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DE HARO 05

Fernando de Haro, durante su visita a El DebateNacho Rodríguez de Tapia

Entrevista al periodista Fernando De Haro  «En México, la Iglesia no se vende como sí se venden los políticos. Por eso los curas son asesinados»

Hasta ochenta sacerdotes han sido eliminados en el país hispanoamericano en los últimos años por defender a los pobres frente a los cárteles de la droga: «Es difícil imaginarse el grado de violencia en el que se vive», lamenta el documentalista

Necesita poca presentación, porque es un periodista con un largo recorrido a sus espaldas. Fernando de Haro (Madrid, 1965) es una voz radiofónica de las reconocibles; no en vano lleva más de dos décadas en los micrófonos de Cope. Pero tiene otra vertiente, tal vez menos conocida: la de cineasta y documentalista. Su último trabajo le ha llevado a América, donde ha rodado el documental Vida en México, en el que recoge la situación que viven numerosos sacerdotes mexicanos perseguidos –y asesinados– por los cárteles de la droga.

–¿Cómo se le ocurrió meterse en ese avispero?

–Yo vengo haciendo, desde hace ya 12 años, una serie de documentales patrocinados por el Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, sobre países donde los cristianos son perseguidos. Eso me ha llevado por muchos rincones del mundo. Pero la situación de México es poco conocida, porque en realidad es un país mayoritariamente católico.

Tuvieron problemas con el Estado en otro momento de su historia, ahora hay algunas restricciones, pero no hay un problema serio por parte del Estado. No se puede hablar de persecución por parte del Estado, ni mucho menos. Y tampoco hay grupos extremistas como el yihadismo o como el hinduismo, que dominan en otras zonas del mundo.

Pero sí del narcotráfico, del crimen organizado, que tiene en el punto de mira a muchos sacerdotes, porque, en realidad, estos sacerdotes o catequistas son los que defienden a la gente que no tiene defensa.

–Usted ha explicado en otros foros que algunos de los asesinos incluso son católicos... Nominalmente, al menos. Pero eso no les frena a la hora de decidir si el sacerdote es un obstáculo para su negocio...

–El problema es que el juez, el político y el policía no defienden a la gente. O sea, que el crimen organizado tiene su coartada: las instituciones. Y la Iglesia Católica representa, digamos, una instancia de libertad. Es decir, no se vende como sí se venden los políticos. Por eso están en el objetivo. Los sacerdotes están defendiendo a la gente; por ejemplo, en el sur a los indios.

Yo estuve rodando en Chiapas. El crimen organizado quiere desplazar a comunidades indígenas completas. Y quien está ahí es el párroco, que está atendiendo a la gente, o el catequista, y se convierten en un obstáculo. Pero es verdad que esos sicarios del crimen organizado son, al menos, de cultura católica.

La historia del padre Marcelo

–Y, si no me equivoco, en torno a 80 curas han sido asesinados en los últimos años en México. Imagino que algunos de ellos habrán alcanzado un grado de virtudes heroicas que les podrían abrir el paso a la santidad.

– Sí, sí. El asesinato del padre Marcelo, que su vida es realmente heroica, porque es un hombre de unos orígenes muy sencillos y contó con muchos testimonios de los miembros de su familia. Después de ser ordenado sacerdote, se dedicaba a la parroquia. No es que él tuviese, digamos, grandes construcciones teóricas sobre cómo había que ayudar a la gente. Simplemente era un párroco de un pueblo. La gente empieza a venir a contarle sus historias. Él se pone a ayudarlos, como haría cualquier párroco en cualquier parroquia. Y todo eso le enemista con el crimen organizado, que se pone nervioso por lo que está haciendo el padre Marcelo. Le amenazan varias veces. Ahí el heroísmo es no echarse para atrás. Cuando te están diciendo: Si sigues por eso camino, te voy a matar, sabes que lo van a hacer. Me lo contó su hermana. En nombre del Evangelio, quería defender a esas personas que estaban siendo coartadas por el crimen organizado. O sea, que ciertamente la suya es una vida heroica, como la de muchos que conocemos.

