Un jabalí con una lata en una zona urbana

Un jabalí con una lata en una zona urbanaEuropa Press

Peste porcina africana

Los ganaderos gastan 200.000 euros en seguridad para sus granjas mientras los jabalíes aumentan un 550 %

Los productores de porcino culpan a la Administración de incumplir con su responsabilidad de controlar la fauna salvaje

El miedo, la impotencia y la ira dominan las explotaciones de porcino español, al borde del abismo ante el brote de peste porcina africana (PPA) detectado en dos jabalíes hallados muertos en Sardañola del Vallés (Barcelona).

El regreso de la enfermedad, erradicada en el país desde 1994, pone en peligro al sector ganadero más valioso de España, con unas ventas al exterior de 8.783 millones de euros en 2024.

La dolencia no se transmite a humanos ni afecta a la calidad de la carne de cerdo, pero su contagio de los jabalíes a los cerdos significaría –literalmente–la muerte de las granjas y la más que probable desaparición de la empresa ganadera afectada, con su consiguiente pérdida en el tejido económico de zonas donde el peso de cada habitante es mayor que en los entornos urbanos.

El temor a la peste porcina africana existe en los ganaderos de porcino españoles desde hace más de 30 años, aunque la preocupación ha crecido en los últimos tiempos. La PPA está presente en un total de 13 países del bloque europeo: Italia, Alemania, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Grecia, Rumanía, Bulgaria y Croacia; y ahora, según ha informado la Generalitat de Cataluña, se habría introducido en España con una probabilidad «alta» por un embutido contaminado ingerido por un jabalí.

La cifra de jabalíes con peste porcina junto al foco de Barcelona va en aumento; sin embargo, las 39 granjas localizadas en el radio de seguridad se mantienen limpias gracias al estricto cumplimiento de los estándares de seguridad. Los ganaderos sienten que han cumplido su parte del trato con importantes inversiones en bioseguridad que, según cálculos de COAG, van de 135.000 euros a 240.000 euros, y acusan al Estado de no trabajar en consecuencia, ya que el informe, según datos de la Fundación Artemisan, la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (Secem) y las federaciones de caza, la población de jabalíes en España pasó de 200.000 ejemplares en 1990 a más de 1.300.000 en 2024, es decir, un incremento del 550 %.

«Tenemos las granjas más bioseguras de Europa, verdaderas fortalezas sanitarias, pero pagamos la factura de un jabalí que se comió un bocadillo de embutido», lamenta Jaume Bernís, responsable de porcino de COAG, que incide en que los ganaderos han actuado con responsabilidad para proteger sus negocios y la Administración ha eludido el problema de la superpoblación de jabalíes durante décadas: «Esto no es un accidente, es una negligencia sistemática».

La organización detalla cuáles son los gastos asumidos por sus ganaderos en medidas de bioseguridad para una granja de porcino de entre 1.000 y 2.000 cerdas: Entre 80.000 y 150.000 euros en vallado perimetral de bioseguridad con doble valla y enterrado anti-jabalí; de 25.000 a 40.000 euros en vados sanitarios y arcos de desinfección; de 30.000 a 50.000 euros en vestuarios y duchas obligatorias para el personal; y más de 75.000 euros al año en costes operativos de bioseguridad (mantenimiento, productos, auditorías, formación).

«Estos son datos reales, no estimaciones. Cada ganadero que aguanta en el sector lo hace porque invirtió lo que cuesta un piso en Barcelona para tener una explotación a prueba de amenazas externas. ¿Qué hizo la Administración en estos 20 años para protegernos de esas amenazas? La respuesta es absolutamente nada», condena Bernís.

La investigación Evolución histórica de las especies de caza mayor en España, distribución, capturas y siniestralidad realizada por Artemisan apunta que las capturas de jabalí se han triplicado desde 2005, lo que «refleja el fuerte crecimiento poblacional de la especie en gran parte del territorio», provocado en parte por el aumento de superficie forestal y matorrales fruto del abandono del campo.

«La mayor frecuencia de jabalíes en zonas urbanas y periurbanas genera desafíos en la gestión y convivencia con el ser humano, debido al aumento de accidentes de tráfico, daños en zonas verdes y mayor contacto con los humanos, con el consiguiente riesgo por ataque o transmisión de enfermedades. Por último, a pesar de que la caza es una de las principales herramientas para el control poblacional, su alta tasa reproductiva hace que sus poblaciones sigan aumentando, generando dificultades en gestión», señala Artemisan, que invita a actuar para controlar en zonas urbanas donde la caza no es viable.

COAG subraya que en las zonas periurbanas de Barcelona se alcanzan densidades de hasta 15 jabalíes por km² . La media europea sostenible es de dos a cuatro ejemplares. «Eso significa que Cataluña multiplica por cuatro la densidad segura, y nadie hizo nada», recalca el responsable de porcino de la organización, que reclama un Plan Nacional de Gestión de Fauna Salvaje para los próximos cinco años que recoja una coordinación obligatoria entre todas las regiones, cupos mínimos de caza según densidad poblacional por zona y sanciones por incumplimiento de objetivos de control.

34 países han suspendido temporalmente las importaciones de porcino español. Entre los destinos que se han cerrado para los ganaderos nacionales destacan mercados especialmente valiosos como Japón, México, Malasia o Taiwán, aunque los productores españoles han salvado el canal con su principal cliente, China, protegido por un acuerdo que permite la regionalización; es decir únicamente se bloquean las ventas de las provincias en las que se den focos de PPA (Hasta ahora solo Barcelona). El potencial avance de la enfermedad empapa de incertidumbre al porcino español, con 2.600 millones de euros sujetos al incierto desarrollo de la temida peste porcina africana.

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