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¿Estamos preparados para ser identificados en la calle? Así funcionan las gafas que reconocen rostros en tiempo real

Una coalición internacional liderada por la ACLU presiona a Meta para frenar sus gafas con reconocimiento facial y alerta de riesgos para la privacidad, el acoso y la democracia

La expansión de la inteligencia artificial vuelve a situar a Meta en el centro de la polémica. Una coalición formada por 75 organizaciones, encabezada por la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU), ha exigido a la compañía que abandone sus planes de incorporar tecnología de reconocimiento facial en sus gafas inteligentes, al considerar que supone «una amenaza inaceptable» para la privacidad y las libertades civiles.

La presión llega en un momento importante para la compañía de Mark Zuckerberg, que busca consolidar su apuesta por la computación espacial y los dispositivos portables como una de las grandes plataformas del futuro. Las gafas desarrolladas junto a marcas como Ray-Ban y Oakley representan uno de los pilares de esa estrategia.

Identificación

Sin embargo, la posible integración del reconocimiento facial ha encendido todas las alarmas. En una carta dirigida a Meta, las organizaciones firmantes advierten de que esta tecnología permitiría a cualquier usuario identificar por su nombre a desconocidos en tiempo real, simplemente al cruzarse con ellos en la calle, en comercios o incluso en espacios sensibles como clínicas médicas o manifestaciones.

La información obtenida podría vincularse con bases de datos externas que contienen datos personales sensibles

El riesgo, subrayan, no se limita a la identificación inmediata. La información obtenida podría vincularse con bases de datos externas que contienen datos personales sensibles, como historial laboral, hábitos de consumo, estado de salud o relaciones sociales. Esto abriría la puerta a un nivel de vigilancia sin precedentes en entornos cotidianos.

Las organizaciones alertan especialmente del impacto que esta tecnología podría tener sobre colectivos vulnerables. Entre ellos, mencionan a personas de color, mujeres, menores, inmigrantes, minorías religiosas y miembros de la comunidad LGTB, que históricamente han sido objeto de vigilancia desproporcionada o discriminación tecnológica.

Además, el documento advierte de posibles usos malintencionados en ámbitos profesionales e institucionales. Las gafas podrían emplearse para identificar y acosar a ejecutivos, empleados públicos o cualquier persona con visibilidad pública.

Invasivo y poco ético

Cody Venzke, abogado principal del Proyecto de Discurso, Privacidad y Tecnología de la ACLU, ha calificado el plan de Meta como «intrínsecamente invasivo y poco ético». En su opinión, integrar reconocimiento facial en un dispositivo de consumo cotidiano multiplicaría los riesgos para individuos y familias, pero también para el funcionamiento de la democracia.

Integrar esta tecnología en unas gafas de consumo aumentaría drásticamente el riesgo de perjuicio para los individuosCody VenzkeAbogado del Proyecto de Discurso, Privacidad y Tecnología de la ACLU

«Integrar esta tecnología en unas gafas de consumo aumentaría drásticamente el riesgo de perjuicio para los individuos, las familias y nuestra propia democracia», señaló en un comunicado.

En la misma línea, Kade Crockford, directora de programas de tecnología y justicia de la ACLU de Massachusetts, advirtió de que la tecnología podría convertirse en una herramienta ideal para acosadores y estafadores. «Harían su agosto», aseguró, al tiempo que alertó de que incluso agencias gubernamentales podrían utilizar estos sistemas para vigilar o intimidar a críticos.

Reconocimiento facial

El conflicto provoca la duda de hasta qué punto deben limitarse tecnologías como el reconocimiento facial. Mientras algunas ciudades y estados en Estados Unidos han aprobado restricciones o prohibiciones parciales, el uso de esta tecnología sigue expandiéndose en ámbitos como la seguridad, el comercio o los servicios digitales.

En Europa, la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea establece límites más estrictos al uso del reconocimiento biométrico, especialmente en espacios públicos, aunque deja margen para determinadas aplicaciones bajo supervisión.

Oakley Meta HSTN

Oakley Meta HSTN

Meta, por su parte, ya ha tenido que recular en iniciativas relacionadas con el reconocimiento facial. En 2021, la compañía anunció el cierre de su sistema de etiquetado facial en Facebook tras años de críticas y presión regulatoria.

Google y Meta

El desarrollo de gafas inteligentes con capacidades avanzadas de IA se ha convertido en una de las grandes apuestas del sector tecnológico. Empresas como Apple, Google o la propia Meta compiten por liderar un mercado que promete transformar la forma en la que las personas interactúan con el entorno digital y físico.

La posibilidad de convertir cualquier interacción cotidiana en un acto de identificación automática redefine los límites de la privacidad en el espacio público y recuerda situaciones como las de China donde sus ciudadanos asumen este seguimiento por parte del propio Gobierno como algo normal.

La coalición liderada por la ACLU asegura que el riesgo es demasiado alto. Por ello, no solo pide a Meta que detenga sus planes, sino que los repudie públicamente. Un gesto que marcaría el rumbo ético de la compañía en una de las áreas más sensibles de la innovación digital.

Como siempre, la inteligencia artificial avanza más rápido que su regulación mientras el pulso entre las grandes tecnológicas y las organizaciones de derechos civiles se intensifica. El futuro de la privacidad se juega, cada vez más, en dispositivos tan habituales como unas gafas.

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