De Haro acaba de presentar el documental

De Haro acaba de presentar el documental 'Vida de México'Nacho Rodríguez de Tapia

México no es un narcoestado, pero hay muchas zonas de México que funcionan como un narcoestado. ¿Qué quiere decir? Que son zonas donde no entra el ejército, no entra la policía. Si tú quieres entrar en esa zona, tienes que tener permiso del cártel. Yo estuve grabando en una zona en la que tenía que tener permiso del cártel para poder grabar. Claro, ejercer el sacerdocio ahí, cuando ejercer el sacerdocio supone denunciar los asesinatos, la violencia...

Es difícil imaginarse el grado de violencia en el que se vive. El poder del cártel está en el terror, en asesinar a alguien, en exhibir su cuerpo, en hacer desaparecer gente. Y ahí, por ejemplo, muchos sacerdotes hacen una labor realmente impresionante con las madres buscadoras, que son las madres a las que el crimen organizado les ha asesinado a alguien –a sus hijos fundamentalmente– y han hecho desaparecer el cadáver. Imagínate el sufrimiento y el duelo que supone para una madre que ni siquiera puede enterrar a su hijo... Es heroico, porque tú sabes que, si te pones de su lado, el crimen organizado te va a amenazar o te puede llegar a asesinar.

¿Y el Gobierno?

–¿El Gobierno mexicano realmente quiere acabar con ese clima de violencia extrema?

–El problema es que el narco y el crimen organizado están muy infiltrados en las instituciones. La actual presidenta presume mucho de haber reducido la violencia. Es mentira, porque ha descendido el número de muertos, pero ha aumentado el número de desaparecidos. ¿Qué más me da si están muertos o desaparecidos, si los desaparecidos están muertos? O sea, en este momento. Sheinbaum no está mostrando capacidad para acabar con la violencia.

Y luego es que muchos niveles del Gobierno del Estado –municipales, por supuesto; de cada uno de los estados, y del Estado nacional– están infiltrados por el narcotráfico. Casi nunca sabes dónde están los buenos y los malos. Si tú vas a una guerra, allí está un bando y aquí está el otro bando. En este caso, el crimen organizado está entretejido dentro de la vida mexicana.

–¿Y qué le decían esos sacerdotes que sabían que se la estaban jugando?

–Es una cosa muy sorprendente. Es muy llamativa, porque tú estás hablando con personas que están amenazadas seriamente. Cuando un cártel te amenaza en México... Poca broma, poca broma. Son personas que saben que, al día siguiente, pueden perder la vida. Y es sorprendente la luminosidad que hay en esas vidas, porque la pasión por el Evangelio, la pasión por su fe, les hace continuar.

Fíjate que haciendo las entrevistas con el padre Filiberto, con el que además estuve recorriendo una parte del estado de Guerrero, íbamos en una camioneta blindada con dos soldados que iban con fusiles de repetición. Este me decía: Mira, yo en cualquier momento, me pueden matar. Y luego, cuando volví a España, algunas de las entrevistas que había hecho a alguno de los sacerdotes, me llamaron para contarme: Oye, me han amenazado. ¡Y todavía no se había puesto en circulación el documental! Yo les dije que por encima de todo estaba su seguridad, y que podía suprimir su testimonio. Pero me respondieron: No, nos da igual. Es más importante denunciar la situación. Eso es muy impresionante.

–Seguro que dentro de unos años veremos a algunos de ellos elevados a los altares como mártires...

–Yo lo creo. También hay que tener en cuenta una cosa: No es que alguien les haya dicho: Reniega de Jesucristo o te mato. Pero claro, es que el Evangelio tiene también una dimensión social. La libertad religiosa no es solo poder decir yo creo en Jesús o yo creo en la libertad religiosa; es también la dimensión social. Es decir, reclamar la dignidad de las personas, proteger a las personas frente a un poder que muchas veces es perverso. Esa es una cosa muy interesante en México. Allí comprendes que la libertad religiosa no es solo poder celebrar misa, poder hacer una profesión de fe. La libertad religiosa tiene una dimensión pública, social, que es fundamental. El sacerdote tiene derecho a defender la dimensión social del Evangelio y la doctrina social de la Iglesia sin que por eso le quiten la vida.

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