El microbotox consiste en la inyección de microgotas de toxina botulínica
Bótox, ácido hialurónico y láser CO₂: usos médicos más allá de la estética
Estos son los tratamientos estéticos más usados y sus aplicaciones poco conocidas
El desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la medicina estética ha favorecido una expansión significativa en los usos de tratamientos como la toxina botulínica, el ácido hialurónico o el láser de CO₂ fraccionado. Estas técnicas, tradicionalmente vinculadas al rejuvenecimiento facial y la eliminación de arrugas, han ampliado su campo de acción a múltiples aplicaciones terapéuticas, ganando popularidad entre la población. De hecho, más de la mitad de los españoles se ha sometido alguna vez a un tratamiento de este tipo.
Según explica la doctora Ana Babentsova, especialista de IML Clinic, «en los últimos años, han ganado protagonismo en el ámbito de la medicina estética el uso del bótox y del láser C02 fraccionado para tratamientos no solo de medicina estética sino también para la eliminación de cicatrices o para tratar el bruxismo». Esta evolución en las aplicaciones responde a la creciente demanda de soluciones mínimamente invasivas y de rápida recuperación para mejorar tanto el aspecto físico como el bienestar general.
Ácido hialurónico
El ácido hialurónico, descubierto en el siglo XX, ha experimentado una notable expansión en su uso médico-estético. Su principal virtud reside en su capacidad para hidratar profundamente y regenerar tejidos, lo que lo convierte en un aliado indispensable en los tratamientos faciales de rejuvenecimiento. Sin embargo, su utilidad va mucho más allá.
En el ámbito de la ginecoestética, se emplea con eficacia en procedimientos como el aumento de volumen de los labios mayores o la hidratación vaginal. Este último tratamiento, en particular, se presenta como una solución eficaz para combatir la sequedad, al tiempo que mejora la elasticidad de los tejidos.
Láser de CO₂
En paralelo, el uso del láser también ha ganado terreno en este campo. En tratamientos ginecoestéticos, el láser de CO₂ se utiliza para mejorar la sequedad y la atrofia vaginal, activando la producción de colágeno y elastina, cuya disminución es habitual durante la perimenopausia y la menopausia. Esta técnica ofrece una recuperación breve y un resultado efectivo en la mejora de la calidad y elasticidad del tejido vaginal.
Desde el punto de vista estético, el láser de CO₂ fraccionado continúa siendo uno de los instrumentos más versátiles. Permite abordar de forma precisa imperfecciones como manchas, poros dilatados, cicatrices o arrugas. Además, encuentra aplicaciones quirúrgicas en procedimientos como la blefaroplastia (cirugía de párpados) o en la reducción de labios mayores o menores. También se emplea en la eliminación de verrugas y cicatrices, consolidando su reputación como tratamiento eficaz y polivalente.
El mecanismo de acción del láser consiste en un proceso controlado de vaporización de las capas superficiales de la piel mediante calor, lo que desencadena una respuesta de regeneración celular. Esta técnica puede combinarse con otras terapias complementarias, adaptadas por los especialistas según las necesidades específicas de cada paciente.
Toxina botulínica
Por su parte, la toxina botulínica, más conocida como bótox, sigue siendo una de las opciones más demandadas en medicina estética. Su función principal es suavizar las arrugas y líneas de expresión al bloquear el impulso nervioso que activa los músculos faciales, proporcionando así un aspecto más relajado y rejuvenecido.
No obstante, el uso del bótox no se limita al terreno estético. Sus aplicaciones terapéuticas también incluyen el tratamiento de la hiperhidrosis, una condición caracterizada por una sudoración excesiva. Esta intervención, que no requiere ingreso hospitalario ni periodo de reposo, permite obtener resultados visibles en menos de veinticuatro horas, estabilizándose completamente en el transcurso de una semana.
Otra indicación destacada del bótox es el abordaje del bruxismo, un trastorno que se manifiesta mediante una tensión excesiva en la mandíbula, especialmente durante la noche. La infiltración de la toxina en los músculos responsables permite reducir esa presión involuntaria, mejorando el descanso del paciente y previniendo el desgaste dental.
En definitiva, los tratamientos de medicina estética han superado su tradicional enfoque centrado únicamente en la apariencia. Su evolución ha dado lugar a una variedad de aplicaciones médicas con impacto positivo en la calidad de vida de los pacientes.
Procedimientos como el bótox, el ácido hialurónico o el láser de CO₂ fraccionado permiten abordar con eficacia una amplia gama de condiciones, de forma segura, poco invasiva y con resultados rápidos. Queda patente que la estética médica, hoy en día, camina de la mano con la funcionalidad y la salud.