Fundado en 1910
El cardenal Robert Sarah acaba de presentar su último libro

El cardenal Robert Sarah

El religioso enfermo de esclerosis múltiple que inspiró a Robert Sarah a escribir 'La fuerza del silencio'

El hermano Vincent-Marie de la Resurrección vivió sus últimos años en un diálogo silencioso con Dios y con el cardenal africano, mostrando cómo la fe puede brillar incluso en el sufrimiento más profundo

La vida y la fe a veces se cruzan de manera inesperada. Para el cardenal Robert Sarah, el silencio de un joven religioso francés, inmovilizado y consumido por la esclerosis múltiple, se convirtió en una lección de espiritualidad y amistad que daría forma a su libro La fuerza del silencio.

El hermano Vincent-Marie de la Resurrección vivió sus últimos años sumido en un diálogo silencioso con Dios, mostrando que la fe puede brillar incluso en el sufrimiento más profundo. Como escribía el coautor y periodista francés Nicolas Diat en el prólogo del libro, «el hermano Vincent-Marie vivía ya en esta tierra inmerso en el gran silencio del Cielo».

Inmovilizado en plena juventud, postrado en el lecho de la enfermería y sometido a estrictos protocolos médicos, incluso el aliento más débil era un esfuerzo titánico. Diat señalaba que aquel confinamiento permitió al religioso experimentar una realidad que Sarah captó en toda su profundidad: un silencio interior capaz de escuchar la música de Dios, de fomentar la oración confiada y de fortalecer las relaciones auténticas con quienes lo rodeaban.

Una mirada con color a eternidad

El primer encuentro entre el cardenal guineano y el hermano Vincent tuvo lugar el 25 de octubre de 2014 en la abadía de Lagrasse, un monasterio entre Carcasona y Narbona, en Francia. «Imposible olvidar la fuerza espiritual del hermano Vincent, su silencio, la belleza de su sonrisa, la emoción del cardenal, las lágrimas, el pudor, los sentimientos encontrados…», recuerda el autor.

El hermano Vincent era incapaz de pronunciar una sola palabra, pero su mirada lo decía todo. «Solamente podía alzar la mirada hacia el cardenal. Solamente era capaz de mirarlo fijamente, dulcemente, amorosamente. Los ojos teñidos de púrpura del hermano Vincent tenían ya el color de la eternidad», escribía.

Aquel día soleado de otoño, tras salir de la pequeña habitación donde los canónigos y enfermeros se turnaban sin descanso con una dedicación extraordinaria, el padre Emmanuel-Marie, abad de Lagrasse, condujo a los visitantes a los jardines del monasterio, junto a la iglesia. Entre los cálidos rayos del sol y el murmullo tranquilo de los árboles, se podía respirar un instante de paz necesario para recomponer el ánimo, «para aceptar la voluntad silenciosa de Dios, ese plan oculto que se llevaba inexorablemente a un religioso joven y bueno, con el cuerpo martirizado, a orillas desconocidas».

Un diálogo silencioso

A lo largo de los meses siguientes, Robert Sarah regresó varias veces a Lagrasse para orar junto a su amigo. Aunque la enfermedad se llevaba lentamente al joven religioso, «la calidad del silencio que sellaba el diálogo de un ilustre prelado y un sencillo canónigo crecía de un modo cada vez más sobrenatural». La comunicación no necesitaba palabras: bastaba el silencio compartido, la presencia y la mirada.

Cuando el cardenal Sarah se encontraba en Roma, no dejaba de llamar con frecuencia al hermano Vincent. Uno hablaba con dulzura; el otro, «guardaba silencio». Unos días antes de su muerte, el cardenal tuvo la oportunidad de hablar con él una vez más. Pudo escuchar su respiración, «ronca y discordante», los embates del dolor, los últimos esfuerzos de su corazón, y finalmente darle su bendición.

Sin Vincent, no habría obra

El hermano Vincent murió el 10 de abril de 2016, rodeado de sus seres queridos y del padre Emmanuel-Marie. Para Sarah, aquel silencio fue un testimonio de fe inquebrantable, un lenguaje que trascendía las palabras y que resumía toda una vida dedicada a Dios, hasta el punto de que «el silencio tuvo la última palabra. El silencio fue el ascensor hacia el Cielo».

La amistad que nació en la quietud de la enfermedad transformó la visión espiritual del cardenal y se convirtió en la inspiración directa de su obra. «Sin el hermano Vincent, La fuerza del silencio no habría existido nunca. Fue él quien nos mostró cómo el silencio en el que le había sumergido la enfermedad permitía penetrar aún más profundamente en la verdad de las cosas», aseguraba Diat.

El ejemplo de Vincent-Marie de la Resurrección no se limitó a la fortaleza: demostró que la fe y la amistad pueden trascender las palabras, que el silencio forja a la persona y su identidad, que el dolor puede ser un camino hacia la contemplación y que incluso el sufrimiento más silencioso puede iluminar la vida de otros. Para él, «el programa era sencillo. Se resumía en tres palabras: Dios o nada».

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas