Ignacio, hijo de Beti
«Prefiero irme debajo de un puente, antes que matar a mi hijo»
Gracias a las fundaciones de rescatadores las mujeres pueden informarse sobre el aborto. Les ayudan a decidir qué hacer con el futuro de su hijo
El día que en Texas se construyó el primer abortorio la población entera se echó las manos a la cabeza y salió a la calle con la finalidad de crear actividades y frenarlo.
Fue en ese momento cuando surgió la campaña 40 días por la vida. Se trata de un movimiento de oración que existe en todo el mundo. La gente reza por el fin del aborto y ofrecen ayudas a las mujeres que lo solicitan.
Desde la creación de la clínica abortista de Estados Unidos en 2004, muchas familias se reunían en casa durante la cuaresma para rezar por el fin del aborto. Después de esto, empezaron a hacer la iniciativa delante del abortorio. En 2009 la directora del centro abortista, que ahora es una activista provida, cambió su rumbo por completo: «Hay un momento de su vida en la vigilia de oración. Se da cuenta de lo que está haciendo y deja su trabajo», explicaba la coordinadora nacional, Nayeli Rodríguez.
«En el mundo puedes cambiar a una pareja, un amigo, un compañero pero un hijo no sustituye a otro, cada uno es distinto»
Una mañana de 2014 los voluntarios de 40 días por la vida se levantaron con una buena noticia: el abortorio de Texas se había cerrado. Ahora el edificio es la sede de 40 days for life.
Sin la ayuda de los rescatistas, movimientos como en el que participa Nayeli no serían posibles. Marta Velarde, fundadora de la Fundación Más futuro, una asociación de rescatadores sin ánimo de lucro que se dedican a salvar la vida de los más pequeños: «En el mundo pues cambiar a una pareja, un amigo, un compañero pero un hijo no sustituye a otro, cada hijo es distinto». Hace unos años decidió montar una escuela de rescates de la que, a día de hoy, está orgullosa.
«Tuvimos un caso en Barcelona donde una italiana empresaria quería abortar con 21 semanas. En Roma no se lo admitieron, por lo que tuvo que venir a España. Cuando estaba entrando en el centro abortista unos rescatistas empezaron a hablar con ella, yo, personalmente, me pasé la noche con ella. A la mañana siguiente cuando se despertó me dijo 'Marta, tengo que volver a la clínica', ahí pensé que habíamos fallado, pero sus siguientes palabras me sorprendieron más 'voy a que me devuelvan el dinero'», contaba Marta.
«Lo que no puede controlar el Gobierno es la conciencia de las personas»
Operan en varios abortorios españoles, todos ellos vigilados por la policía: «Hay gente que nos ataca y nos amenaza con meternos en la cárcel, pero no van a poder con nosotros porque cuando se cuenta la verdad no hay vuelta atrás». A la semana en Madrid hacen aproximadamente nueve rescates: «Los realizamos con todas las dificultades. Hace tres años estos datos se habrían triplicado, pero la policía esta todo el día allí y las chicas se asustan», comenta la fundadora.
Ley del aborto
«Con la excusa de que las menores de edad pudiesen abortar te cuelan la objeción de conciencia, pero no es así. Lo que no puede controlar el Gobierno es la conciencia de las personas», exponía Nayeli . Dando valor a sus declaraciones, Marta comentaba que «hay muchos políticos que trabajan en centros de abortos. Vemos mucha gente y tenemos quien nos cuente esto. Un día vimos como la Policía Nacional bloqueaba las puertas de un abortorio de Madrid porque entraban políticas» concluía.
Nayeli, muy enfadada debido a la reforma que Irene Montero quiere implantar, argumenta que «es un manera de adoctrinar. Una de las cosas que quieren empezar a hacer es enseñar el aborto en las universidades como una disciplina más. En la que un médico puede dedicarse sin más. Es una propuesta muy retorcida».
