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Juan Pablo II y Fidel Castro en 2002

Juan Pablo II y Fidel Castro en 1998YouTube

28 años de la visita de Juan Pablo II a Cuba: «Castro guardó silencio al saber que el Papa rezaba por él»

Un viaje que, tal como contó Joaquín Navarro-Valls, llevaría a Fidel Castro a permitir la celebración de la Navidad por primera vez en décadas

El 21 de enero de 1998, Juan Pablo II rompía barreras que parecían infranqueables al aterrizar en La Habana, convirtiéndose en el primer Papa en visitar Cuba. No era solo la primera visita de un Pontífice a la isla; era el encuentro entre quien había contribuido a la caída del Muro de Berlín y el hombre que lideró la revolución que derrocó el régimen de Batista y convirtió a Cuba en un país comunista, 'satélite' de la URSS.

Pero la visita no surgió de la noche a la mañana. Durante más de una década Juan Pablo II había enviado emisarios a Cuba, aguardado la invitación formal que finalmente llegó en noviembre de 1996 cuando Fidel Castro visitó Roma para una reunión de la FAO y fue recibido por el Pontífice en el Palacio Apostólico. Aun con la invitación confirmada, el éxito del viaje dependía de largas negociaciones que se concretaron meses antes, en un despacho y bajo la indagadora mirada de Fidel Castro.

El 'milagro' de la Navidad cubana

La intrahistoria de la visita revela que la diplomacia vaticana jugó sus cartas con audacia. Joaquín Navarro-Valls (1936-2017), quien fue portavoz de la Santa Sede, aterrizó en la isla tres meses antes del viaje, en octubre de 1997. En una reveladora entrevista concedida a La Stampa, el portavoz recordó cómo en una reunión que se prolongó durante seis horas y terminó a las tres de la madrugada, lanzó un órdago al líder cubano: si Cuba quería «sorprender al mundo» debía restituir la Navidad como fiesta oficial, prohibida desde el inicio de la Revolución.

Castro opuso resistencia, argumentando que la fecha coincidía con la cosecha de la caña de azúcar, motor económico del país. La respuesta del portavoz fue estratégica: el Papa querría agradecer ese gesto públicamente nada más aterrizar. Finalmente Castro cedió. Lo que en principio iba a ser una concesión «solo por ese año» terminó convirtiéndose en una festividad civil permanente hasta el día de hoy.

La curiosidad de Fidel por Wojtyla

Más allá de los acuerdos, a Castro le consumía la curiosidad por la figura de Juan Pablo II. Durante aquellas horas de madrugada, el que fue presidente de Cuba interrogó a Navarro-Valls sobre la vida personal de Karol Wojtyla, su familia y su formación. Según el portavoz, se percibía una mezcla de admiración y «celos» por la interioridad del Papa.

Hubo un momento de quiebre en la conversación. Navarro-Valls le confesó a Castro: «Señor presidente, le envidio». Él preguntó por qué y Navarro-Valls respondió: «Porque el Papa reza por usted todos los días, para que un hombre de su formación pueda volver a encontrar la vía del Señor». Ante esa revelación, el líder cubano «por una vez guardó silencio».

El viaje estuvo marcado por mensajes directos hacia ambos lados del Estrecho de la Florida. Mientras volaba hacia La Habana y respondía preguntas de periodistas, Juan Pablo II instó a Estados Unidos a cambiar su posición respecto a Cuba. Al mismo tiempo, el Papa aterrizó con la intención de que Castro le explicara «su verdad, como hombre, como dirigente y como comandante».

El clímax de la visita se vivió en la Plaza de la Revolución. Con los hermanos Castro en primera fila, la multitud acompañaba la homilía al grito de «¡Libertad, libertad!». A pesar de la tensión, al despedirse en el aeropuerto, Fidel reconoció la claridad del mensaje del Pontífice: «Le agradezco por todas las palabras que dijo, hasta por las que habrían podido no gustarme». Aquel 1998, Wojtyla no solo devolvió la Navidad a Cuba; inauguró un tiempo «de lentas pero reales aperturas».

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