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Sarah Murray

'La arzobispa' de Canterbury, Sarah Mullally

Las palabras de Newman que aún inquietan al anglicanismo: «No hay más que dos opciones: llegar a Roma o el ateísmo»

La Iglesia de Inglaterra se enfrenta al cisma más grande de su historia

La fractura que durante años se venía gestando dentro del mundo anglicano ha llegado a su punto de no retorno. En un comunicado fechado el 16 de octubre, Laurent Mbanda, presidente del Consejo de Primados de Gafcon y arzobispo de Ruanda, anunció que un nuevo futuro «ha llegado».

El movimiento Gafcon (Global Anglican Future Conference) proclama que sus primados se han reunido «para cumplir con nuestro mandato de reformar la Comunión Anglicana», dejando de reconocer la autoridad espiritual del arzobispo de Canterbury —figura central del anglicanismo mundial desde hace casi cinco siglos— y reorganizando toda su estructura sobre una base distinta: la Biblia.

Una nueva comunión sin Canterbury

«Resolvimos reordenar la Comunión Anglicana», afirma el comunicado que no deja espacio a ambigüedades. En la práctica, esto significa que Gafcon declara roto el vínculo con los «Instrumentos de Comunión» —es decir, el Arzobispo de Canterbury, la Conferencia de Lambeth, el Consejo Consultivo Anglicano y la Reunión de Primados—, acusándolos de haber «abandonado las Escrituras» y de no defender «la doctrina y la disciplina» que históricamente sostuvieron a la Iglesia.

El texto se remonta a la Declaración de Jerusalén de 2008, donde nació Gafcon como una reacción al giro teológico liberal de algunas provincias anglicanas occidentales especialmente en temas de moral sexual y autoridad bíblica. En aquel entonces se pedía arrepentimiento. Hoy ante la ausencia de ese gesto los líderes conservadores declaran que «la Biblia será restaurada al corazón de la Comunión».

La conmoción provocada por la ruptura anglicana ha despertado ecos. Un exobispo anglicano instó a los líderes de la Iglesia católica a prepararse para un aumento de conversiones, justo después de que la histórica visita al Vaticano del rey Carlos III haya coincidido con la división más profunda que se recuerda dentro de la Comunión Anglicana mundial.

Monseñor Michael Nazir-Ali, antiguo obispo de Rochester y recibido en la Iglesia Católica en 2021, fue tajante en sus declaraciones a OSV News: «La Iglesia de Inglaterra ha decidido claramente seguir el camino de las denominaciones protestantes liberales, abandonando cualquier pretensión de defender la sucesión apostólica católica». Según explicó, «ya estamos viendo una nueva ola significativa de conversiones, y la Iglesia necesita considerar cuál es la mejor manera de responder».

«No hemos abandonado la Comunión Anglicana»

Las consecuencias no son solo simbólicas. Gafcon ordena a sus provincias no participar más en reuniones convocadas por Canterbury ni contribuir económicamente al Consejo Consultivo Anglicano. «No harán ninguna contribución monetaria a la ACC, ni recibirán ninguna contribución monetaria», precisa el comunicado. Además, insta a las iglesias que aún lo mencionan en sus constituciones a eliminar toda referencia a la Sede de Canterbury y a la Iglesia de Inglaterra.

Mbanda insiste, sin embargo, en que «no hemos abandonado la Comunión Anglicana» sino que «somos la Comunión Anglicana». Según Gafcon lo que se rompe es la comunión con aquellos que «propugnan la agenda revisionista que ha abandonado la palabra inerrante de Dios como autoridad final y ha revocado la Resolución I.10 de la Conferencia de Lambeth de 1998».

El movimiento anuncia también la creación de un nuevo Consejo de Primados, encargado de elegir a un presidente primus inter pares, el primero entre iguales, «para presidir el Consejo mientras continúa ‘luchando ardientemente por la fe que fue una vez entregada a los santos’ (Judas 3)».

Uno de los puntos de inflexión de toda esta situación llegó tras el nombramiento de la primera mujer como 'arzobispa' de Canterbury, Sarah Mullally, quien ha apoyado las bendiciones entre personas del mismo sexo y otras reformas liberales. Su designación, el pasado 3 de octubre, fue celebrada por los sectores progresistas de la Comunión Anglicana, pero vista por Gafcon como una línea roja.

En un comunicado de Gafcon publicado ese mismo día admitieron que la noticia fue «recibida con pesar». Los primados conservadores acusaron a Mullally de haber violado sus votos episcopales al promover «enseñanzas no bíblicas y revisionistas respecto del matrimonio y la moralidad sexual».

«El Arzobispo de Canterbury ha funcionado no sólo como Primado de toda Inglaterra, sino también como líder espiritual y moral de la Comunión Anglicana», recordaron. Sin embargo, añadieron, «debido al fracaso de los sucesivos arzobispos de Canterbury en proteger la fe, el cargo ya no puede funcionar como un líder creíble para los anglicanos y mucho menos como un foco de unidad».

Un nuevo mapa anglicano

Con esta reordenación, Gafcon afirma que la Comunión Anglicana Global retoma «su estructura original como una comunidad de provincias autónomas unidas por los Formularios de la Reforma», evocando el espíritu de la primera Conferencia de Lambeth de 1867.

No obstante, Nazir-Ali señala sobre este punto que la insistencia de Gafcon en la autonomía de las provincias anglicanas para decidir su propia doctrina y en la Escritura como el «único fundamento de la comunión» crearía más problemas, dejando la admisión a la Iglesia católica como la única opción para muchos.

El proceso culminará en marzo de 2026, en la Conferencia de Obispos G26 que se celebrará en Abuja, Nigeria, donde se formalizará esta nueva etapa eclesial. «El reinicio de nuestra amada Comunión está ahora únicamente en manos de Gafcon, y estamos listos para tomar la iniciativa», concluye Mbanda.

Para el exobispo anglicano paquistaní, cualquier «futura reconciliación» ahora parece imposible. Para él, los acuerdos anglicano-católicos sobre la Eucaristía, el ministerio y otros temas se han visto comprometidos.

«Podemos seguir hablando de manera amistosa, como lo hacemos con personas de otras religiones, pero cualquier esperanza de restaurar la unidad orgánica entre las tradiciones de nuestra iglesia, a menos que ocurra algún milagro, se ha esfumado», reconoció el sacerdote católico, que participó en dos comisiones internacionales internacionales católico-anglicanas.

Aun así, el exobispo concluye con una advertencia y una esperanza: «Mientras tanto, la Iglesia católica debe estar preparada para nuevos grupos de anglicanos que buscan unirse a ella, como en anteriores oleadas de conversión».

Como si sus palabras resonaran con las de John Henry Newman, el gran converso del siglo XIX, la historia parece repetir su lógica interior: «no hay más que dos alternativas: llegar a Roma o el ateísmo», decía este santo inglés que será proclamado doctor de la Iglesia el próximo 1 de noviembre y para quien el anglicanismo «es una especie de posada a medio camino de la una y el liberalismo la posada a medio camino de la otra». Lo que para unos es ruptura para otros puede ser retorno; y quizá, como ya intuyó Newman, el camino anglicano vuelva a confluir tarde o temprano en la misma orilla romana.

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