Por otra parte, Marta explicaba una situación que le «marcó». Un día estaba en las inmediaciones de un centro de abortos cuando escuchó unos gritos «vi a una niña joven agarrada a un árbol gritando porque no quería abortar y sus padres la obligaron».
Gracias a estas asociaciones mujeres como Claudia, Beti, Mariana y Ornella van a poder experimentar toda la vida el amor de una madre hacia un hijo.
Claudia y Alejandra
Una amiga invitó a Claudia Gavilán a rezar con la fundación 40 Días por la Vida frente a un abortorio. En ese momento, estaba embarazada de días y ella misma dudaba qué hacer. Nadie sabía que esperaba un bebé, y nadie se enteraría si decidía no tenerlo. «No sabía ni cómo contárselo a mi marido, pero al final le dije: las gemelas ya nos tambalean, no podemos tener otro niño. Prefiero irme debajo de un puente, antes que matar a mi hijo. La conversación sobre el aborto se acabó ahí».
Fue esa misma amiga la que puso en contacto a Claudia con una rescatadora, que la acompañó durante todo su embarazo y quien fue la que le «abrió los ojos» con respecto al aborto. «Ella me contó todas las consecuencias que traería consigo tanto para mí como para mi familia: la herida de perder un hijo voluntariamente, el remordimiento, el miedo, la depresión… Los matrimonios salen destrozados. Ella me hizo ver la luz al final del túnel. Los rescatadores te sacan del hoyo en el que te encuentras».
Hoy Claudia tiene 36 años, y su hija Alejandra, cinco meses. «No sé qué habría sido de mi si hubiese abortado a esta niña, es que la miro y me emociono», cuenta esta madre. Admite también que, aunque viven los cinco –su marido y ella, las gemelas y la pequeña Alejandra– en una casa muy pequeña, no les falta de nada. «Me llegan ayudas de la fundación provida de pañales, de champús, de potitos…».
Beti e Ignacio
Una semana antes de hacer selectividad, Beti Cid se enteró de que estaba esperando un hijo. Le dolía la barriga y tenía un retraso en el periodo, por lo que decidió hacerse una prueba de embarazo. Su novio, Carlos, le dijo que esperase después a los exámenes para no darle demasiadas vueltas. Pero quiso salir de dudas cuanto antes: el test dio positivo.
Cuando se lo contó a Carlos, se puso a llorar y ella no podía parar de reír. Era risa nerviosa. ¿Qué reacción se espera cuando, a los 18 años, se les cayó el mundo encima, cuando vieron todo negro? «Carlos, no pasa nada, el Señor está con nosotros. Vamos a tirar para adelante», le dijo Beti. En ningún momento se plantearon el aborto como una solución a lo que les estaba pasando. «Una vida es una bendición y un milagro. Mis valores me dictaban que tenía que seguir hacia adelante. El niño no tenía culpa de nada, y no tenía por qué matarlo cuando había sido un error mío», cuenta Beti. «No me lo habría podido perdonar».
Beti Cid en el Bautizo de su hijo Ignacio
Beti y Carlos viven en Badajoz, y como en toda ciudad pequeña, el rumor comenzó a correr rápido. Se vieron obligados a contárselo a sus padres. Entre lágrimas, Beti le contó a su madre que estaba esperando un hijo. Su reacción fue darle un abrazo y decirle: «no llores, va a ser el niño mejor cuidado del mundo». Desde ese momento se convirtió en su mayor apoyo. Su padre las encontró abrazadas en el salón, y al contárselo se llevó las manos a la cabeza, cerró muy fuerte los ojos y dijo «bueno, que ya está, que va a ser el niño mejor cuidado. Venga, ya quiero ver todo sonrisas en esta casa».
