Imagen de Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis
De la montaña al teclado del ordenador: cómo Frassati y Acutis han enseñado a vivir la fe a la generación Z
Canonizados juntos este 7 de septiembre en Roma, estos dos jóvenes italianos representan dos caras de la misma moneda: la de todas esas personas que, ante la llamada universal a la santidad, saben ser sal y luz del mundo allí donde se encuentran
Hay algo en común entre un joven que recorría las montañas de Turín con la misa en mente y otro que pasaba horas frente a la pantalla del ordenador evangelizando en internet: ambos entendieron que la santidad no está reservada en las sotanas ni en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las ordinarias con amor y con fe.
Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, canonizados juntos este 7 de septiembre en Roma, representan dos caras de la misma moneda: la de todas esas personas que, ante la llamada universal a la santidad, saben ser sal y luz del mundo allí donde se encuentran, persiguiendo con inmensa alegría la Voluntad de Dios en las circunstancias que a cada uno le ha tocado vivir. Circunstancias que fueron muy distintas en ambos.
Rico entre pobres y aventurero con hambre de eternidad
Frassati nació en 1901 en una familia acomodada de Turín. Su padre era senador y dueño del diario liberal La Stampa, su madre una pintora reconocida; sin embargo, en casa la fe no era la prioridad. Pier Giorgio eligió otro camino: bajó de la torre de cristal familiar para caminar entre los pobres, ayudando en hospitales, barriadas y minas, gastando hasta el último céntimo de su dinero en quienes más lo necesitaban.
Estudiaba ingeniería mecánica, no para hacerse rico, sino para estar cerca de los mineros, los más explotados de su tiempo. Su alegría serena desconcertaba incluso a su padre, quien solo comprendería la grandeza de su hijo el día de su funeral, tras morir víctima de una poliomielitis fulminante. Al ver la iglesia llena de los pobres de Turín a los que había ayudado en silencio durante años, entre lágrimas solo pudo repetir: «¡No conocí a mi hijo!». Quizá llegó tarde a comprenderlo, pero el mundo no tardaría en conocerlo, y la manera en que inspiró a su generación sigue viva hoy.
Jóvenes de distintas partes de Europa hablan con admiración de la figura de este jóven turinés. En una página web de 'fans' de este laico, Sébastien, de Francia, confiesa: «Quiero amar al Señor como él lo hizo, hasta el punto de caminar kilómetros por las montañas al amanecer para asistir a la Santa Misa, hasta el punto de dar lo más preciado que tengo a los pobres sin presumir ni decírselo a nadie». Para Giuseppina, de Italia, Frassati fue un verdadero 'salvavidas' espiritual: «Me ha ayudado en varias ocasiones y le debo la salvación del matrimonio de una pareja muy cercana».
Timothée Croux, un seminarista francés de 23 años, reconoce que en su proceso de discernimiento vocacional ha sido determinante la figura de Pier Giorgio, a quien descubrió gracias a los scouts y con quien dice compartir muchas afinidades personales, como la montaña.
«Ambos buscamos una vocación auténtica. Aunque al final él decidió no hacerse sacerdote para estar más cerca de los pobres y servir en las minas, estudiando ingeniería para poder ayudar mejor a los mineros», añade en declaraciones a Aci Prensa. Según detalla, en los scouts franceses se valora mucho a este joven turinés «porque era un aventurero con un verdadero apetito por la vida».
La Eucaristía, su autopista al cielo
Casi un siglo después, Carlo Acutis, un «millennial» de 15 años, repetiría la fórmula en versión digital. Genio de la informática desde los nueve años, creó software y páginas web, pero siempre con un propósito: evangelizar. Su proyecto más conocido, la web de milagros eucarísticos, se convirtió en un recurso global.
Carlo conjugaba lo extraordinario de su fe con lo más cotidiano. Iba a misa a diario, rezaba el rosario, enseñaba catequesis y se volcaba en el voluntariado, pero al mismo tiempo disfrutaba de lo mismo que cualquier adolescente: la Nutella y la Coca-Cola. En Asís, donde solía pasar sus vacaciones, se impregnó del espíritu franciscano que marcó su vida. «La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo», afirmaba con convicción. Y con esa frase resumía lo que luego demostró con su vida: que la presencia real de Cristo en el altar es capaz de transformar la existencia de quien se acerca con fe.
Ese mensaje sigue vivo en quienes lo invocan hoy. Lola Rosique, médico y madre de cuatro hijas, relataba en una entrevista con este periódico: «Ante la tumba de Carlo Acutis, noté una paz indescriptible. Sabía que me curaría del cáncer. Probablemente no iba a ser un camino fácil –como luego comprobamos–, pero tenía claro que debía pedirle su intercesión y que él me iba a ayudar».
La devoción también alcanzó a Rocío y Manolo, un joven matrimonio sevillano. «El tema por el que empezamos a hablar cuando comenzamos nuestro noviazgo fue Carlo», cuentan a El Debate. «Su amor por la Eucaristía, su motivación por ser santo y por llevar el Evangelio de la forma más actual nos conmueve y nos llena de devoción. Una vez casados, no dudamos en ir a Asís en nuestra luna de miel; fue todo un regalo poder rezar ante él y conocer el lugar que tanto frecuentó», detallan.
¿Gente del Cielo o de la Tierra?
¿Eran Frassati y Acutis personas fuera de lo normal o vivieron su vida con la misma naturalidad con la que cualquiera afronta el día a día? La respuesta quizá se encuentre en un texto del siglo II, la Epístola a Diogneto, quien se preguntaba por las creencias y el modo de vida de los cristianos. Allí se dice: