Cuando el patrimonio tiene forma de palabra: el Deportivo y la desaparición de La Coruña
A menudo se intenta justificar su eliminación presentándolas como simples exónimos, pero esa argumentación es errónea
Hace años lancé una campaña en Hablamos Español, que bautizamos con la etiqueta #AdoptaUnTopónimo.
La idea surgió al comprobar cómo palabras que habían acompañado a los hispanohablantes durante siglos iban desapareciendo poco a poco del uso público. No porque la gente hubiera dejado de utilizarlas espontáneamente, ni porque fueran incorrectas, ni tampoco porque hubieran perdido su valor histórico. Desaparecían porque las administraciones habían decidido que debían desaparecer.
Por eso es necesario «adoptarlas», mantenerlas vivas en el uso, porque solo así podremos conservar su plena vigencia y su reconocimiento académico. Ese es uno de los objetivos de Alianza por el Español, la nueva rama cultural de Hablamos Español.
La Coruña, Orense, Gerona, Lérida o Vizcaya, son palabras plenamente correctas en español, reconocidas por la Real Academia Española en el Diccionario panhispánico de dudas, y que forman parte de nuestra literatura, nuestros mapas, nuestra historia y la memoria de millones de ciudadanos.
A menudo se intenta justificar su eliminación presentándolas como simples exónimos, pero esa argumentación es errónea. Un exónimo es el nombre que una lengua utiliza para designar lugares situados fuera de su ámbito lingüístico. Londres, Múnich o Nueva York son exónimos españoles. La Coruña, Orense o Vizcaya no lo son. Son formas históricas españolas de lugares situados en España, en territorios donde el español también es lengua oficial.
Y aquí aparece una anomalía que no tiene equivalente en otros países. En cualquier territorio con varias lenguas oficiales o históricas se respetan las denominaciones correspondientes a todas ellas. Lo normal es proteger el patrimonio lingüístico. Lo extraordinario es considerar que la protección de una lengua exige la desaparición de las palabras pertenecientes a otra.
Por eso me ha llamado la atención la consulta abierta por el Real Club Deportivo de La Coruña, un club centenario cuyo nombre forma parte de la historia sentimental de Galicia y de la memoria colectiva de tantos españoles. Ese nombre ha viajado por Europa y figura en periódicos, libros, fotografías y recuerdos familiares de varias generaciones. Y, sin embargo, ahora se plantea sustituirlo.
No pasa nada, nos dicen.
Es una adaptación.
Una actualización.
Una cuestión administrativa.
Cuando se trata de un monasterio, de una iglesia románica o de un edificio histórico, nadie habla de adaptaciones. Nadie propone modificarlo para adecuarlo a los gustos actuales, ni sugiere sustituir una fachada centenaria porque la nueva versión resulta más acorde con las sensibilidades contemporáneas.
Con las palabras ocurre algo distinto. Parecen patrimonio solo cuando conviene.
Llevamos años oyendo que determinadas denominaciones deben protegerse porque son historia, tradición, cultura y memoria colectiva.
Y tienen razón. Claro que lo son. Lo que nunca explican es por qué ese principio deja de ser válido cuando la palabra pertenece a nuestra lengua común.
La Coruña también es historia.
Orense también es historia.
Gerona también es historia.
Vizcaya también es historia.
Y el Real Club Deportivo de La Coruña también lo es.
La contradicción resulta especialmente evidente en la consulta planteada a los socios del club. Se les pregunta si desean adoptar oficialmente las denominaciones «Real Club Deportivo de A Coruña» en español y «Real Club Deportivo da Coruña» en gallego.
La formulación merece atención. Se presenta como una propuesta bilingüe, pero el topónimo ya no aparece en español, porque en español el nombre tradicional de la ciudad sigue siendo La Coruña.
La diferencia entre una lengua y otra no está en la preposición.
No está en el «de» o en el «da».
Está en el nombre de la ciudad.
Y ese nombre desaparece.
La Coruña, Orense, Gerona, Lérida, Vizcaya y tantas otras formas históricas asentadas en el uso del español no son errores. No son vulgarismos. No son invenciones recientes, aunque durante años se haya transmitido a muchos jóvenes la idea de que lo son.
Son formas españolas correctas.
Históricas.
Documentadas.
Vivas.
La primera vez que el topónimo coruñés figura acompañado de artículo, este adopta la forma española: La Crunna. Se trata de un documento oficial de 1255 llamado Privilegio de la sal. Desde 1515 ya se documenta La Coruña de forma regular, con la misma forma que ha llegado hasta nuestros días.
Y aquí surge otra pregunta incómoda. Si una lengua oficial merece ser conservada, ¿por qué no merecen ser conservados los nombres propios que en esa lengua se utilizan correctamente?
Porque esa es la cuestión.
Nadie propone eliminar A Coruña.
Nadie pretende prohibir Girona.
Nadie discute Bizkaia.
Lo que algunos defendemos es sencillo: que puedan coexistir con La Coruña, Gerona o Vizcaya. Porque conservar el patrimonio no consiste en sustituir unas palabras por otras. Consiste en preservar todas aquellas que cuentan nuestra historia.
El asunto del Deportivo no trata sobre fútbol.
Al final, ni siquiera trata sobre toponimia.
Trata sobre memoria.
Porque las palabras también son patrimonio.
Y una sociedad que protege cuidadosamente sus piedras, sus archivos y sus monumentos, pero considera prescindibles las palabras heredadas, corre el riesgo de olvidar que la historia no sólo se conserva en los museos.
También se conserva en el lenguaje. Quizá por eso algunos se empeñan tanto en hacer desaparecer determinadas palabras. Porque saben que los nombres no son simples etiquetas.
Son documentos vivos.
Dan fe de una realidad que algunos preferirían hacer invisible: que el español no es una lengua ajena a esos territorios, sino propia de ellos, presente en su vida, en su historia, en sus mapas y en sus documentos.
Y las realidades históricas tienen la incómoda costumbre de dejar huellas, de seguir ahí cuando los relatos cambian.
- Gloria Lago es presidenta de Hablamos Español y coautora de 'El robo de los nombres de nuestros pueblos. La sinrazón de la toponimia en España'