Después de dar a luz, Beti estuvo cinco días en la UCI, y en total estuvo un mes ingresada en el hospital. Ignacio nació por cesárea al séptimo mes de embarazo. El próximo diciembre cumplirá un año. «Doy gracias a Dios por la familia que hemos montado. Una vida es un milagro, y he sido una afortunada de poder tener a mi hijo».
Mariana y Pedro Santiago
Cuando Mariana Barreto, que tenía 25 años en ese momento, le conto a su pareja de entonces, ahora expareja, que esperaba un hijo, él le dijo que abortara. «Yo quería tenerlo, pero él era mi único apoyo. Por eso accedí a lo que me propuso». Mariana y un amigo acudieron a la clínica abortiva El Bosque, en Madrid. «Me sentía muy mal. Pero en ese momento aparecieron dos personas, Esther y Santiago, dos rescatadores, a preguntarme qué necesitaba para tener a mi hijo. Me dijeron lo que yo necesitaba escuchar: estamos aquí para ayudarte, no vas a estar sola. En ese momento me puse a llorar y me subí al coche. Me dieron un número de teléfono para ponerme en contacto con la Asociación Más futuro».
Gracias a la Asociación Rescatadores-Juan Pablo y la Fundación Más Futuro, a su acompañamiento y a las ayudas que Mariana recibió, fue capaz de continuar con su embarazo. Pedro Santiago tiene ahora seis meses. Esther y Santiago, que encontraron a Mariana en los alrededores de la clínica abortista a la que acudió, son los padrinos de bautismo del niño.
«El aborto es un acto egoísta», afirma Mariana. «Muchas mujeres toman esa decisión porque no tienen el apoyo suficiente y es la única opción que te dan. En ese momento, para mí también era la única solución posible, pero Santiago y Esther me abrieron los ojos, me ofrecieron su ayuda, y gracias a eso pude salir adelante. Siempre hay opción a la vida».
Ornella y Martín
A los tres meses y medio, Ornella Fernández se enteró de que estaba embarazada. En ese momento tenía 21 años. No notó nada raro hasta pasado tanto tiempo porque confundió varios sangrados que tuvo con su periodo, algo que ella misma define como «confuso». Al tercer mes acudió al hospital para confirmar lo que un test había anunciado. «Ver a mi hijo en el ecógrafo, escuchar su corazón, fue lo que más me impactó. En ese momento decidí que iba a ser madre».
Sus padres apoyaron la decisión, que fue sin embargo cuestionada por terceras personas de su entorno. «Me decían: ¿cómo vas a ser madre?, tienes que continuar con tu vida, tus estudios, es tu futuro. Ya tendrás tiempo para tener hijos. Yo siempre les contestaba que sentía que mi hijo tenía que nacer».
Ornella Fernández con su hijo Martín
Para contentar a esas personas que la coaccionaban a replantearse otra `solución´ a su embarazo, Ornella fue a visitar una clínica abortista. «Fue una experiencia muy mala. Lo primero que noté nada más entrar fue el ambiente negativo y frío que había, me sentía juzgada por todo el mundo. Incluso la luz era siniestra», explica Ornella. Allí le dijeron la semana de gestación en la que estaba, 14 semanas, pero ella misma cuenta que «nunca te dejan escuchar ni ver a tu hijo. Cuando lo ves es cuando eres consciente de lo que llevas dentro de ti. Es muy injusto que te digan que no puedes ver a tu hijo. Solo ves un número». Allí le dijeron también que, aunque su caso se encontraba en los límites para abortar, perfectamente podría haberlo hecho hasta las 20 semanas, el quinto mes de embarazo.
«Mi responsabilidad era tener a mi hijo, encargarme de darle una educación, porque también es verdad que mis circunstancias y mi vida me daban la oportunidad de hacerlo. Tomé la decisión de corazón y a día de hoy sigo pensando que fue la mejor decisión que pude tomar. Si volviera al pasado volvería a hacer lo mismo». Ornella tiene hoy 24 y Martín cumple dos esta próxima semana.