Un anciano comiendo una manzana
Alimentación
La dieta de la longevidad, según la ciencia: vegetales, pescado y menos carne
La investigación ha sido dirigida por Valter Longo, el 'gurú de la longevidad'
Una dieta baja en proteínas, basada principalmente en alimentos vegetales y pescado, y complementada con pequeñas cantidades de metionina —un aminoácido presente en alimentos como huevos, carne y lácteos— podría contribuir a aumentar la esperanza de vida saludable y reducir la fragilidad asociada al envejecimiento.
Así lo sugiere un estudio liderado por investigadores de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la Universidad del Sur de California (USC), cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Cell Metabolism.
La investigación, dirigida por Valter Longo, combinó experimentos en modelos animales con el análisis de datos dietéticos y de salud de más de 200.000 personas. Los resultados mostraron beneficios similares tanto en ratones como en humanos, incluyendo una menor incidencia de obesidad y diabetes tipo 2 entre quienes seguían una alimentación más basada en productos vegetales.
Según los autores, la combinación de ambos análisis apunta a que los mejores resultados para la salud podrían obtenerse mediante una «dieta para la longevidad» predominantemente vegetariana o vegana, pero complementada con pescado para garantizar un aporte adecuado de aminoácidos esenciales.
Versión de la dieta mediterránea
Gran parte de las investigaciones de Valter Longo se han centrado en la dieta mediterránea tradicional, caracterizada por un bajo aporte proteico y un predominio de alimentos de origen vegetal, patrón alimentario habitual en algunas de las poblaciones más longevas del sur de Europa.
No obstante, los investigadores recuerdan en un comunicado que estas poblaciones también presentan elevadas tasas de fragilidad en edades avanzadas. Con el objetivo de evaluar si una suplementación moderada de aminoácidos esenciales podría reducir este riesgo, el equipo desarrolló una dieta específica para la longevidad enriquecida con pequeñas cantidades de metionina.
Para el estudio, grupos de ratones de 20 meses de edad fueron alimentados con cuatro tipos de dieta diferentes: una dieta estándar, una dieta occidental rica en grasas y azúcares, una dieta cetogénica baja en carbohidratos y la denominada dieta de longevidad baja en proteínas suplementada con metionina (LDMM).
Los animales que siguieron esta última pauta obtuvieron los mejores resultados, con una mayor esperanza de vida saludable, menor acumulación de grasa corporal y una reducción significativa de la fragilidad.
«Esperábamos que las distintas dietas produjeran resultados diferentes, pero lo que realmente nos impresionó fue cómo la modulación de un solo aminoácido, la metionina, en la dieta para la longevidad podía generar cambios metabólicos tan drásticos», afirmó Maura Fanti, investigadora asociada de la USC y primera autora del estudio.
«Esto sugiere que la composición de aminoácidos, y no solo la cantidad total de proteínas, podría ser el objetivo de intervenciones metabólicas estratégicas», añadió.
Mejor salud metabólica y cardiovascular
Los investigadores también observaron en los ratones sometidos a la dieta LDMM una mejoría de diversos biomarcadores relacionados con la salud cardiometabólica.
Entre ellos destacaron niveles más elevados de moléculas implicadas en la regulación del metabolismo y el envejecimiento, como el GLP-1, una hormona relacionada con el control de la glucosa y del apetito.
«Por supuesto, existen diferencias en la forma en que estas vías se regulan entre ratones y humanos, pero observar cambios tan coordinados en múltiples hormonas metabólicas es realmente alentador, y tenemos mucha curiosidad por saber si se observarían efectos de magnitud similar en estudios con humanos», señaló Fanti.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que los ratones alimentados con la dieta LDMM podían ingerir más alimentos y consumir tantas calorías como los animales de otros grupos, pero aun así reducir su masa grasa sin perder masa muscular magra, siempre que los niveles de metionina se mantuvieran bajos, aunque suficientes.
Más proteína animal, mayor riesgo de obesidad y diabetes
El análisis de los datos humanos mostró, además, que las personas con un mayor consumo de proteína animal —y, por tanto, con una ingesta más elevada de metionina y otros aminoácidos esenciales— presentaban una mayor prevalencia de obesidad y duplicaban el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con quienes consumían poca o ninguna proteína de origen animal.
Estos resultados se mantuvieron incluso después de tener en cuenta factores como la ingesta calórica total o la calidad global de la dieta.
Una ingesta insuficiente de metionina provocó fragilidad, mientras que un exceso anuló los beneficios de esta dieta
«Esto desafía el dogma de que la reducción de calorías es necesaria para perder peso, pero también nos indica que debemos comprender claramente los mecanismos», afirmó Longo.
«Una ingesta insuficiente de metionina provocó fragilidad, mientras que un exceso de metionina anuló los beneficios de esta dieta, que, por lo demás, se basaba en la alimentación de poblaciones longevas como las dietas tradicionales italiana y de Okinawa». Longo añade: «Estos resultados indican que la ingesta total de proteínas puede ser menos importante que la ingesta de aminoácidos específicos».
Ensayos clínicos en humanos
A la vista de los resultados obtenidos, el equipo investigador espera poner en marcha ensayos clínicos controlados en humanos para evaluar si los beneficios observados en modelos animales pueden reproducirse en personas.
Los autores subrayan, no obstante, que se trata de una investigación experimental y recuerdan la necesidad de seguir estudiando el impacto de distintos patrones dietéticos sobre la salud y la longevidad antes de trasladar estas conclusiones a recomendaciones clínicas generales.