dimensión decisiva: hacer más humana la historia exige no entregar el futuro al odio. Y también no renunciar a la evangelización expresa, al anuncio del Evangelio a las comunidades que aún no lo conocen, sin excusas culturales ni respetos humanos.
Wangari Maathai, plantar árboles sí, pero para defender a las personas
La keniana Wangari Maathai fundó en 1977 el Green Belt Movement, un movimiento de reforestación y promoción de mujeres. Nobel de la Paz en 2004, vinculó la verdadera ecología, la democracia, la lucha contra la pobreza y la promoción de la dignidad entre las comunidades rurales.
El Comité del Nobel destacó que Maathai ayudó a infinidad de mujeres a plantar más de 20 millones de árboles en granjas, escuelas e iglesias.
Su vida encaja en la lógica de la ecología integral propuesta ya por Benedicto XVI, y que se aleja de los dogmas del ecologismo ideológico: cuidar de la tierra es una labor imprescindible cuando se somete al cuidado de los pobres, sin invertir el orden.
Porque sólo desde esa perspectiva, todo el desarrollo (ecológico, tecnológico, político o económico) queda supeditado al respeto por la dignidad de la persona humana. Si se invierten los términos: ¿por qué debería el hombre estar por encima de la dictadura tecnocrática, si no está por encima de una foca, una ballena, un musgo o un microecosistema amazónico?
Benazir Bhutto, una mujer en el corazón de la política imposible
Benazir Bhutto fue primera ministra de Pakistán en dos etapas y la primera mujer en dirigir un país musulmán en la era moderna. Educada en Harvard y Oxford, vivió exilio, persecución política y una carrera marcada por luces, sombras y enormes tensiones internas. Fue asesinada en Rawalpindi en 2007 durante la campaña electoral.
Su inclusión no canoniza una trayectoria política que difiere notablemente de la propuesta de la Iglesia, pero sí reconoce el peso histórico de una mujer que abrió una puerta en un contexto donde el poder parecía reservado a los jerarcas teocráticos musulmanes. Además, en un momento en que lo que está en juego plantea una figura de referencia para el mundo islámico, mucho más respetuosa con la dignidad humana que las constricciones del radicalismo que actualmente vuelve a instalarse con fuerza en los regímenes musulmanes.
El «genio femenino» en la historia
Estas ocho vidas no forman una lista perfecta ni uniforme. León XIV no presenta un catálogo de biografías impecables, sino una constelación de mujeres que, desde lugares muy distintos, vivieron lo que Juan Pablo II definió como «el genio femenino», capaz de hacer que la historia se vuelva más humana y fecunda. Porque «fecundidad» no es sinónimo de «productividad», ese gran paradigma de la IA.
Cada una de estas historias supone un testimonio inspirador, que muestra lo que acontece cuando alguien decide servir, cuidar, enseñar, descubrir, perdonar, crear, escribir o gobernar anteponiendo al cálculo del poder la insondable dignidad de la persona, creada por Dios a su imagen y semejanza.