León XIV saluda a los fieles mientras sube a un avión tras oficiar la Santa Misa en el aeropuerto de Bamenda
De Juan Pablo II y Ratzinger a Prevost: el testigo que León XIV recoge hoy en el corazón católico de África
El Pontífice llega este sábado a Luanda, una nación de 35 millones de habitantes donde la Iglesia sostiene el tejido social tras décadas de guerra civil
El avión papal aterriza este sábado en el Aeropuerto Internacional Quatro de Fevereiro, en Angola. Es la tercera escala de un viaje que sitúa a León XIV en lo que el Vaticano ha definido como el «corazón del cristianismo africano». Y no es una hipérbole: Angola es hoy uno de los pilares espirituales del continente, con una población de 35,1 millones de personas, de las cuales 20,3 millones profesan la fe católica.
Pero tras las cifras de fervor se esconde una radiografía compleja. León XIV pisa un territorio de 1,2 millones de kilómetros cuadrados que aún arrastra las cicatrices de una guerra civil devastadora (1975-2002), iniciada tras la descolonización portuguesa y alimentada por lo que Benedicto XVI llamó en este mismo suelo «ideologías desoladoras e inhumanas».
El fantasma de la «ley del más fuerte»
La radiografía estadística de la Iglesia en Angola revela una institución que es, en la práctica, uno de los principales motores sociales del país. Con 20 circunscripciones eclesiásticas y 519 parroquias, la estructura cuenta con una amplia red asistencial: 48 hospitales, 76 ambulatorios y 112 orfanatos y asilos.
En el ámbito educativo, la presencia es igualmente significativa, con más de 321.000 alumnos en escuelas infantiles y primarias, y 24.233 estudiantes en institutos superiores y universidades dirigidos por la Iglesia. Sin embargo, la 'presión' pastoral es elevada: hay 13.441 católicos por cada sacerdote, una cifra que explica por qué la labor descansa en buena medida en los 56.559 catequistas que sostienen la fe en las zonas más alejadas.
Benedicto XVI en su viaje apostólico en África en 2009
El contexto que recibe a León XIV está marcado por una paradoja: una nación rica en recursos naturales pero con una desigualdad económica persistente. El Pontífice llega con el objetivo de combatir la «tentación de la tristeza y el desaliento» asociada a la corrupción.
Un discurso que conecta directamente con las palabras que Benedicto XVI pronunció al aterrizar en Luanda, la capital, hace 17 años. Entonces, el Papa alemán advirtió a los líderes angoleños: «No os rindáis a la ley del más fuerte», recordando que todavía hay demasiados ciudadanos viviendo «por debajo del umbral de la pobreza absoluta», cuyas expectativas no pueden ser defraudadas. León XIV retomará ese planteamiento, denunciando la explotación de los recursos y reclamando que Angola desempeñe un papel constructivo en la región.
Continuidad y futuro
La visita tiene también un componente histórico. Benedicto XVI recordó que la fe en estas tierras no es un fenómeno reciente, sino que se remonta al reino cristiano de Mbanza Congo hace quinientos años, bajo el reinado de Dom Afonso I Mbemba-a-Nzinga. Hoy, ese legado se traduce en una notable vitalidad vocacional: 2.366 seminaristas mayores se preparan para el sacerdocio, una de las cifras más altas de la región.
León XIV no llega a un terreno desconocido, sino que pisa las huellas de quienes le precedieron en la tarea de reconstruir el espíritu de la nación. Antes que él, y mucho antes del viaje de Benedicto XVI en 2009, fue Juan Pablo II quien en junio de 1992 pisó por primera vez suelo angoleño. Aquel «incansable misionero», como lo definió con afecto Ratzinger, marcó el camino al instar a los angoleños a edificar una sociedad de justicia y paz basada en el «perdón recíproco».
Con su llegada este sábado, el actual Pontífice recoge ese testigo histórico, conectando su mensaje de esperanza con la hoja de ruta que el Papa polaco trazó hace más de tres décadas para los más de 20 millones de católicos que hoy forman el corazón de Angola.