Manny Pacquiao saliendo vencedor en una de sus muchas legendarias peleas de boxeo
Las reveladoras declaraciones de la leyenda del boxeo Pacquiao: «Mi meta este año es traer dos almas a Dios»
El luchador filipino ha pasado de una rutina diaria ligada a la ludopatía y el alcoholismo a una vida centrada en el Evangelio
Dentro del mundo de las artes marciales, solo existe una persona en todo nuestro planeta que haya sido capaz de alzarse campeón de hasta 8 categorías de peso distintas: la ya histórica leyenda del boxeo Manny Pacquiao.
Este célebre luchador filipino ha sorprendido al mundo con una impresionante conversión al cristianismo. El encuentro con Jesús cambió radicalmente su vida: pasó de estar rodeado de bebidas alcohólicas y juegos de azar a leer todos los días el Evangelio. «Dios cambió mi corazón», afirmó el pasado lunes en el congreso Arise Asia 2026, celebrado en Manila (Filipinas). Este evento está dirigido a los grupos étnicos marginados de todo el continente asiático.
Un estilo de vida plagado de vicios
A medida que la fama de Pacquiao crecía a nivel global en los años 2000, también aumentaron sus excesos. La adulación mediática lo arrastró a un estilo de vida que él mismo ha calificado públicamente como «un mundo de pecado».
El boxeador era adicto a los casinos, las peleas de gallos ilegales en Filipinas y las mesas de póker, donde dilapidaba fortunas en una sola noche. También dirigía clubes nocturnos y pasaba muchas madrugadas bebiendo con su círculo de amigos. Tal era la autodestrucción personal que le causaba este estilo de vida que en varias ocasiones su matrimonio con Jinkee Pacquiao estuvo al borde del divorcio.
El cambio radical
Pacquiao, viendo su lamentable situación vital y tras experimentar un gran vacío existencial, arrancó un camino de búsqueda que le cambiaría la vida radicalmente. Tras varias situaciones que interpretó como intervenciones divinas, decidió entregar su vida a Jesucristo y aceptar el bautismo bajo la fe cristiana evangélica.
Su propio entrenador, Freddie Roach, llegó a declarar que este cambio religioso le devolvió la lucidez física y el foco mental que necesitaba para prolongar su carrera en el boxeo durante una década más.
¿Cuántas almas traes al reino de Dios durante tu vida en esta tierra?
Han sido especialmente reveladoras las palabras que Pacquiao ofreció a las más de 4.000 personas asistentes al congreso Arise Asia.
Gran parte de su discurso estuvo centrado en el apostolado personal. Citando el evangelio de san Mateo, llamó a los creyentes a comprometerse de manera personal con la fe: «Debemos fijarnos una meta en nuestra vida cotidiana: a cuántas almas podemos apuntar en un año para traerlas al reino de Dios», afirmó.
Pacquiao se dirige a los asistentes del Congreso Arise Asia 2026 el pasado lunes
Incluso se animó a compartir públicamente sus objetivos apostólicos: «Mi meta este año es traer dos almas al reino de Dios. Solo dos. Y luego el próximo año, tal vez pueda lograr cinco almas. Esa es mi meta en la vida. Los animo a hacer lo mismo». Enmarcó esta urgencia en términos de la mortalidad humana. La vida, dijo, es «como una niebla matutina que aparece y desaparece». Frente a esa brevedad, cuestionó: «¿Cuántas almas traes al reino de Dios durante tu vida en esta tierra? Esa es la pregunta al ser cristiano».
La leyenda del boxeo también aprovechó para advertir sobre los posibles peligros para obtener la salvación eterna: «El mayor obstáculo para que una persona se salve es asumir que es lo suficientemente buena para ir al cielo», sostuvo.
Vinculó este orgullo, en ocasiones tan corriente entre algunos fieles, con la falta de lectura constante del Evangelio y la oración, lo que, según argumentó, deja a los creyentes incapaces de resistir la tentación o mantenerse fieles: «Los animo a leer la Biblia día y noche, (...) así es como se fortalecen».
Concluyó su intervención comentando lo que él considera que debe ser lo más importante en la actitud de un cristiano: «La forma en que tratamos a los demás, la forma en que nos comunicamos, la forma en que nos humillamos por los demás (...): eso es lo más importante».