Limones en el árbol

Limones en el árbolEuropa Press

El campo pide que España imite a Francia y suspenda la entrada de frutas con sustancias prohibidas en la UE

Los agricultores exigen reciprocidad en los métodos de producción para los terceros países que accedan al mercado europeo

La presión ejercida desde el campo contra la ratificación final del acuerdo comercial de la Unión Europea (UE) con Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) sacude a los mandatarios europeos.

La concreción del trato, que hasta que los tractores invadieron la capital belga en una manifestación histórica se presuponía para el pasado 20 de diciembre, se resiste y el rechazo de los agrarios europeos hace mella.

Las dudas de Italia y Francia retrasaron la firma que tanto ansía la Comisión Europea, aunque todo apunta a que la UE y Mercosur sellarán su unión el próximo 12 de enero. Esto no saldrá gratis, ya que la beligerancia trasladada desde las explotaciones desgasta a la clase política del viejo continente, obligada a hacer concesiones en vista de su previsible visto bueno a la alianza con el bloque sudamericano.

Esta erosión es especialmente pronunciada en Francia, con un Gobierno que atraviesa una etapa de gran fragilidad y con un sector primario muy influyente. La debilidad del Ejecutivo y la fuerza de los agrarios ha provocado que Francia suspenda la importación de frutas producidas con sustancias prohibidas en la UE.

Esta decisión de Francia, que entra en vigor este 8 de enero y que impide la entrada en sus fronteras de frutas cultivadas con cinco fungicidas y herbicidas cuyo uso está prohibido en la UE, se extenderá por un período máximo de un año y, según reclaman los agricultores españoles, marca el camino a seguir por la institución europea.

«Que un país prohíba la entrada de alimentos producidos con materias activas prohibidas en la UE muestra al resto lo que tienen que hacer. No tiene sentido que una potencia agroalimentaria como España no siga la corriente iniciada por Francia», apunta en conversación con El Debate Carles Peris, secretario general de La Unió.

La reciprocidad destaca como una de las principales exigencias de los agricultores europeos, que claman porque los productos agroalimentarios de terceros países que entren en la UE estén sometidos a las mismas normas y restricciones que los comunitarios.

Las frutas que contengan mancozeb, glufosinato, tiofanato-metil o carbendazim, sustancias cuya aplicación en la UE está prohibida, no entrarán en Francia. Esta decisión rompe con la norma marcada por la Comisión, que admite un Límite Máximo de Residuos (LMR) de determinadas sustancias en los productos hortofrutícolas que entran en las fronteras comunitarias.

El mancozeb se utiliza para tratar aguacates, mangos, uvas de mesa, fresas, melones, lechugas y pimientos; tiofanato-metil (cítricos, manzanas, peras, membrillos, nísperos, cítricos, soja o avena); glufosinato (patatas); carbendazim; y benomyl (cítricos, manzanas, peras, nísperos, albaricoques, melocotones, uvas, mangos, papayas, tomates y algunos cereales.

«Francia abre la veda para que el resto de los Estados miembro empiecen a plantearse medidas similares y más drásticas de las que toma la Comisión Europea. Esta respuesta de Francia es positiva porque evidencia la desventaja con la que competimos los agricultores europeos», indica Peris, que ahonda en que el portazo francés a la fruta extracomunitaria pone en valor a los cultivos españoles: «Nuestros agricultores sí que cumplen con las condiciones de la UE. Francia es un mercado preferencial para España y esta es una gran noticia».

Asaja ha incidido en que la elección de Francia ejemplifica la creciente preocupación por la falta de reciprocidad de la que advierten con la firma del tratado con Mercosur. «No solo perjudica a agricultores y ganaderos europeos, sino también a los consumidores, al abrir la puerta a alimentos producidos con estándares de calidad, seguridad alimentaria y sostenibilidad inferiores a los exigidos en la UE», condena Asaja, que pide a la institución que proteja la producción europea, garantice alimentos seguros y de calidad y preserve el futuro del medio rural.

El país galo ya optó por una restricción similar en marzo de 2023, cuando suspendió la importación y comercialización de cerezas tratadas con fosmet –sustancia de aplicación prohibida en la UE en noviembre de 2022–. «La reciprocidad en los métodos de producción que tanto necesitamos se consigue con un paso más acelerado del que marca la Comisión Europea, como el que ha dado Francia», concluye Peris.

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