03 de diciembre de 2022

Ricardo Piñero, durante su entrevista para El Efecto Avestruz

Ricardo Piñero, durante su entrevista para El Efecto AvestruzACdP

Ricardo Piñero: «Hoy es necesario dar la batalla por la normalidad»

El catedrático de Estética defiende en El Efecto Avestruz la necesidad de que el cristianismo ilumine la cultura contemporánea y defiende la sencillez de vivir en belleza

«La cultura es siempre un camino de ida y vuelta: no es solo nuestra creación; también es una proyección de lo que somos», defiende el catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra Ricardo Piñero. Es uno de los impulsores del Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea, que se ha empezado a impartir este curso, y esta semana visita El Efecto Avestruz, el programa de entrevistas de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), para hablar sobre la relación entre belleza, verdad y fe.
–A algunos esto de «cristianismo y cultura contemporánea» les sonará a oxímoron.
–Se podría pensar que hay algún desajuste ahí, o que venimos a contar algo nuevo, pero en realidad no es nada de eso. El cristianismo siempre ha sido contemporáneo a su cultura, y desde su fundación Cristo habla de las cosas que pasan en el día a día. Creo que el cristianismo tiene mucho que decir sobre lo que pasa en cada momento de la historia: también hoy.
–Cuando presentaba el máster en Madrid decía que «Cristo no era un cenizo», ¿lo ve como una tentación de los cristianos actualmente?
–Las formas más estables de entender la religión a veces tienden a ser un poco apocalípticas, sí. Yo creo que no estamos mucho peor que en otras ocasiones… ni tampoco mucho mejor. Es cierto que nuestro tiempo y nuestro lugar es una Europa occidental descristianizada, o paganizada, y un mundo lleno de conflictos, pero no creo que debamos considerarlo desde una perspectiva agorera. Todo lo contrario: el cristianismo siempre nos aporta un mensaje de esperanza. Nos recuerda que hay mucho por hacer, y –dentro del ámbito universitario– nos aporta también un compromiso muy concreto.
–¿Cuál?
–La verdad. En un escenario tan complejo, donde hay tanto profeta de la posverdad y tantos niegan que la verdad exista, las universidades cristianas debemos ir a nuestro punto de referencia, a Jesús de Nazaret, que nos dice con toda sencillez: «Conoceréis la verdad».
Ricardo Piñero

Ricardo PiñeroACdP

–En alguna ocasión ha criticado la «soberbia intelectual» de quien tiene un sistema cerrado.
–Sí, hemos de vacunarnos contra ella, y también contra la indiferencia que nos inyecta la sociedad. El compromiso con la verdad nace de saberse ignorantes, y gracias a esta humildad se genera una cultura incansable que –en su mejor expresión– aúna una concepción trascendente de la vida con una defensa de lo inmanente, de lo concreto. El cristianismo es siempre una llamada a la verdad, al compromiso y a mirar a otros. A aprender de otros y servir a otros.
–Recientemente publicó el libro Vivir en belleza, ¿qué significa vivir así?
–Ese libro fue un regalo para mi esposa después de 25 años de matrimonio: para mí la belleza es un encuentro con algo o alguien que te cambia la vida para siempre. Vivir en belleza es estar atentos a la realidad, sin hedonismos: creo que hay cosas tremendamente interesantes en la vida que son dolorosas, empezando por el propio parto. Vivir en belleza es la plenitud de lo cotidiano, de las personas con las que comparto mi día. Eso nos hace dar algo muy importante a día de hoy: la batalla por la normalidad. Hoy todo tiene que ser el «más difícil todavía», valora lo difícil, lo retorcido… La batalla de la normalidad está justamente en reconocer el valor de lo ordinario.
–Es usted catedrático de Estética, ¿la batalla de la normalidad también se libra en el campo del arte?
–En una de sus críticas de arte, Ramón Gómez de la Serna comentaba algo sobre el arte contemporáneo de su época, que en algunos aspectos se parece al nuestro. Decía que a veces de tanto variar y buscar la variación se termina desvariando. Y yo soy un gran defensor de la diferencia, pero empeñarlo todo a lo original y al último grito… Las cosas son como son, y si uno se empeña en retorcerlas, lo que tiene son cosas retorcidas, así de sencillo.
Ricardo Piñero

Ricardo PiñeroACdP

–Incluyendo en esta cuestión el tema inicial: ¿dónde queda hoy el arte sacro?
–Cuando nos planteamos por qué no hay una presencia de arte sacro en las historias del arte contemporáneo tan potente como en otras épocas, hay dos respuestas. O bien no hay arte sacro -cosa que no es cierta- o bien porque no tiene la valoración que tenía, que es una respuesta más ajustada. Se sigue haciendo arte sacro, y con muy buen gusto. En el máster, yo imparto la asignatura ‘Arte, belleza y trascendencia’. ¿Quiere eso decir que solo es trascendente el arte sacro, o que solo es bello el arte trascendente? No, hay muchos matices. Por eso no me preocupan las relaciones, a veces complicadas, entre el arte contemporáneo y los espectadores. Hoy rechazamos todo aquello que se da de forma instantánea, pero el arte requiere otra actitud: tenemos que dejar espacios de crecimiento personal, interior, de escucha.
–En la contemplación del arte, ¿prima la sentimentalidad sobre lo racional?
–La estética es una activación del ser humano al completo, y eso tiene mucho que ver con la sensibilidad y con la racionalidad. Pero si el único criterio con el que valoramos el arte es si me dice algo a mí, si yo siento algo… bueno, eso es bastante relativista, subjetivista, individualista: traducido, es bastante pobretón. Deberíamos reconocernos siempre ignorantes en todo, y aquí lo primero es entender el lenguaje, escuchar la propuesta del artista, que luego compartirás o no. Muy pocas obras no nos dicen nada, siempre que les demos su lugar y su tiempo.
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