Educación
El acceso a la Universidad, aún más desigual por autonomías con la nueva Ley de Educación
La disparidad creciente en el currículo educativo provoca que en algunas comunidades sea más difícil alcanzar la nota de corte que se exige para acceder a los estudios superiores
María estudia Bachillerato en Madrid, una de las comunidades autónomas en las que los resultados de los informes PISA demuestran un mayor nivel de exigencia, por encima de la media española y en la línea de los países más avanzados de la OCDE. Tiene vocación de médico desde su más tierna infancia. Pero no le será fácil obtener el 13,8 de nota de corte con el que se cerró el curso pasado.
El problema es que María compite en desigualdad de condiciones en el acceso a la Universidad. Su examen de Selectividad será mucho más difícil que el de estudiantes procedentes de otras autonomías en las que el nivel de exigencia determinado en el currículo académico es mucho menor. Para ellos, conseguir un 13,8 será más fácil y, aunque su preparación académica sea inferior, están en superioridad de condiciones para conseguir la plaza en Medicina que le gustaría obtener a María. Es posible que María se quede fuera de cumplir su sueño y, sin embargo, obtenga la plaza un estudiante que acabe abandonando la carrera porque estaba peor preparado.
Para Begoña Ladrón de Guevara, presidenta de COFAPA (Confederación de Padres de Alumnos) el problema se está agravando porque «a medida que suben de etapa educativa, la divergencia entre comunidades autónomas se hace más patente y donde se termina de marcar es en 2º de Bachillerato». Como el acceso a la Universidad funciona por distrito único, es decir, no se tiene en cuenta el lugar de procedencia del estudiante, «entran todos en igualdad de condiciones, pero con desigualdades internas. Ni acceder de la misma manera ni con los mismos conocimientos». El valor numérico de las notas, decisivo para superar las notas de corte de las distintas titulaciones, no responde al nivel de conocimientos si se comparan unas comunidades autónomas con otras.
El problema de la desigualdad en el acceso a la Universidad como consecuencia de la disparidad de currículos académicos y de los 17 modelos distintos de Selectividad viene de antiguo. Sin embargo, tanto la Ley de Educación promovida por el actual Gobierno de Pedro Sánchez, la Lomloe, como los desarrollos normativos y los borradores de currículos académicos, no solo no dan una solución, sino que acrecientan la disparidad entre las distintas regiones españolas. Se pierde la oportunidad, demandada por amplios sectores de la sociedad, de implantar un examen único y común para el acceso a la Universidad que garantizará la igualdad de todos los estudiantes españoles para enfrentarse a las notas de corte que marcarán decisivamente su futuro.
Notas «infladas»
Para las Universidades, esta divergencia en el nivel formativo con el que ingresan los alumnos en las aulas también genera numerosos problemas. Tomás Chivato, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, denuncia que «las notas de acceso no se ajustan a los conocimientos de los estudiantes». Además, algunos alumnos llegan a la educación superior con calificaciones «infladas» por dos vías: colegios que hinchan las notas y modelos de examen de Selectividad más sencillos que otros. Esa falta de conocimientos no recogida en las notas de Bachillerato y Selectividad se acaba poniendo de manifiesto en los primeros compases de la carrera.
En carreras tan vocacionales como Medicina, la frustración se incrementa. «Se producen agravios comparativos. Hay personas que se quedan fuera de la carrera de sus sueños por solo centésimas cuando han conseguido plaza otros peor preparados». Se empieza a percibir otro problema en las titulaciones con notas de corte muy altas, como Medicina o algunas Ingenierías: los padres presionan a los alumnos con muy buenas calificaciones para que las cursen, pero en realidad los estudiantes no tenían esa vocación.
La solución pasa por una formación que fuera común a todos los españoles y que se pudiera homologar con una prueba única
En las aulas, también se percibe este problema. Superado el acceso a la Universidad, se ponen de manifiesto las diferencias en el nivel educativo de partida. De hecho, se producen situaciones frustrantes porque esos estudiantes que consiguieron plaza en carreras complicadas con un grado de conocimientos inferior al de sus compañeros, no pasan los procesos selectivos que suelen tener las Facultades y Escuelas en el primer año de carrera y acaban expulsados del sistema. Pero esa plaza ahora desierta ya no la ocupará un alumno que habría podido sacarle un mayor partido.
La solución a este problema pasa por una formación que realmente fuera común para todos los españoles y que se pudiera homologar con una prueba única. Pero no es sencillo. Para Alfonso Aguiló, presidente de CECE, una de las patronales de colegios en España, la cuestión educativa está ideologizada en tal grado que los partidos nacionalistas no permitirían una legislación común para toda España.
Reacciones políticas
Sandra Moneo, portavoz del PP en la Comisión de Educación en el Congreso, explica que los varios intentos para establecer una prueba común se han visto frustrados. Además, denuncia que, en los nuevos planes no solo aumenta el porcentaje de contenidos en manos de las autonomías, «sino que el porcentaje en manos del Estado está diseñado de tal forma que cada comunidad autónoma puede desarrollarlo de una manera». Para Moneo, la nueva propuesta supone «la ruptura definitiva del sistema educativo español».
Joaquín Robles, portavoz de Vox en la Comisión de Educación del Congreso, grupo desde el que se presentó en abril de este año una Proposición No de Ley para poner en marcha un examen único de acceso a la Universidad denuncia que solo contaron con el apoyo del PP. Ni siquiera Ciudadanos, que en ocasiones anteriores sí había abogado por la homologación de esta prueba de acceso, apoyó la propuesta.
El problema persiste y, como señala Ladrón de Guevara, «se produce una discriminación en el acceso a la Universidad por razón de dónde viven los alumnos». La solución, apunta Antonio Milán, director de los grados de Educación en la Universidad CEU San Pablo y con larga trayectoria como profesor de Bachillerato, pasa por un «examen de exigencia único, objetivo, con estándares iguales, con contenidos comunes para todos los estudiantes de 2º de Bachillerato».
Mientras el problema persista, María tendrá más difícil cumplir con su vocación de ser médico que otros estudiantes procedentes de otros lugares de España, peor preparados que ella pero que alcanzarán con más facilidad el ansiado 13,8 de nota de corte.