Un lince en el Cortijo Gato Clavo
La genética, clave en la recuperación del lince ibérico
Los datos han permitido a los investigadores rastrear el pasado del lince hasta hace 43.000 años, detectando fósiles en zonas como el sur de Francia y el norte de Italia, donde coexistía con el lince euroasiático
El notable resurgir del lince ibérico en la Península ha sido posible gracias a dos décadas de investigación genética y esfuerzos coordinados de conservación, que han logrado revertir el dramático declive de la especie, pasando de menos de un centenar de ejemplares en 2002 a más de 2.000 en la actualidad. Este éxito ha permitido que el emblemático felino deje de estar catalogado como especie «en peligro crítico» y pase a la categoría de «vulnerable».
Según informa la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), el estudio del ADN del lince ibérico ha sido una herramienta esencial a lo largo de estos años, permitiendo reconstruir su historia evolutiva, diagnosticar los efectos de la pérdida de diversidad genética y guiar las decisiones clave en los programas de cría y reintroducción.
«Se ha trabajado para reducir la consanguinidad en las poblaciones cautivas y reintroducidas, para maximizar la diversidad genética y la viabilidad de la especie», destaca José Antonio Godoy, investigador de la EBD-CSIC y coautor del estudio publicado recientemente en Molecular Ecology.
Los datos genéticos han permitido a los investigadores rastrear el pasado del lince hasta hace 43.000 años, detectando fósiles y restos en zonas como el sur de Francia y el norte de Italia, donde coexistía con el lince euroasiático. Aunque ambas especies se separaron hace milenios, análisis recientes han revelado que hubo flujo genético entre ellas, lo que ha enmascarado en parte su divergencia evolutiva.
Durante el Holoceno, la especie se mantuvo con una distribución relativamente amplia en la Península Ibérica. Sin embargo, a partir del siglo XVI empezó a fragmentarse. Para finales del siglo XX, el retroceso era alarmante: la distribución del lince ibérico se había reducido entre un 45 % y un 81 %, con apenas 1.100 individuos estimados. En 2002, el colapso fue total, con dos únicas poblaciones aisladas —en Doñana y Andújar-Cardeña— de menos de 50 ejemplares cada una.
Ciencia y conservación unidas
Ese año marcó el inicio de una estrategia de conservación sin precedentes en Europa, apoyada en programas LIFE de la Unión Europea. La genética jugó un papel determinante en la selección de individuos para reproducción, evitando cruces entre parientes y minimizando el riesgo de transmitir enfermedades hereditarias.
Un ejemplo claro fue el caso de la epilepsia juvenil idiopática, que afectó a 20 de los 121 cachorros nacidos en cautividad entre 2005 y 2012. Gracias a los estudios genómicos realizados por el equipo de la EBD-CSIC, se logró erradicar esta patología de los programas de cría. «Detectar las regiones del genoma asociadas a estas patologías nos permitirá aplicar medidas más eficientes para reducir su incidencia», subraya Lucía Mayor, investigadora predoctoral de la institución.
Otro hito fue superar el brote de leucemia felina que, en 2007, casi diezmó la población masculina del núcleo de Doñana justo en época de reproducción. Sin embargo, en 2022, esa misma población superaba ya el centenar de ejemplares, lo que la investigadora Laia Pérez Sorribes califica como «un claro ejemplo de rescate genético».
Retos del futuro
Aunque la recuperación del lince ibérico es motivo de esperanza, los científicos insisten en que el trabajo está lejos de concluir. El proyecto europeo LynxConnect, en marcha actualmente, busca establecer una metapoblación dinámica en la Península, fomentando el flujo genético y la movilidad natural entre núcleos reintroducidos, con el fin de reforzar la adaptabilidad y resiliencia de la especie.
«Para asegurar la viabilidad a largo plazo, la población debería ser al menos tres veces mayor que la de 2023», advierte José Antonio Godoy. Así, la genética seguirá siendo un pilar estratégico para garantizar que el lince ibérico, emblema de la fauna ibérica, consolide su regreso definitivo al paisaje mediterráneo.