Entrenamiento basado en juegos
El juego que mejora la memoria a partir de los 70 años, según la ciencia
Los 'exergames' trabajan funciones clave para paliar el deterioro cognitivo leve
En Europa, alrededor del 10 % de los mayores de 70 años padece algún tipo de demencia, una cifra que podría triplicarse de aquí a 2050 como consecuencia directa del incremento en la esperanza de vida. Esta dolencia implica una merma paulatina en la memoria y en la capacidad para realizar tareas cotidianas, a menudo acompañada de un deterioro físico progresivo. En las etapas más avanzadas, los afectados suelen requerir cuidados integrales y permanentes.
Durante los últimos años, han surgido los primeros medicamentos capaces de ralentizar –aunque de forma modesta– el avance del alzhéimer, que representa la modalidad más común de demencia. No obstante, su eficacia es limitada, solo resultan útiles para un grupo reducido de pacientes. Frente a estas limitaciones, los videojuegos activos o juegos de ejercicio denominados 'exergames' han ganado notoriedad como una alternativa segura o como complemento a los tratamientos farmacológicos. Se trata de juegos que combinan ejercicio físico con estimulación cognitiva, sin efectos secundarios adversos. Un estudio realizado en 2021, en colaboración con la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH), ya había mostrado que este tipo de entrenamiento podía tener efectos positivos en funciones cognitivas, forma física y calidad de vida en personas con demencia avanzada.
Evidencia reciente en fases iniciales
Dos investigaciones recientes desarrolladas por la ETH han aportado nuevas pruebas de la eficacia de los exergames, esta vez en personas con deterioro cognitivo leve, una etapa preliminar de la demencia.
«El entrenamiento basado en juegos no solo mejoró el rendimiento cognitivo de los participantes, sino que también observamos cambios significativos en sus cerebros», ha afirmado Patrick Manser, autor principal de ambos trabajos y actualmente investigador en el Instituto Karolinska de Estocolmo. Estas investigaciones forman parte de su tesis doctoral en la ETH.
Ejercicio para cuerpo y mente
Los estudios se realizaron con cerca de 40 personas de unos 73 años de edad, diagnosticadas con deterioro cognitivo leve. Durante tres meses, los voluntarios siguieron un programa de entrenamiento en casa, cinco días a la semana y durante sesiones de aproximadamente 25 minutos. Utilizaban una pantalla conectada a una plataforma de suelo equipada con sensores.
Las actividades propuestas combinaban retos físicos con ejercicios mentales. En uno de ellos, los participantes debían memorizar una lista de la compra y, desplazándose lateralmente, indicar si el producto que aparecía en la pantalla pertenecía a dicha lista. Según Manser, estos ejercicios trabajan funciones clave como la memoria, la atención y las capacidades visoespaciales, que se ven afectadas en los primeros estadios de la demencia.
Cada sesión finalizaba con prácticas de respiración profunda y controlada, diseñadas para regular el sistema nervioso autónomo, estimular el nervio vago y activar zonas cerebrales vinculadas al procesamiento cognitivo, reforzando así el efecto global del entrenamiento.
Beneficios en memoria y bienestar
El primer estudio evidenció mejoras significativas en la memoria y el rendimiento cognitivo, que se tradujeron en una mayor claridad mental, aumento de la confianza personal y mejor estado físico. En contraposición, el grupo de control —que continuó con sus terapias habituales— experimentó un deterioro coherente con la progresión esperada de la enfermedad.
«Estos resultados son especialmente alentadores para quienes muestran los primeros signos de demencia y sus familias», señaló Eling D. de Bruin, profesor y director del proyecto en la ETH y en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Suiza Oriental (OST).
Transformaciones cerebrales
La segunda investigación se centró en comprobar si los progresos cognitivos estaban acompañados de cambios estructurales en el cerebro. A través de imágenes por resonancia magnética, los investigadores identificaron un aumento de volumen en el hipocampo y el tálamo –dos regiones cruciales para la memoria–, así como mejoras en la corteza cingulada anterior y una ligera expansión en la corteza prefrontal. En el grupo de control, por el contrario, estas áreas mostraron una reducción de volumen.
«El volumen del hipocampo suele disminuir en las primeras etapas de la demencia, por lo que este hallazgo es especialmente relevante», explicó de Bruin. «El hecho de haber medido cambios estructurales en solo 12 semanas demuestra la notable plasticidad del cerebro, incluso en personas que ya presentan síntomas iniciales».
Además, las modificaciones observadas en el hipocampo y el tálamo se correlacionaron directamente con mejoras en la memoria y otras funciones cognitivas, lo que podría indicar una relación causal entre el entrenamiento y los beneficios neurológicos.
«Estos resultados nos dan confianza para el futuro. No obstante, demostrar si un programa personalizado de exergames puede retrasar o incluso prevenir el desarrollo de la demencia exigirá estudios más prolongados. Ya hay planes para llevarlos a cabo», concluyó de Bruin.